Muy distantes quedaron los tiempos en los que la figura presidencial era un tipo de tótem sagrado.
El encuentro del presidente Felipe Calderón con el escritor Javier Sicilia, rebasó por mucho las expectativas que se tenían del mismo. Y es que la transparencia, el respeto y la sinceridad con la que se condujeron los participantes, han dado como resultado una nueva forma de entender y practicar las relaciones gobierno-sociedad.
Ha quedado demostrada la disponibilidad por parte del poder ejecutivo al debatir y explicar sus acciones. Pero sobre todo, la apertura para escuchar las ideas y propuestas por parte de la sociedad.
Por su parte, el movimiento social que encabeza Sicilia, logró (muy a pesar de los grupos radicales) colocar sobre la mesa, la necesidad de alcanzar objetivos comunes en materia de seguridad y atención a las victimas de la violencia generada por el crimen organizado.
Pero, a partir del diálogo ¿qué pedirle a las partes involucradas?
Considero que lo primordial es el cumplimiento de los acuerdos. Para que la vela encendida en el alcázar del castillo de Chapultepec no se apague, se requiere dar seguimiento puntual y transparente a los compromisos hasta consolidarlos.
Adicionalmente, la autocritica debe ser dura y honesta. El presidente Calderón debe (estoy seguro que ya lo hizo) evaluar a fondo la actuación de sus colaboradores en lo que a interlocución con la sociedad se refiere. La sensibilidad de muchos funcionarios públicos para con los problemas que aquejan al ciudadano, es casi nula. Seguimos escuchando datos y cifras que no le dicen nada a quienes han sido dañados por la delincuencia.
Así mismo, la continuidad de la disposición a escuchar al ciudadano me parece inevitable. Aun cuando la gran mayoría podemos coincidir en lo sustancial, no todos pensamos como Sicilia, no todos queremos al ejército fuera de las calles, no todos queremos que claudique en la lucha a favor de un país sin violencia. Para ello, es necesario abrir las puertas a todos aquellos que tienen algo que decir, algo que aportar y hasta algo que reclamar. El primer paso para un gran diálogo nacional ya se dio, ahora sólo falta incluir al grueso de la sociedad.
De igual forma, el movimiento que encabeza Sicilia, tiene la obligación de replantear hacia donde va y con quien lo hace. No es un secreto que algunas organizaciones radicales han venido aprovechándose de la protesta legítima. Estos grupos han visto con malos ojos la actitud respetuosa con la que el escritor expresó sus argumentos ante el presidente. Es vital que el movimiento social se mantenga a salvo de asociaciones de corte violento, pues de no hacerlo, se corre el riesgo de perder el rumbo.
Además de lo anterior y al igual que el jefe del ejecutivo, debe persistir el ánimo congruente con el que se llegó a Chapultepec. El peor error sería que por intereses de índole política, se cerrase la oportunidad de continuar con la discusión de ideas.
No cabe duda que falta mucho por decir y aun más por hacer. Sin embargo, el reencuentro de la sociedad con su gobierno, ha logrado que regrese la esperanza de un México mejor.
Hasta la próxima.
Autor: Rubén Salazar
rubsalazare@gmail.com
Twitter: @Ruben_Salazar
Después de encabezar la llamada “caravana del consuelo por la paz y la justicia”, el escritor Javier Sicilia se reunirá en los próximos días con el presidente Felipe Calderón. Pero, ¿qué podemos esperar de este encuentro? Sin duda que las expectativas debieran ser altas y optimistas ya que la apertura por parte del ejecutivo para realizar el diálogo por venir, fue expresada desde el primer momento en que inició la marcha de “la caravana”. Aunado a lo anterior, los dirigentes del movimiento han repetido una y otra vez su intención de plantear propuestas, para el mejoramiento de la estrategia en la lucha en contra el crimen organizado.
