lunes, 26 de octubre de 2009

BASTARDOS SIN GLORIA


MILENIO DIARIO
Acentos
Juan Ignacio Zavala
25 DE OCTUBRE DE 2009

Los diputados tienen un gran sentido de la trascendencia. Cuando asisten a sus sesiones lo hacen henchidos de amor patrio. No hay nada que los haga dar marcha atrás en la búsqueda de su noble meta: hacer el bien al pueblo de México —que para eso los eligió— y pasar a la historia.

Por supuesto que hay diversas maneras de lograrlo y cada quien lo hace según sus capacidades y posibilidades. Así, hay quien algún día decidió ponerse una máscara de cerdo y hay quien decidió comportarse como tal y sin máscara (caso PT de la actual legislatura). Hay quien ha subido borracho a hablar a la “tribuna más alta de la patria” —como le dicen ellos— y quien se ha muerto en una sesión; hay quien se ha retado a golpes y quien simplemente los ha propinado.

De todo hay y de todo ha pasado por ahí. Ingenieros, arquitectos, economistas, abogados, maestros, amas de casa, campesinos, júniors, dipsómanos, personas con antecedentes dudosos y con futuro delictivo; futbolistas, medallistas olímpicos, luchadores (sociales y del ring), filósofos, poetas, historiadores y, por supuesto, profesionales de la patada y el escupitajo.

Al entrar en San Lázaro algo sucede con el ciudadano que se transforma en diputado. Algo deben darles junto con su pin de oro, su curul y su identificación porque inmediatamente cambian el gesto y se convierten en padres adoptivos de la patria. He preguntado si les dan pastillas, un jarabito o un brebaje mágico. Me dicen que nada. Esta respuesta no es satisfactoria porque es inexplicable la conducta que desarrollan a lo largo de tres años.

El diputado se desplaza por los restaurantes con desplantes de “seguro me conocen, ¿verdad?”. Saluda inquiriendo con la mirada “¿no me has visto en las fotos de los periódicos?” (se refieren a alguna imagen repartiendo codazos, asaltando o defendiendo la tribuna —depende la situación— o simple y sencillamente, durmiendo). Se sienta a la mesa con la mirada puesta en la puerta para ver quién entra y después recorre el salón con los ojos, pendiente por si hay alguien para darle un abrazo o por lo menos levantar la mano saludando. Habla por celular con voz muy alta o como si estuviera pasando en clave un secreto de Estado. Cuando se van es inevitable que la gente pregunte: “¿Quién era ese pendejo, eh?”

Si ahí quedara la cosa no habría problema. Sin embargo, como ya vimos esta semana, son los que deciden cuántos impuestos cobrarnos. La mayoría de ellos no saben lo que votan y después dicen que no se dieron cuenta, porque las sesiones “fueron agotadoras”. Son incapaces de generar una política de largo plazo. El año que entra presenciaremos el mismo espectáculo de los impuestos.

Es un grupo compacto de 500 ciudadanos abiertamente despreciado por millones de conciudadanos. Quizá por eso hacen su microclima. Se comportan de manera extraña, sin ningún temor al ridículo, se abrazan y se agreden entre ellos, juntos reviven las batallas patrias más encarnizadas; son 500 Juanes Escutia, cada uno envuelto en la bandera, buscando un cacho de gloria.

Autor: Juan Ignacio Zavala
juanignacio.zavala@milenio.com

miércoles, 21 de octubre de 2009

VOLVER A TOMAR


MILENIO DIARIO
Acentos
Juan Ignacio Zavala
21 DE OCTUBRE DE 2009

Ya volvieron a tomar la tribuna. Parece que la tomadera es un verdadero vicio entre los seguidores de AMLO. Han dicho no a la creatividad y recurren como desde hace años al recurso de impedir que se trabaje. Nada bueno se puede esperar de quienes tienen como primera reacción la violencia, el descontón y “tomar” la calle o “tomar” la tribuna, o lo que sea, pero tomar algo.

La creatividad en materia de manifestaciones políticas en el mundo es amplia y tiene diversas facetas. Desde Gandhi y su resistencia pacífica —algo que es verdaderamente impensable en esta época en México— con alto contenido filosófico y político. En Europa es conocido el famoso pastelazo, consistente en acercarse a un primer ministro o funcionario importante y embarrarle en la cara un plato de merengue. O el célebre zapatazo contra Bush.

