jueves, 30 de mayo de 2013

UN SENTIMIENTO LLAMADO FÚTBOL

“El fútbol es la única religión que no tiene ateos”
Eduardo Galeano



Cuando los ingleses lo inventaron nunca se imaginaron que el fútbol sería el deporte más popular en el mundo. Por años, millones de personas de todas las razas, culturas y credos han hecho del balompié parte de sus vidas.

Los elementos que componen el fútbol representan para el hincha algo más que 22 tipos pateando un esférico. El hincha siente la playera como parte de su piel, a los jugadores los mira como parte de un clan del cual él es parte, al equipo contrario lo cataloga como al enemigo que intentará tomar su bandera, al balón lo percibe como la esperanza de violentar el territorio enemigo y al árbitro lo relaciona como un juez siempre parcial y en algunos casos corrupto.
El fútbol entraña emociones que pueden ir de lo sublime a lo ridículo ¿Pero acaso no es así la vida misma?

¿Quién puede abstraerse de seguir un juego River vs Boca o un Madrid vs Barcelona? ¿Quién puede no reconocer la enorme calidad de la técnica desplegada por el Bayern Múnich, actual club campeón de Europa? ¿Quién no se maravilla al ver tocar el balón a Messi? Seguramente habrá quien contestó ¡Yo no! Pero convencido estoy que serán los menos.

Y son precisamente esos menos, los que durante años han culpado al fútbol de casi todos los males que aquejan a la sociedad. Que si es parte de “pan y circo” que ofrecen los gobiernos del mundo a sus ciudadanos, que si por su culpa no notamos que los políticos son una sarta de ladronzuelos, que si junto con la religión es el opio del pueblo, que si esto, que si aquello.

Pero vayamos por partes, en primer lugar dudo mucho que en el caso de México, los temerarios acusadores hayan estado sustraídos por completo del pasado juego final entre América y Cruz Azul. Los índices de audiencia son contundentes, más de 30 millones de televisores sintonizados en el canal que lo transmitió, y si a eso le sumamos aquellos que lo siguieron por radio e Internet, la cifra será sin duda aun más escandalosa.

Ahora bien, más allá de las emociones encontradas que pudo haber provocado dicho encuentro en los millones de mexicanos que lo disfrutaron, nada tiene que ver con el hecho de que al siguiente día y los subsecuentes la vida sea muy distinta, los niños acudieron a la escuela y tanto mujeres como hombres asistieron a sus centros de trabajo.
Y entonces usted, amable lector, me podría cuestionar ¿Si la vida siguió su curso normal, dónde quedan todos esos sentimientos que provoca el balompié y de qué carajo sirve mirarlo?
En ese caso sólo podría responder platicándole de los maravillosos recuerdos de aquellos años en que mi padre después de una dura semana laboral me llevaba de la mano al estadio Azteca para ver jugar al Atlante, de la enorme cantidad de personas que durante toda la semana sufren para subsistir y que llegado el fin de semana y durante 90 minutos logran desfogar toda la frustración acumulada ó de ser felices cuando el balón mece las redes de la portería. Pero también le hablaría de quienes gozan de una posición económica más cómoda pues el fútbol tiene esa otra cualidad, los triunfos y derrotas del equipo favorito no están condicionados a una clase social, se disfrutan y se sufren por igual en una zona residencial pudiente que en el barrio popular.

En lo concerniente a la acusación de la abstracción de los pueblos hacía los malos manejos de sus gobernantes y que también se le endilga al fútbol, es indudable que este ha sido motivo de intentos de manipulación por parte de todo tipo de gobiernos; dictadores, demócratas, monarcas, liberales, conservadores y demás fauna política. Sin embargo, el deporte más popular del mundo les ha sobrevivido a cada uno de ellos. Existen naciones que han pasado por todo tipo de regímenes y lo único que ha quedado siempre igual después de los cambios políticos es precisamente el fútbol.

Así es que muy a pesar de sus eternos detractores, el balón seguirá rodando, las playeras continuarán siendo portadas con orgullo, los cánticos en el estadio no callarán y el grito de gol se prolongará hasta el fin de los tiempos.



Autor: Rubén Salazar E.
rubsalazare@gmail.com
Twitter: @Ruben_Salazar