Políticos, académicos, intelectuales y uno que otro colado alzan la
voz promoviendo una consulta ciudadana para hacer valer, según ellos, la
opinión de la sociedad sobre la reforma energética aprobada recientemente en el
congreso.
Lo que no contemplan dichos organizadores son principalmente 2 cosas.
La primera es que gran parte de los ciudadanos no poseemos la
suficiente información al respecto. Todo el conocimiento que tenemos del tema
está basado en opiniones ideológicas que se han encargado de recetarnos los
convocantes.
Que si nos va a beneficiar en el bolsillo, que si el petróleo ya no es
nuestro, que si unos son patriotas, que si los otros son traidores a México, en
fin, solo palabrería de ocasión.
La segunda es aún más fácil de describir. El mexicano de a pie, ese
que no tiene lazos con el poder, no está interesado en la reforma energética
porque tiene 100 cosas más importantes en que pensar.
Ese mexicano al que los “patriotas” quieren endilgarle la chamba que
les corresponde, está más preocupado en conseguir trabajo, en ganar lo
necesario para sobrevivir y en evitar ser víctimas de la violencia que se vive
en el país.
Sería recomendable que aquellos a los que se les ha ocurrido la idea
de armar la consulta, que dicho sea de paso costará un dineral, volteen hacia
abajo.
Que sí, que el petróleo “ha sido nuestro” pero que no nos ha dejado
nada de lo cual sentirnos dichosos. Que desde sus autos blindados rodeados de
guaruras observen el caos violento en el que muchas zonas del país están
sumidas. Que conciban el hambre, la pobreza y el desamparo que padecen millones
de familias. Que por una vez en su vida trabajen en serio para atacar todos
esos problemas y dejen de lado la mezquindad que por años ha caracterizado al
sistema político de nuestro país.
Y es que mientras no hagan todo ello, no podrán entender que a una
gran cantidad de mexicanos su consulta simple y sencillamente nos viene
valiendo madres.
Autor: Rubén Salazar Espino
rubsalazare@gmail.com
Twitter: @Ruben_Salazar

