miércoles, 27 de febrero de 2019

Nuestros políticos y sus contradicciones


Autor: Rubén Salazar Espino

La vida pública en México está llena de contradicciones, y nuestros políticos, con sus paradojas, son parte fundamental para que el país sea un enredo de falsedades y verdades a medias.
Para sustentar lo anterior, comparto solo algunos ejemplos en el contexto de la problemática de inseguridad que padecemos:

   1- Al iniciar su mandato, Felipe Calderón, decidió que para combatir a los grupos delincuenciales, era necesario utilizar al Ejército. En sí, la idea de utilizar toda la fuerza del Estado para inhibir la acción de la delincuencia organizada no es mala, sin embargo, en vista de los resultados, ha quedado claro que se hizo sin una estrategia planeada, sin un estudio previo del poder económico y de fuego que ostentan los cárteles del narco, ni de la capacidad que tienen estos para corromper todo lo que se propongan.
Como consecuencia, la llamada “Guerra (el propio Calderón la bautizó como tal)” que principió en 2006, nos dejó miles de muertos y desaparecidos, además del fortalecimiento del Cártel de Sinaloa.
Lo inverosímil y en el colmo del cinismo, es que ahora, Felipe Calderón está en proceso de formar un nuevo partido político con la intención de regresar al poder vía Margarita Zavala. Solo habría que recordarle que, en gran medida, por la carnicería que provocó, el PAN dejó el poder en 2012.

   2- En 2012, en su arribo a Los Pinos, Enrique Peña Nieto anunció que cambiaría la estrategia (¿cuál?) de seguridad implementada por su antecesor. Todos sabemos que esos cambios solo fueron el concentrar la administración de seguridad pública en la Secretaría de Gobernación. En la realidad todo fue de mal en peor; los militares siguieron en las calles, los muertos y desaparecidos se incrementaron, se descubrieron decenas de fosas clandestinas y se encumbró a un nuevo cártel, el llamado Jalisco Nueva Generación.
Adicionalmente, fue entre 2012 y 2018 que las ligas de políticos con el narco quedaron en evidencia. No tengo el menor empacho en afirmar que el sexenio de Peña Nieto ha sido el más deplorable en la historia moderna de México.

   3- Durante su última campaña presidencial, Andrés Manuel López Obrador insistió en que el Ejército y la Marina regresarían a sus cuarteles. Su crítica hacía el hecho de que las fuerzas armadas se hicieran cargo de la seguridad pública fue feroz. Sin embargo, al llegar a la presidencia, insistió hasta el cansancio en crear una Guardia Nacional conformada por elementos de la milicia que estén bajo el mando militar.
De igual manera, como parte de su oferta política, AMLO vendió la idea de que al llegar a la presidencia la violencia empezaría a ceder con el simple hecho del cambio de régimen; hoy, podemos asegurar, de acuerdo a las cifras con las que se cuenta, que este ha sido el inicio de gobierno más violento en comparación con el de Calderón Hinojosa y Peña Nieto.

   4- En la campaña presidencial del año anterior, surgió un personaje que a base de ocurrencias intentó hacerse de votos.
Jaime Rodríguez “El Bronco”, gobernador de Nuevo León, entró a la contienda presidencial de manera poco clara, pero ya estando en la pelea, lanzó propuestas medievales como la de cortar las manos a los delincuentes. De por sí la idea es desechable de entrada, sin embargo, si a eso le aunamos que tenemos un sistema judicial inoperante y corrupto, ya nos podemos imaginar la cantidad de mancos inocentes que andarían por las calles.
Pues bien, ese mismo ideólogo retrograda es el que hoy gobierna el estado que, paulatinamente, se ha venido deteriorando en materia de seguridad alcanzando cifras comparables a las que se registraron entre 2010 y 2011 (en 2010 ocurrió aquella terrible masacre en el Casino Royale).

   5- En la discusión legislativa referente a la propuesta presidencial para la creación de la Guardia Nacional, escuchamos a los integrantes del PAN y PRI escandalizarse por lo que consideraron la militarización del país. Sí, los mismos que aplaudieron durante 12 años la fallida guerra contra el narco, los mismos que estando en el poder hicieron oídos sordos ante la desesperación de la sociedad; esos mismos, ahora se desgarraron las vestiduras alegando que los militares no deben estar en las calles., ¡vaya sinvergüenzas!

Igual que siempre, se podrían enumerar muchos más ejemplos, sin embargo, considero que con los 5 anteriores basta para, no descubrir, más bien reafirmar la hipocresía, mentira, conveniencia propia, cinismo y enorme valemadrismo que nuestra clase política tiene como sello particular.

Hasta la próxima.

miércoles, 20 de febrero de 2019

Sheinbaum y la violencia en la CDMX


Autor: Rubén Salazar Espino


Culpar a la señora Sheinbaum de la vorágine violenta con la que inició su gobierno sería imprudente, pero exigir acciones inmediatas para solucionar la problemática, eso sí que es válido.


La violencia en el país no para; todos los días nos seguimos enterando de homicidios, secuestros, asaltos y desapariciones. Y es en este tenor, que la Ciudad de México (CDMX) no se ha podido mantener al margen del incremento en la inseguridad.

Hace apenas unos 20 años, la capital mexicana era considerada una ciudad relativamente tranquila a comparación de lo que ya se empezaba a dar en algunas zonas de la República. Sin embargo, fue a partir de la “guerra” que Felipe Calderón inició en 2006, que la CDMX (en ese entonces Distrito Federal) empezó con una descomposición evidente en materia de seguridad.