Desgraciadamente, en la realidad no visualizo grandes acuerdos o espectaculares consecuencias. Y es que la intolerancia mostrada por parte de grupos radicales que se unieron al movimiento de Sicilia, así como los puntos que conforman el llamado “pacto nacional” firmado por los mismos en Ciudad Juárez, han provocado desencanto en amplios sectores sociales que en un principio vieron con buenos ojos la protesta que se llevaba a cabo.
Dichos sectores, no percibieron que sus demandas de seguridad y justicia se reflejaran en los discursos y actitudes finales de los integrantes de “la caravana”, por lo que una vez más quedaran sin representatividad en las pláticas por venir.
Me pregunto, ¿Dónde quedó la exigencia de las madres que perdieron a sus hijos a manos de sicarios? ¿Dónde está el apoyo para las familias de los desaparecidos? ¿Dónde encontrar una voz que exprese el dolor, el miedo y los reclamos de justicia de miles de mexicanos? Definitivamente no están en las pancartas que exigen la salida del ejército de la calles, ni tampoco en las mantas que piden juicios políticos y mucho menos en los gritos de “¡muera el mal gobierno!”
Por supuesto que se requieren encuentros y foros de discusión, pues urge llegar a acuerdos. Lo importante es incluir en ellos a los que quieren aportar y no destruir.
Si hay algo que en verdad no se le puede reprochar al gobierno federal, es la apertura al diálogo, a escuchar y ser escuchado, a recibir propuestas y plantear las propias de manera transparente. Infortunadamente, esta voluntad manifiesta no ha sido aprovechada por quienes enarbolan la bandera de la sociedad. Y dudo mucho que en esta ocasión las cosas sean diferentes.
Aunque sinceramente, espero estar equivocado.
Autor: Rubén Salazar
rubsalazare@gmail.com
Twitter: @Ruben_Salazar
A mí hijo, por sus hermosos 12 años.Durante los años de régimen priísta, el país se desgajó en gran parte por la simulación con la que actuaron aquellos que cínicamente formaron mafias de poder. Las formas de hacer política tenían como base, la corrupción, el compadrazgo, la censura y la mentira. El discurso populista y demagógico, así como la sobreexplotación del caudillismo revolucionario sellaban a los representantes sindicales, campesinos y culminaban en la figura presidencial en turno.
A raíz de la caída electoral del Partido Revolucionario Institucional (PRI) en el año 2000, surgió en la sociedad el deseo de sepultar para siempre el modelo arcaico y déspota del partido hegemónico. Así mismo, con la esperanza de una regeneración en las formas políticas y de aquellos que las practican, los ciudadanos recibimos con ánimo la conquista de la democracia anhelada.
Si bien es cierto que a partir del año 2000 se consiguieron beneficios importantes en libertad de expresión, transparencia, derechos humanos y democráticos, el cambio de actitud y sustancia en el discurso político no se dio como se esperaba.
Contrariamente a las expectativas ciudadanas, los políticos de la generación post-priísta emularon sin empacho a la vieja guardia. La falta de capacidad o tal vez el arraigo en la “cultura” política creada por el PRI, continúa siendo la esencia con la que muchos de los actuales gobernantes se manejan.
Hoy en día, se sigue escuchando la oratoria demagógica y populista, seguimos presenciando la frivolidad y prepotencia de aquellos que se ostentan como “representantes del pueblo”, continuamos siendo testigos de la falta de compromisos y ya ni que decir de la mezquindad para con el pueblo que los eligió.
Sin duda, la sociedad mexicana ha avanzado mucho más aprisa que la “clase política”. Ya no es el ente mecanizado del siglo pasado, se ha modernizado y movilizado. El ciudadano promedio ya no es el de la fe a ciegas ni el acarreado de la torta y el refresco. Pero eso, pareciera no saberlo o de plano no importarle al “circulo rojo” de este país.
Falta poco más de un año para que elijamos a quien será presidente durante seis años y al voltear hacia quienes desde ahora han hecho público su interés por participar, encontramos que la gran mayoría están cortados por la misma tijera. La arcaica tijera priísta.
Hasta la próxima…
Autor: Rubén Salazar
rubsalazare@gmail.com
Twitter: @Ruben_Salazar