Con todo afecto para Armando Zúñiga ¡Ánimo, recupérate pronto!
Estamos a unos cuantos días de la elección presidencial. Las campañas de los candidatos han terminado oficialmente y por consiguiente, los medios de comunicación han dejado de informar sobre las mismas.
En teoría, esta breve pausa preelectoral debería servir para que los ciudadanos pudiéramos digerir el intenso bombardeo de propuestas generado a lo largo de las campañas, y con ello llegar a las urnas con la suficiente seguridad de que estamos eligiendo a quien cumple con nuestras expectativas.
Sin embargo, la atención esta volcada hacía las sospechas de un posible fraude, de un conflicto postelectoral y de la violencia que esto pudiera generar.
La desconfianza generada por algunos grupos políticos hacía las elecciones no es nueva y sin duda fue justificable durante los casi 70 años de gobiernos priístas. Durante ese tiempo, el gobierno federal actuaba como juez y parte en los procesos electorales, pues quienes decidían la validez de las mismas eran funcionarios pagados por la secretaria de gobernación. Además, las practicas descaradas de “embarazo de urnas” coacción del voto y conteo tendencioso de los sufragios eran infaltables durante el día de la elección.
Afortunadamente y gracias a en gran medida por la lucha incesante de grupos sociales y partidos políticos opositores al PRI, en la década de los noventas el Instituto Federal Electoral (IFE) se logró constituir como un órgano autónomo y ciudadanizado casi en su totalidad.
Al día de hoy podemos dar cuenta de que somos los ciudadanos los que tenemos el control del conteo de votos. Los funcionarios de casilla, los observadores así como los consejeros del Instituto, son ciudadanos que conceden su tiempo para dar resguardo a nuestros votos y legalidad a la elección. Adicionalmente, los partidos políticos cuentan con representantes en cada una de las casillas con la intención de supervisar la no afectación sus intereses y evitar la manipulación de los resultados.
Tomando en cuenta lo anterior, resulta indignante que haya personajes políticos que con gran desparpajo creen una atmosfera de intriga basados en teorías conspirativas con las que pretenden probar la existencia de un fraude. Pero es aún más inconcebible, que sean ciudadanos los que duden de la capacidad y probidad de sus propios vecinos. Sí, porque las personas que estarán sentadas durante un buen número de horas organizando, custodiando y contando los votos que depositaremos en las urnas son nuestros vecinos.
Esas personas son ciudadanos como nosotros y cuya honorabilidad no puede ser puesta en duda por la mezquindad e intolerancia de quien no es capaz de aceptar un resultado adverso.
Es ruin y cobarde asegurar que los resultados serán manoseados para beneficiar a tal o cual candidato y al mismo tiempo convocar al pueblo para evitarlo cuando en realidad, es el propio pueblo el que está encargado de llevar a buen término la jornada electoral.
Ante ello, es imperante que este próximo domingo nos expresemos, asistamos a votar por quien consideramos es la mejor opción de gobierno, pero sobre todo, démosle un voto de confianza a aquellos compatriotas que con un enorme sentido cívico darán certidumbre y fortaleza a nuestra joven democracia.
Hasta la próxima.
Autor: Rubén Salazar E.
rubsalazare@gmail.com
Twitter: @Ruben_Salazar
viernes, 29 de junio de 2012
miércoles, 20 de junio de 2012
LOS MITOS DE LA POLÍTICA EN LAS REDES SOCIALES
Hace tiempo, los espectáculos deportivos eran el único lugar que servía de catarsis para los ciudadanos que asistían a verlos. Por ejemplo, en los estadios de futbol, las mentadas de madre al árbitro y en la lucha libre los improperios contra los luchadores rudos, han logrado por décadas que los aficionados desfoguen mucho del coraje e impotencia que les provoca el difícil trajín cotidiano.
Hoy en día, el avance tecnológico ha provocado que las redes sociales se sumen a estos espacios de desahogo.
Bajo la premisa de que la libertad de expresión debe permanecer como un derecho básico universal, es importante señalar que las redes sociales, tienen a diferencia de los medios de comunicación tradicionales, un mayor campo de acción para ejercerlo.
Desafortunadamente, la sombra que otorga el anonimato aunado al viciado ambiente político que vive el país, han provocado una verdadera guerra virtual en la que los simpatizantes de los candidatos se enfrascan en batallas de insultos, descalificaciones y hasta amenazas. Pero eso no para ahí pues en algunos casos, el simple hecho de opinar aun no siendo partidario de algún personaje público, basta para ser bombardeado por aquellos que se sienten aludidos.
