viernes, 17 de diciembre de 2010

EJECUCIÓN POR ENCARGO


A mis hermanos por todo su cariño y apoyo

Despierta y en su boca siente el amargo sabor de los excesos cometidos la noche anterior. Al darse la vuelta para intentar conciliar nuevamente el sueño, escucha la canción de Los Tigres del Norte que eligió para timbre de su celular.

Ha sonado el despertador, el rito de levantarse de la cama está por comenzar. Mientras logra abrir los ojos, hace un breve repaso sobre lo que será su día y la pesadez en sus ojos se hace aun mayor.

La voz rasposa le da las últimas instrucciones y le ordena salir de la cama para avivarse lo más pronto posible. Maldice a su suerte y se levanta pesadamente mientras contempla el desorden que ha dejado la “fiestecita” de ayer.

El tiempo apremia y después de ducharse, se dispone a desayunar café caliente acompañado con pan dulce. Enciende la radio para esconder un poco la soledad que lo acompaña al tiempo que hojea una revista en cuya portada, aparece la fotografía de un capo del narcotráfico abrazando amigablemente a un periodista.

Ya se ha vestido con el único pantalón limpio que ha encontrado y lo combina con la playera floreada que “el jefe” le obsequio. Se dirige al baño y por un momento duda en reconocerse al ver su rostro demacrado en el espejo.

El viento sopla con fuerza inusual. Para su mala fortuna, recuerda que tendrá que trabajar horas extras y seguramente por la noche el frío será más fuerte. Llega a la parada del autobús y se sienta en el lugar que ha quedado libre.

El aire le remueve con insistencia el cabello y no deja de sentirse incomodo al tener que utilizar sus dedos como peine improvisado. Debido a que la resaca le empieza a provocar nauseas y la cabeza no deja de torturarlo con un dolor punzante, sólo piensa en terminar rápido el trabajo encomendado y regresar a casa para recuperar las horas de sueño perdido.

La impaciencia por la tardanza del transporte, se ha incrementado debido al insistente movimiento de cabeza que realiza el tipo de corbata que se encuentra a su lado. Desde hace algunos minutos, le ha llamado poderosamente la atención el calzado del susodicho, pues porta un par de botas que al parecer, son de piel de víbora y que seguramente deben costar una fortuna.

La caseta donde se encuentra la parada del autobús, simula ser más pequeña debido a la aglomeración de gente que ahí se encuentra. Se pueden distinguir estudiantes con uniforme de secundaria, amas de casa con recipientes de plástico que esperan ser llenados con leche, obreros que se dirigen a las fábricas y el tipo de las botas de víbora.

Escucha un estruendo que le resulta familiar. Mueve un poco la cabeza para distinguir de donde viene el sonido y sólo distingue una camisa estampada con flores. Escucha tres más. Un líquido espeso le moja el rostro. ¡Son balas! Le grita su cerebro. Voltea a su lado y observa al hombre de las botas exóticas tirado en el piso con el cráneo desecho.

Ha comenzado a disparar. La encomienda, es eliminar al “botudo” sin importar a quien te lleves entre las patas le ha dicho “el jefe” esa misma mañana. La quinta bala atraviesa la cabeza de su víctima. A un costado, un joven que probablemente tenga su misma edad, se encuentra petrificado, con el rostro humedecido de sangre mirando el cuerpo inerte del “botudo”.

Ha despertado nuevamente aturdido, vuelve a sonar el timbre del celular y se escucha la voz rasposa. Enciende el televisor en el momento justo en el que se da la noticia de la ejecución del narcomenudista apodado “el botudo”, así como de un joven obrero que se encontraba sentado al lado del delincuente en una parada de autobús.

Se ha vuelto a poner la camisa floreada y sale a la calle a cumplir con otro encargo. Mientras camina en su cabeza retumba la frase, sin importar a quien te lleves entre las patas.

Hasta la próxima.

Autor: Rubén Salazar
rubsalazare@gmail.com
Twitter: @Ruben_Salazar