De pronto, durante el inicio del mandato federal Calderonista y de Ebrard como jefe de gobierno, los capitalinos nos fuimos enterando, a través de detenciones de importantes capos (La Barbie, El Indio y El Compayito, todos ellos ligados a los Beltrán Leyva) de la existencia de cárteles que operaban en la zona conurbada de la ciudad; y fue entonces que no tardaron en aparecer cuerpos con narcomensajes. Sin embargo, fue en 2012, con la llegada de Miguel Ángel Mancera a la jefatura de la capital, cuando los grupos criminales salieron completamente de las sombras para mostrarse de una manera más clara.

Durante la administración de Mancera, la violencia se disparó abruptamente. Entre 2012 y 2018, se registraron alrededor de 5,400 homicidios (1000 más que en el sexenio de Marcelo Ebrard), sin embargo, hoy sabemos, por información del nuevo gobierno, que dichas cifras fueron maquilladas para aminorar el número. Es decir, la cantidad de asesinatos fue aún mayor de lo que declaró el gobierno perredista. Todo esto sumado al robo a transeúnte, secuestros, feminicidios, venta de drogas, extorsiones, etc., contribuyó a que al mandato de Miguel Ángel Mancera lo recordemos como el más violento en la ciudad desde que se realizan mediciones al respecto.

Pues bien, hoy, bajo la administración de Claudia Sheinbaum, las cifras no han cesado sino todo lo contrario, van a la alza, (tan solo el inicio de año es ya catalogado como el más violento con el 80% de aumento en homicidios dolosos).

Culpar a la señora Sheinbaum de la vorágine violenta con la que inició su gobierno sería imprudente, pero exigir acciones inmediatas para solucionar la problemática, eso sí que es válido.

Sabemos perfectamente que la gobernadora de la CDMX heredó una guerra entre cárteles que se identifican como originarios del barrio de Tepito; que recibe una policía infiltrada por las mafias; y que el aparato de justicia está podrido. Sin embargo, explicar la violencia con teorías conspirativas en las que se trata de inducir a la ciudadanía con el discurso de que esto se debe a una campaña en contra del gobierno de MORENA, es lamentable.

Aun cuando Claudia Sheinbaum ganó la elección más por el efecto López Obrador que por sus propuestas o identificación con los votantes, adquirió una responsabilidad de la que, supongo, tenía conocimiento de que no sería fácil; hoy, cuando se encuentra en el poder no debe justificar la incapacidad con argumentos endebles. La CDMX vive una grave crisis de inseguridad, y requiere de las decisiones claras y responsables que la ciudadanía espera de su gobierno.

Esperar a que por arte de magia o que por medio del discurso reconciliador de AMLO la delincuencia se reconvierta al “buen camino”, no solo es iluso sino que resulta patético. Sería bueno que la gobernadora de la capital empiece a entender que ya no es oposición y que un gobierno de izquierda, el cual dice representar, también está obligado a aplicar la ley y sobre todo, velar por la tranquilidad de los ciudadanos.

miércoles, 6 de febrero de 2019

La crítica; entre el odio y la descalificación

Autor: Rubén Salazar Espino
Foto tomada de Internet



La crítica congruente (la analítica, la documentada, la que se hace con el cerebro y no con el hígado) es cada vez más escasa en estos tiempos de cambios políticos en México. Por un lado, los medios de comunicación “tradicionales” (prensa escrita, radio y televisión) al seguir dependiendo, de una u otra forma, de las decisiones de gobierno, se inclinan o se enfrentan al poder de acuerdo a qué tan favorecidos o no se sientan. Por lo tanto, es difícil (que conste que no escribí: imposible) encontrar plumas o voces que no tengan intereses laborales o políticos que influyan en sus opiniones.

Por otra parte, se encuentran los medios “alternativos”, es decir, las Redes Sociales. Estos espacios de expresión fueron creados más con la intención de socializar que de informar, sin embargo, el éxito que obtuvieron aplicaciones como: Facebook, Twitter, WhatsApp, etc., llevó a los medios tradicionales a entrar a ese universo. El problema es que con la irrupción de marcas periodísticas reconocidas en las Redes Sociales, cualquier bodrio que se haga llamar “periodista” o “sitio de noticias”, se puede legitimar con un retwitt o like, sin importar que la información que se difunda sea falsa, tendenciosa o calumniosa.

Ante tal panorama, el odio y la descalificación a priori son una constante de nuestros tiempos; las Redes Sociales están plagadas de mensajes de rencor. Y es que hasta quienes uno supondría cuentan con el raciocinio y capacidad para discernir y debatir, de pronto han caído en el fácil ejercicio de insultar y compartir fake news por el simple hecho de tomar partido por una supuesta ideología que, para colmo, ha sido forjada dentro de las mismas Redes.

La crítica puede ser dura pero nunca debería ser mal intencionada, pues el odio solo provoca más odio; mientras que la ecuanimidad en la opinión incita al debate de ideas. Polemizar es sano, de hecho, es una gran forma de retroalimentación de información, pero el resentimiento que leemos día a día en los medios de comunicación, sean los “tradicionales” o “alternativos”, solo llevan a una descomposición social aún mayor de la que ya enfrentamos. El peligro de la polarización tan radical que hoy padecemos, reside en que se crea el entorno perfecto para que grupos desestabilizadores lo aprovechen hasta llegar a crear caos.

Propugnemos el debate, defendamos la libertad de expresión y empecemos de una vez a madurar como sociedad.

Insultar no es opinar.