viernes, 20 de marzo de 2015

CARMEN Y SUS LIBERTADES


La libertad de expresión en México es un derecho reconocido y ejercido desde no hace mucho tiempo.
Lo anterior debido a la hegemonía del régimen político posrevolucionario enfundado en las siglas del PNR, que a la postre daría origen al PRI quienes no permitieron durante décadas la crítica periodística y/o social.

Fue hasta finales del gobierno de Carlos Salinas que algunas voces empezaron a ser toleradas. Esto en gran medida por el derrumbe del sistema priísta provocado por los acontecimientos del año 1994 en donde el surgimiento de la guerrilla zapatista combinado con los asesinatos políticos, evidenciaron la descomposición que tanto había sido ocultada.

A partir de la década pasada ya sin el PRI en el gobierno sumado a la expansión del Internet y el posterior surgimiento de las redes sociales, prácticamente cualquier tipo de expresiones se pueden hacer, leer o escuchar sin temor a ser perseguido o señalado por el gobierno.

Sin embargo, aunque parezca increíble, hay grupos que añoran esos tiempos de represión y no son precisamente los que la ejercían.
Hoy en día existen sectores sociales, políticos y periodísticos que a la menor provocación se desgarran las vestiduras alegando ser acosados por las fuerzas gubernamentales.

El despido de la periodista Carmen Aristegui por parte de MVS, ha sido el pretexto idóneo para que los autoproclamados “defensores de la libertad de expresión” nuevamente se hagan visibles y se lancen con todo y contra todos los que no congenien con sus ideas.

Aristegui es sin duda un referente en el periodismo mexicano, puede o no gustar pero tiene un amplio público que le es fiel y le cree sin reservas. No importa si  el “enemigo” es Televisa, Calderón, Peña Nieto o ahora MVS, la periodista siempre está en el candelero por sus dichos en contra de todos ellos aun cuando en muchos casos no están ni mínimamente sustentados. Y es precisamente ese poder que le ha otorgado “su gente” el que la ha llevado a lo más alto de la egolatría.

Carmen Aristegui se considera intocable, nada ni nadie puede objetarle, ella es poseedora de la verdad absoluta y su soberbia no le permite aceptar lo contrario. Su concepción de la libertad de expresión incluye denostar y en algunos casos destruir con el micrófono a quienes por razones políticas y/o económicas convenga.

Aun siendo empleada de una medio de comunicación actúa al mismo tiempo como dueña y víctima de la misma. No respeta la libertad de la empresa para mantener o no en su nómina a quienes considere conveniente a sus intereses, y peor aún, azuza con sus desplantes a los teóricos de la conspiración.

Hoy los 43 estudiantes desaparecidos en Iguala, el derrumbe de nuestra moneda, la violencia y las corruptelas del gobierno de Peña han quedado relegadas a un segundo término.
Hoy lo importante es que los dueños de MVS se disculpen con Aristegui y le sigan pagando su sueldo mensual de aproximadamente 1 millón de pesos.


¡Vaya favor que le hace al país y a la propia libertad de expresión!


Autor: Rubén Salazar Espino
rubsalazare@gmail.com
Twitter: @Ruben_Salazar

miércoles, 11 de marzo de 2015

11-M, 2004

*Originalmente publicado en 2006

A las víctimas y sus familias en la conmemoración de los atentados terroristas en Madrid, España.


Una mañana como cualquier otra, los sonidos de la ciudad despertando lentamente, el aroma del café árabe acompañando la mirada un tanto indiferente a los carteles con las fotos de los candidatos a la presidencia que sobresalen colgando de los postes del alumbrado público, mismos que han dejado de iluminar para dar paso al astro rey que asoma tímidamente cubriéndose por momentos de nubes grisáceas, como si fingiera no estar ahí, como si no quisiera mirar.

En la radio, el locutor del noticiario matutino sugiere las vías alternas para evitar el tráfico provocado por la volcadura de un camión repartidor de leche y amenaza con una mesa de análisis con miras a las elecciones del domingo. Ahora, da la hora recomendando apresurar el paso con voz pausada, lenta como si con esto pudiera detener el tiempo, como si las manecillas del reloj lucharan por no llegar a la hora señalada ya por el destino implacable. Son las 7:30 a. m.


El murmullo se hace más fuerte al penetrar los andenes de la estación de tren abarrotada ya por decenas de mujeres. Madres de familia que ansían el final de la jornada laboral aun no iniciada, para abrazar a sus hijos que han tenido que dejar en casa para llevar algunas pesetas que ayuden a solventar los gastos cotidianos.

Se distinguen hombres maduros, cansados, como automatizados, apenas si se atreven a leer la sección deportiva del diario que presenta una exclusiva con el goleador del Madrid, Raúl González, “el orgullo español” encabeza la entrevista.
A su vez, la vitalidad innata de los jóvenes se hace presente a la hora de acceder a los vagones, pues a pesar de los anárquicos tumultos, lo hacen con una mochila a la espalda. Mochilas que guardan las horas de desvelo intentando resolver los problemas matemáticos, el ensayo de la historia de la segunda guerra mundial o el libro "El evangelio según Jesucristo” de José Saramago, lectura esta, presente en las últimas 2 semanas para aprobar la clase de literatura. Sin embargo, no todas contienen libros y cuadernos armas de la inteligencia, de los sueños y de las metas por alcanzar; 13 de ellas guardan muerte, sangre, terror y llanto.

Son ya las 07:37 y uno de los trenes ha detenido su marcha en la estación de Atocha, la más grande de la ciudad, al tiempo que otro de ellos está por llegar a la misma.

El sol se ha cobijado con una gran nube al sentir el frió que le ha provocado el paso de los jinetes del Apocalipsis en su camino hacia Madrid. Los pajarillos que acostumbran posarse en el techo de la estación, han volado sin rumbo como si el viento les previniera de la llegada inevitable de la muerte.

Han explotado 10 bombas en total en 3 estaciones distintas. Han explotado 10 bombas de odio, de incomprensión, de intolerancia, de brutalidad. 10 bombas que acabaron con el derecho a soñar, con la virtud de mirar sin rencor, con el deleite de amar y con la tranquilidad de existir en paz.

El color de la sangre, el olor de la pólvora y el sabor de las cenizas terminaron no sólo con la vida de aproximadamente 200 personas, sino que también extinguieron la llama de la esperanza y la razón.

Nunca más el mundo volverá a mirarse igual, el nuevo orden mundial ha fallado, el gigante despertó con su vómito a los demonios y estos no dormirán hasta saciar su sed de sangre y venganza.


…Ojalá que el sol no deje de brillar.

Autor: Rubén Salazar Espino
rubsalazare@gmail.com
Twitter: @Ruben_Salazar