Si uno se pone a recordar se dará cuenta que siempre hay en algún lado un brote de creatividad respecto de la manera de manifestarse en distintas épocas y sectores. En el 68 se hicieron famosas pancartas, por ejemplo, la de “Vacune a su granadero”; o las que recorrieron el mundo con aquello de “La imaginación al poder” o la de “Sé realista, pide lo imposible”. Las bardas y cartulinas son elementos que han despertado la creatividad por doquier, como la muy mexicana aparecida hace varios años que decía: “Ya basta de realidades, exigimos promesas”. O los gritos invariables durante décadas de “No somos uno, no somos cien, prensa vendida cuéntanos bien”.

Hace poco tiempo en Estados Unidos ha resurgido la propaganda antigubernamental encabezada por grupos ultra: el foco es el presidente Obama, a quien tachan de comunista. En avenidas principales de ciudades importantes es común encontrar algún republicano vendiendo propaganda anti-Obama, “I was antiobama before he was cool”, dice un pin para colgar en la ropa. “In God we trust, in Obama not so much”, sentencia otro. Son ya famosos los carteles que contienen la cara de Obama con la leyenda “Socialism”.

Una rápida vuelta por la segunda mitad del siglo XX nos puede dar una idea de lo que en diferentes naciones se hacía para manifestar una idea o una posición respecto de algún tema. ¡Cómo olvidar las flores en los rifles de los soldados! Los alemanes del oeste con letreros de “Bienvenidos a casa” para los alemanes del este hace exactamente 20 años. O aquella manta en Estados Unidos “Nobody tells the true: vote for nobody”.

Total que no falta quien diga, y con razón creo yo, que la manifestación política podría derivar en ocasiones en una especie de arte político. En México andamos volando bajo en el aspecto de la creatividad. Por ejemplo, en diversos países las manifestaciones contra el G-8 son las botargas de los presidentes de los países miembros del grupo. Lamentablemente, en México la única botarga famosa es la del Doctor Simi, y ya son célebres los videos en You Tube de jóvenes que corren para estrellarse con el mono en plena calle.

Mención aparte merecen las manifestaciones de nuestra izquierda ultra en la Cámara de Diputados. Se les va en “tomar”, en asaltar los espacios públicos. La creatividad no es lo suyo, el trabajo tampoco. Ya volvieron a tomar.

Autor: Juan Ignacio Zavala
juanignacio.zavala@milenio.com

lunes, 19 de octubre de 2009

EL SUBORDINADO


MILENIO DIARIO
Acentos
Juan Ignacio Zavala
18 DE OCTUBRE DE 2009

El caso de Luz y Fuerza es uno de esos temas en que la ciudadanía toma una postura, a favor o en contra, pero tiene una opinión. Lo mismo pasa en el caso de los políticos. Forzados por la opinión pública, deben tomar una definición. En el PRI, por ejemplo, tomar definiciones les cuesta trabajo y por lo tanto consideran que mejor se den opiniones individuales que tener que tomar una posición institucional al respecto. La definición no es lo suyo. Ya en una ocasión mencioné en este mismo espacio que su ideología era de extrema ambigua: lo mismo están a la derecha que corren hacia la izquierda.

Sin embargo, hay que hacer notar que a nivel individual, algunos destacados priistas no dudaron en emitir su opinión al respecto. Dejarle claro a la ciudadanía qué es lo que se piensa sobre asuntos de interés público es una obligación del político con la población. Y, ventajas de la democracia, si no lo quieren hacer ahí están los medios de comunicación obligándolos a tomar una posición.

Por eso mismo, llama la atención el papel de simple subordinado que ha decidido jugar Marcelo Ebrard, jefe de Gobierno del Distrito Federal, en las últimas semanas. Si durante unos meses lo vimos alcanzar cierta estatura respecto de las decisiones que debía tomar, parece que se trató de simplemente una ilusión. Como a los bebés que comienzan a caminar, vimos a Marcelo hacer algunos solitos que anunciaban su capacidad de tener movimiento propio. Pero no acababa de sentirse contento cuando llegó papá Andrés y lo sentó de nuevo en la carriola.

Haces unas semanas hubo quien pensó que se había logrado una gran operación política con Juanito. En realidad lo que hizo Marcelo fue cumplir al pie de la letra lo que le ordenó Andrés Manuel antes de las elecciones. Todo lo que dijo AMLO que debía de pasar fue cumplido escrupulosamente por el jefe de Gobierno que, temeroso de la ira de su líder, se escabulló para no explicar su obediencia ciega.