Y es que es obvio que en la misma medida en que aumenta el número de usuarios, crecen los intereses políticos.
Según cifras de la Asociación Mexicana de Internet (AMIPCI), en el país existen poco más 40.6 millones de internautas de los que un 90% acceden a redes sociales. Estas cantidades son sin duda, un manjar bastante apetitoso para los partidos políticos sobre todo en esta época electoral.
¿Pero qué tan real es ese manjar? Hay quienes opinan que los usuarios de redes sociales son la parte más politizada de la sociedad y que por lo mismo, ahí se puede medir el grado de aceptación o desagrado por tal o cual candidato. Hay también quienes consideran que esos mismos usuarios pueden marcar la diferencia en la próxima contienda electoral.
Sin embargo, en los hechos lo anterior no es tan cierto. Dentro del estudio de la AMIPCI antes mencionado, nos encontramos que sólo el 41% de quien tiene una cuenta en redes sociales es seguidor de un partido político o candidato, sin que ello signifique que ese poco más de 40% tenga edad para votar. Es decir, menos de la mitad del total de usuarios está interesado en conocer plataformas o tendencias de índole política. Además, dentro de ese pequeño grupo encontramos una buena cantidad de perfiles creados por compañías de comunicación especializadas en propaganda electoral, y que tienen como propósito la propagación de información favorable de sus clientes.
Bajo esta lógica, podemos ver que el potencial de votantes no es lo bastante fuerte y que por lo tanto no constituye un verdadero indicador de predilección y mucho menos para darle el triunfo a un aspirante presidencial.
Debemos de ver a las redes sociales como un instrumento más de las estrategias políticas y no como la principal arma de difusión. Igualmente, debemos entender la intolerancia y agresividad de ciertos usuarios como un reflejo de la polarización creada por quienes apuestan por la descalificación y no por el debate de ideas.
Seguramente, dentro de pocos años la influencia de “los habitantes del mundo virtual” sea mucho mayor para encaminar los destinos políticos de México, y será entonces, que los políticos tendrán que buscar formas mucho más profesionales para exponerse ante un verdadero universo politizado.
Hasta la próxima.
Autor: Rubén Salazar E.
rubsalazare@gmail.com
Twitter: @Ruben_Salazar
Hoy en día, el avance tecnológico ha provocado que las redes sociales se sumen a estos espacios de desahogo.
Bajo la premisa de que la libertad de expresión debe permanecer como un derecho básico universal, es importante señalar que las redes sociales, tienen a diferencia de los medios de comunicación tradicionales, un mayor campo de acción para ejercerlo.
Desafortunadamente, la sombra que otorga el anonimato aunado al viciado ambiente político que vive el país, han provocado una verdadera guerra virtual en la que los simpatizantes de los candidatos se enfrascan en batallas de insultos, descalificaciones y hasta amenazas. Pero eso no para ahí pues en algunos casos, el simple hecho de opinar aun no siendo partidario de algún personaje público, basta para ser bombardeado por aquellos que se sienten aludidos.
Y es que es obvio que en la misma medida en que aumenta el número de usuarios, crecen los intereses políticos.
Según cifras de la Asociación Mexicana de Internet (AMIPCI), en el país existen poco más 40.6 millones de internautas de los que un 90% acceden a redes sociales. Estas cantidades son sin duda, un manjar bastante apetitoso para los partidos políticos sobre todo en esta época electoral.
¿Pero qué tan real es ese manjar? Hay quienes opinan que los usuarios de redes sociales son la parte más politizada de la sociedad y que por lo mismo, ahí se puede medir el grado de aceptación o desagrado por tal o cual candidato. Hay también quienes consideran que esos mismos usuarios pueden marcar la diferencia en la próxima contienda electoral.
Sin embargo, en los hechos lo anterior no es tan cierto. Dentro del estudio de la AMIPCI antes mencionado, nos encontramos que sólo el 41% de quien tiene una cuenta en redes sociales es seguidor de un partido político o candidato, sin que ello signifique que ese poco más de 40% tenga edad para votar. Es decir, menos de la mitad del total de usuarios está interesado en conocer plataformas o tendencias de índole política. Además, dentro de ese pequeño grupo encontramos una buena cantidad de perfiles creados por compañías de comunicación especializadas en propaganda electoral, y que tienen como propósito la propagación de información favorable de sus clientes.
