Autor: Rubén Salazar Espino
La vida pública en México está
llena de contradicciones, y nuestros políticos, con sus paradojas, son parte
fundamental para que el país sea un enredo de falsedades y verdades a medias.
Para sustentar lo anterior, comparto
solo algunos ejemplos en el contexto de la problemática de inseguridad que
padecemos:
1- Al
iniciar su mandato, Felipe Calderón, decidió que para combatir a los grupos
delincuenciales, era necesario utilizar al Ejército. En sí, la idea de utilizar
toda la fuerza del Estado para inhibir la acción de la delincuencia organizada no
es mala, sin embargo, en vista de los resultados, ha quedado claro que se hizo
sin una estrategia planeada, sin un estudio previo del poder económico y de
fuego que ostentan los cárteles del narco, ni de la capacidad que tienen estos
para corromper todo lo que se propongan.
Como
consecuencia, la llamada “Guerra (el
propio Calderón la bautizó como tal)”
que principió en 2006, nos dejó miles de muertos y desaparecidos, además del fortalecimiento
del Cártel de Sinaloa.
Lo inverosímil y
en el colmo del cinismo, es que ahora, Felipe Calderón está en proceso de
formar un nuevo partido político con la intención de regresar al poder vía
Margarita Zavala. Solo habría que recordarle que, en gran medida, por la
carnicería que provocó, el PAN dejó el poder en 2012.
2- En
2012, en su arribo a Los Pinos, Enrique Peña Nieto anunció que cambiaría la
estrategia (¿cuál?) de seguridad implementada por su antecesor. Todos sabemos
que esos cambios solo fueron el concentrar la administración de seguridad
pública en la Secretaría de Gobernación. En la realidad todo fue de mal en peor;
los militares siguieron en las calles, los muertos y desaparecidos se
incrementaron, se descubrieron decenas de fosas clandestinas y se encumbró a un
nuevo cártel, el llamado Jalisco Nueva Generación.
Adicionalmente,
fue entre 2012 y 2018 que las ligas de políticos con el narco quedaron en
evidencia. No tengo el menor empacho en afirmar que el sexenio de Peña Nieto ha
sido el más deplorable en la historia moderna de México.
3- Durante
su última campaña presidencial, Andrés Manuel López Obrador insistió en que el
Ejército y la Marina regresarían a sus cuarteles. Su crítica hacía el hecho de
que las fuerzas armadas se hicieran cargo de la seguridad pública fue feroz.
Sin embargo, al llegar a la presidencia, insistió hasta el cansancio en crear
una Guardia Nacional conformada por elementos de la milicia que estén bajo el
mando militar.
De igual manera,
como parte de su oferta política, AMLO vendió la idea de que al llegar a la
presidencia la violencia empezaría a ceder con el simple hecho del cambio de
régimen; hoy, podemos asegurar, de acuerdo a las cifras con las que se cuenta,
que este ha sido el inicio de gobierno más violento en comparación con el de
Calderón Hinojosa y Peña Nieto.
4- En
la campaña presidencial del año anterior, surgió un personaje que a base de
ocurrencias intentó hacerse de votos.
Jaime Rodríguez
“El Bronco”, gobernador de Nuevo León, entró a la contienda presidencial de
manera poco clara, pero ya estando en la pelea, lanzó propuestas medievales
como la de cortar las manos a los delincuentes. De por sí la idea es desechable
de entrada, sin embargo, si a eso le aunamos que tenemos un sistema judicial
inoperante y corrupto, ya nos podemos imaginar la cantidad de mancos inocentes
que andarían por las calles.
Pues bien, ese
mismo ideólogo retrograda es el que hoy gobierna el estado que, paulatinamente,
se ha venido deteriorando en materia de seguridad alcanzando cifras comparables
a las que se registraron entre 2010 y 2011 (en 2010 ocurrió aquella terrible
masacre en el Casino Royale).
5- En
la discusión legislativa referente a la propuesta presidencial para la creación
de la Guardia Nacional, escuchamos a los integrantes del PAN y PRI
escandalizarse por lo que consideraron la militarización del país. Sí, los
mismos que aplaudieron durante 12 años la fallida guerra contra el narco, los
mismos que estando en el poder hicieron oídos sordos ante la desesperación de
la sociedad; esos mismos, ahora se desgarraron las vestiduras alegando que los
militares no deben estar en las calles., ¡vaya sinvergüenzas!
Igual que siempre, se podrían
enumerar muchos más ejemplos, sin embargo, considero que con los 5 anteriores
basta para, no descubrir, más bien reafirmar la hipocresía, mentira,
conveniencia propia, cinismo y enorme valemadrismo que nuestra clase política
tiene como sello particular.
Hasta la próxima.