Pero la cosa no termina ahí. Quien está acostumbrado a que se le rinda tributo y pleitesía no encuentra satisfacción: exige más cada vez, se vuelve insaciable, no hay sacrificio ni alabanza que le rinda el súbdito que le parezca suficiente. Así, en el caso de Luz y Fuerza, a Marcelo no lo dejaron hacer su solito —si es que llegó a pensar en hacerlo.

Desde que la hoy jefatura de Gobierno del Distrito Federal era regencia, no se veía tal indignidad en un gobernante capitalino. La abyección mostrada por Marcelo ante su jefe es escandalosa. Nada le importó al titular de Gobierno, mandó quitar la Feria del Libro para que pudiera llegar al Zócalo su patrón con las huestes de Esparza. La sumisión mostrada en esta semana muestra claramente que no es él quien gobierna la ciudad.

Claro que no todo ha de ser humillación pública para el jefe de Gobierno. Se acerca diciembre y seguramente lo volverán a dejar ir a la tele a hornear galletitas navideñas. O a lo mejor nos sorprende en noviembre con un sabroso pan de muerto.

Autor: Juan Ignacio Zavala
juanignacio.zavala@milenio.com

miércoles, 14 de octubre de 2009

LA DEFENSA DE LOS PRIVILEGIOS


MILENIO DIARIO
Acentos
Juan Ignacio Zavala
14 DE OCTUBRE DE 2009

Pocas cosas unen tanto y dan tanta satisfacción en este país como el fin de los privilegios. No podemos negar que somos una nación que ha crecido por generaciones en la educación del privilegio en todos los niveles: privilegios políticos, empresariales, sindicales, culturales, deportivos. No hay área que la cultura priista del pasado, en sus 70 años de predominio, no haya tocado.

El fin de los privilegios es y ha sido un pendiente de reivindicación de nuestra reciente vida democrática. Son muchas voces las que de manera constante y persistente han reclamado más que una acción de justicia, un evento justiciero que pueda ajustar cuentas con el pasado de corrupción y de impunidad que imperó en el país. Acostumbrados a las tropelías de todo tipo, también contemplábamos, sin queja alguna, los abusos del poder. Se suponía que los que gobernaban lo podían todo porque lo controlaban todo. Daba igual que se fuera culpable o no, la mano poderosa del gobierno alcanzaba a su enemigo y “armaba el caso”.

Con el paso del tiempo vimos que el poder estaba repartido en varios sectores y que las posibilidades de la impunidad no estaban solamente del lado de los gobernantes. Los sindicatos en México son desde hace años sinónimos de corrupción, ineficiencia e impunidad. Cuestan enormes cantidades de dinero a los ciudadanos e impiden, por lo general, el avance y desarrollo en áreas sustantivas lo que los hace doblemente costosos.

Todos sabemos lo que cuestan, lo que hacen y lo que impiden hacer. Pero hay quienes, a pesar de saberlo, insisten en defender su existencia. Algún interés tendrán. Los pueden defender, pero a los ojos de todos quedará claro qué es lo que pretenden. Nada ganan defendiendo privilegios y canonjías; nada ganan al tratar de legitimar el chantaje como política sindical, ni al favorecer el dispendio del dinero de todos a favor de unos cuantos. Cuarenta y dos mil millones de pesos es mucho para que se lo reparta un sindicato. Por supuesto que terminan haciendo gimnasios y lienzos charros y a saber qué tantas otras cosas más. Con razón entre ellos dicen que “mataron a la gallina de los huevos de oro”.

Las escenas de apoyo al SME no parecen tener nada qué ver con lo laboral, tiene qué ver con la frustrada expresión política de un grupo con amplia capacidad de propaganda. Es el mismo grupo que viene de lejos, del pasado que más nos apena. Son ellos lo que insisten en ese torpe debate del pasado contra el futuro, los que insisten en que éramos mejores hace 30 años. Y son ellos los que han sobrevivido en los mismos lugares públicos desde hace tanto tiempo. Hay que reconocer que tienen habilidad.