Bajo esta lógica, podemos ver que el potencial de votantes no es lo bastante fuerte y que por lo tanto no constituye un verdadero indicador de predilección y mucho menos para darle el triunfo a un aspirante presidencial.
Debemos de ver a las redes sociales como un instrumento más de las estrategias políticas y no como la principal arma de difusión. Igualmente, debemos entender la intolerancia y agresividad de ciertos usuarios como un reflejo de la polarización creada por quienes apuestan por la descalificación y no por el debate de ideas.
Seguramente, dentro de pocos años la influencia de “los habitantes del mundo virtual” sea mucho mayor para encaminar los destinos políticos de México, y será entonces, que los políticos tendrán que buscar formas mucho más profesionales para exponerse ante un verdadero universo politizado.
Hasta la próxima.
*Estudio de AMIPCI sobre el uso de Internet en México: http://www.amipci.org.mx/?P=editomultimediafile&Multimedia=115&Type=1
Autor: Rubén Salazar E.
rubsalazare@gmail.com
Twitter: @Ruben_Salazar
martes, 12 de junio de 2012
LA INSEGURIDAD Y LA SILLA PRESIDENCIAL
Vivimos en un ambiente viciado por la violencia del crimen organizado. Día a día, las noticias nos hablan de secuestros, ejecuciones y extorsiones. Día a día, en algún lugar del país, hay familias angustiadas, aterrorizadas y enlutadas. Día a día, hay alguien pidiendo ayuda con la esperanza ser escuchado. Sin embargo, todo eso parece no importar cuando de conseguir el poder se trata. La retórica demagógica, la expiación de culpas y lo que es peor, el silencio ominoso, son “las respuestas” que ofrecen a la sociedad quienes buscan ocupar la silla presidencial.
Atendiendo los discursos de los candidatos a la presidencia de la Republica, pareciera que las decenas de cadáveres encontrados en fosas clandestinas en el estado de Tamaulipas no existieron, que el Casino Royale de la ciudad de Monterrey no fue incendiado con poco más de medio centenar de personas en su interior, que los centenares de jóvenes asesinados a manos de las bandas delincuenciales hubieran elegido morir de esa forma, o que los ciudadanos secuestrados sólo se hubieran evaporado en un abrir y cerrar de ojos. Las propuestas en materia de seguridad que nos plantean los aspirantes, han sido en el mejor de los casos, la construcción de escuelas o el incremento de los salarios a los trabajadores, “aspirinas para curar el cáncer” diría mi abuelo.
Es totalmente incongruente que los candidatos de oposición y sus respectivos partidos (PRI, PRD y PANAL), hayan criticado ferozmente durante 6 años la estrategia de combate al crimen organizado encabezada por el gobierno federal, y el día de hoy no expongan en sus plataformas políticas compromisos sólidos basados en acciones claras para cambiarla o mejorarla.
Es oprobioso escucharlos y darse cuenta que para ellos, los ciudadanos seguimos siendo importantes exclusivamente para votar, que la necesidad de vivir en paz queda en un segundo termino, pues su prioridad es alcanzar el poder para servir a sus intereses.
Aunado a lo anterior, con sus arengas y declaraciones públicas, han generado rencores sociales que se reflejan en una peligrosa polarización que puede llegar a exacerbar aun más la violencia que hoy vivimos.
Hace tiempo se afirmaba que la falta de educación mantenía al pueblo subyugado, manipulado y dividido. Hoy, los políticos han encontrado en el encono y la provocación, la mejor forma de mantener distraída de los verdaderos problemas que se padecen a buena parte de la sociedad. Sólo basta echar un vistazo a las declaraciones de los postulantes para darse cuenta que con "las teorías de complot”, “la guerra sucia” y “la autoflagelación” se escudan para no asumir su responsabilidad de lo que en el país ocurre. Obviamente la autocrítica es nula, en algunos casos se manejan como personas impolutas, lo cual les convierte en soberbios. Y lo peor es que con ello, han formado legiones de vehementes seguidores comparables a fanáticos religiosos.
Estamos ante el umbral de un conflicto postelectoral ya anunciado por alguno de los candidatos. Conflicto que puede desembocar en algo más que una protesta callejera o un cierre de avenidas.
Mientras tanto, que las familias siguen enterrando a sus miembros, al fin que lo que importa es sentarse en la silla presidencial.
Hasta la próxima.
Autor: Rubén Salazar
rubsalazare@gmail.com
Twitter: @Ruben_Salazar
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