martes, 12 de junio de 2012

LA INSEGURIDAD Y LA SILLA PRESIDENCIAL

Vivimos en un ambiente viciado por la violencia del crimen organizado. Día a día, las noticias nos hablan de secuestros, ejecuciones y extorsiones. Día a día, en algún lugar del país, hay familias angustiadas, aterrorizadas y enlutadas. Día a día, hay alguien pidiendo ayuda con la esperanza ser escuchado.
Sin embargo, todo eso parece no importar cuando de conseguir el poder se trata. La retórica demagógica, la expiación de culpas y lo que es peor, el silencio ominoso, son “las respuestas” que ofrecen a la sociedad quienes buscan ocupar la silla presidencial.

Atendiendo los discursos de los candidatos a la presidencia de la Republica, pareciera que las decenas de cadáveres encontrados en fosas clandestinas en el estado de Tamaulipas no existieron, que el Casino Royale de la ciudad de Monterrey no fue incendiado con poco más de medio centenar de personas en su interior, que los centenares de jóvenes asesinados a manos de las bandas delincuenciales hubieran elegido morir de esa forma, o que los ciudadanos secuestrados sólo se hubieran evaporado en un abrir y cerrar de ojos. Las propuestas en materia de seguridad que nos plantean los aspirantes, han sido en el mejor de los casos, la construcción de escuelas o el incremento de los salarios a los trabajadores, “aspirinas para curar el cáncer” diría mi abuelo.

Es totalmente incongruente que los candidatos de oposición y sus respectivos partidos (PRI, PRD y PANAL), hayan criticado ferozmente durante 6 años la estrategia de combate al crimen organizado encabezada por el gobierno federal, y el día de hoy no expongan en sus plataformas políticas compromisos sólidos basados en acciones claras para cambiarla o mejorarla.
Es oprobioso escucharlos y darse cuenta que para ellos, los ciudadanos seguimos siendo importantes exclusivamente para votar, que la necesidad de vivir en paz queda en un segundo termino, pues su prioridad es alcanzar el poder para servir a sus intereses.
Aunado a lo anterior, con sus arengas y declaraciones públicas, han generado rencores sociales que se reflejan en una peligrosa polarización que puede llegar a exacerbar aun más la violencia que hoy vivimos.

Hace tiempo se afirmaba que la falta de educación mantenía al pueblo subyugado, manipulado y dividido. Hoy, los políticos han encontrado en el encono y la provocación, la mejor forma de mantener distraída de los verdaderos problemas que se padecen a buena parte de la sociedad. Sólo basta echar un vistazo a las declaraciones de los postulantes para darse cuenta que con "las teorías de complot”, “la guerra sucia” y “la autoflagelación” se escudan para no asumir su responsabilidad de lo que en el país ocurre. Obviamente la autocrítica es nula, en algunos casos se manejan como personas impolutas, lo cual les convierte en soberbios. Y lo peor es que con ello, han formado legiones de vehementes seguidores comparables a fanáticos religiosos.

Estamos ante el umbral de un conflicto postelectoral ya anunciado por alguno de los candidatos. Conflicto que puede desembocar en algo más que una protesta callejera o un cierre de avenidas.
Mientras tanto, que las familias siguen enterrando a sus miembros, al fin que lo que importa es sentarse en la silla presidencial.

Hasta la próxima.

Autor: Rubén Salazar
rubsalazare@gmail.com
Twitter: @Ruben_Salazar

2 comentarios:

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