Es claro que en México hay quienes luchan sin descanso por defender sus privilegios: hacen marchas, generan comunicados, visitan líderes, tienen legisladores, los apoyan partidos políticos y, por lo tanto, no dudan en gritar sus amenazas. La aprobación generalizada de la opinión pública a la medida tomada por el gobierno en el caso de Luz y Fuerza del Centro es una muestra de que hay decisiones que son buenas en lo general y que eso es precisamente lo que debe generar un gobierno: el bien común, por encima del privilegio de unos cuantos.

Autor: Juan Ignacio Zavala
juanignacio.zavala@milenio.com

lunes, 12 de octubre de 2009

LAS BUENAS CONCIENCIAS


MILENIO DIARIO
Acentos
Juan Ignacio Zavala
11 DE OCTUBRE DE 2009

La tentación de dominar sobre la vida de los demás se da de mil formas y en todas partes. No es algo que sea exclusivo de los gobiernos o de los padres de familia. Esta tentación por supuesto acompaña a quienes ejercen de alguna manera algún tipo opinión en el foro público.

Normalmente asociada a la derecha, la moralina, la voluntad de imponer criterios morales a los demás, en realidad se pasea por todas las corrientes ideológicas. En nuestro país es añeja la crítica que se hace a quienes son católicos y más aún si son de provincia, peor aún si son de Guanajuato, y la cosa se encarniza si son del PAN. Basta que algún panista diga algo sobre la vestimenta femenina o que diga lo que piensa sobre el aborto para que la izquierda “seudoprogre” que tenemos inunde los medios acusando fascismo, derechización, pensamiento “ultra”, nazis, nos quieren “guanajuatizar”. Hacen causa común contra lo que consideran una imposición moral.

Bien. En esta ocasión, la guanajuatización corre a cargo de un sector de la izquierda progre, que deja en claro con esta acción su vertiente fanática, su proclividad moralista y su vena autoritaria. La víctima es, ni más ni menos, que Gabriel García Márquez. ¿ Y dónde están esas buenas conciencias? Escondidas en la falsedad de su corrección política.

En un espléndido artículo titulado “La moral es asunto de tiempo” (MILENIO, 08/10/09), Eliseo Alberto explica parte de la censura a la filmación de Memoria de mis putas tristes. El director sería el danés Henning Carlsen, reconocido internacionalmente, y el guionista, el francés Jean-Claude Carriere, autor de guiones como Dantón, La insoportable levedad del ser, Cyrano de Bergerac, entre otros, nos dice Alberto. Pero para algunas ONG el asunto es inmoral porque trata de un anciano pederasta.

Lydia Cacho —que ha llevado a cabo luchas admirables— ha señalado con el dedo la novela y reprochado el intento de filmación de la película. Pero olvida que la literatura no está para dar lecciones de moral. Para eso está la religión o sus convicciones o lo que ella tome como bandera, precisamente, moral. ¿Qué sigue? ¿Los viejitos quemando libros de El amor en los tiempos del cólera? ¿Prohibir la Crónica de un secuestro, porque puede ser una apología del delito? ¿Suprimir la venta de La increíble y triste historia de la cándida Eréndira y su abuela desalmada? Es una menor que es prostituida por su abuelita… ¡Y ya hay película! Habrá que quemarla porque puede darle ideas a las abuelitas de qué hacer con sus nietecitas.

La censura es el paso previo a la dictadura. Los regímenes totalitarios empiezan, y no descansan, censurando libros y películas. No importa si es Hitler, Stalin o si es Fidel, prohibieron literatura por igual. Y como dice Rafael Pérez Gay, en cuestiones de literatura siempre hay que estar contra la realidad y a favor de la ficción.

Hay que dar esta batalla. La intolerancia sale igual desde la derecha que desde la izquierda. Ultras hay en todos lados y quieren imponernos su forma de pensar, de leer, y hasta de interpretar un texto. Cuidado. Han salido a la calle con sus antorchas. Son las buenas conciencias.

Autor: Juan Ignacio Zavala
juanignacio.zavala@milenio.com

viernes, 9 de octubre de 2009

EL ESTALLIDO SOCIAL


Hambre, pobreza, inseguridad, desempleo son algunos de los problemas a los que nos enfrentamos día a día en México. Según cifras oficiales, el número de pobres y desempleados se ha elevado dramáticamente en lo que va del año, la inseguridad sigue teniendo a los ciudadanos en alerta constante y el deterioro del poder adquisitivo de los mexicanos se hace cada vez más patente.

Diversas voces señalan, que debido a todo lo anterior, en el país están dadas las condiciones propicias para un estallido social. A primera vista, no parecería tan descabellada la idea de que la desesperación y el hartazgo, pudieran incitar a un levantamiento armado. Sin embargo, a los que advierten una respuesta violenta por parte del pueblo, se les olvida que apenas hace tres meses, ese mismo pueblo salió a las calles a emitir su voto de manera responsable y pacifica. Con ello, la ciudadanía apostó por la vía política, confiando en que aquellos que ahora son sus representantes en el poder, contribuirían con ideas y proyectos que consiguieran resolver gran parte de los males que aquejan al país.

Desgraciadamente, todo nos indica que el mensaje de civilidad ciudadana no ha sido valorado por la llamada “clase política”, ¿ejemplos? El pusilánime capitulo tragicómico de “Juanito”, la psicosis del asambleísta priísta Cristian Vargas, quien escudado en su fuero decide romper puertas y retar a golpes a quien no comparte sus ¿ideas?, las payasadas y bravuconadas del diputado federal por el Partido del Trabajo (PT) Fernández Noroña, la insensibilidad de López Obrador, que presencia como un auto que forma parte de su comitiva, arrolla y mata a un humilde campesino y el autoproclamado “presidente legitimo” prosigue su camino como si nada hubiera pasado, la dirigencia del Sindicato Mexicano de Electricistas históricamente corrupta e ineficiente, que exige ser reconocida, a pesar de haber cometido fraude en su elección interna y que marchan orgullosamente del brazo de pseudo lideres de izquierda, mientras amenazan con “bajar el switch” y dejar sin energía eléctrica a millones de ciudadanos.

Las muestras de inconciencia política abundan y en ellas se encuentra el verdadero detonante social, más desesperante que el hambre, la pobreza o el desempleo, es ver el denigrante espectáculo que todos los días nos muestran los que deberían trabajar para sacar al país de la terrible situación en que se encuentra, y son precisamente ellos y solamente ellos, los que con sus vergonzosas actitudes pueden provocar el tan mencionado estallido social.

Autor: Rubén Salazar
rubsalazare@gmail.com

jueves, 8 de octubre de 2009

CHANTAJE SINDICALIZADO


MILENIO DIARIO
Acentos
Juan Ignacio Zavala
07 DE OCTUBRE DE 2009

El chantaje, dicen los historiadores, no es el oficio más viejo que se conoce, pues ese lugar corresponde a la prostitución. Debe ser el tercero o el cuarto. Por lo tanto, el chantaje no es algo exclusivo de los mexicanos. Sin embargo, no podemos negar que en algunos rubros hemos logrado un lugar destacado en la materia. Normalmente ligado a la conducta ilícita de alguien, el chantaje logra grandes ganancias cuando el que lo ejerce carece de escrúpulos. De esta manera la delincuencia organizada o la mafia son muestra, ejemplo, de lo que es el chantaje a escala criminal.

En México, el chantaje de esta semana se llama: “Bajaremos el switch” y corre a cargo de Martín Esparza y una buena parte del Sindicato Mexicano de Electricistas (SME). Si no nos dan lo que exigimos, dejamos sin luz a la ciudad, deslizan en tono amenazante. Nosotros somos los que sabemos de este asunto, no en balde nos hemos heredado las plazas: aquí han trabado el abuelito y el nieto, afirman orgullosos de su control en el mercadeo de plazas. O se hace lo que decimos, que no tiene por qué no hacerse pues llevamos años en lo mismo, o les inundamos las avenidas, les sacamos mujeres y niños, les armamos un clima de violencia. Total, somos miles, advierten, mascullando la palabra sabotaje.

Son decenas de miles de millones de pesos los que se destinan cada año al SME. Hay cálculos que aseguran que ese sindicato recibe más que lo que le dan a la UNAM y al IPN juntos; 40 mil empleados y 23 mil jubilados. Trabajadores con índice de productividad bajísimo. Pero no se crea que en comparativos internacionales, sino nacionales. Con la CFE por ejemplo, se debe 20 veces el valor de la empresa; cada mexicano, incluidos bebés y ancianos, tiene que darle 400 pesos al año a la empresa, señaló ayer Federico Reyes Heroles.

“Yo gané la votación”; “me hicieron trampa”; “se unieron los poderes fácticos para afectarme”; “están coludidos con la plutocracia”; “me hicieron fraude”; “esta es una decisión de más arriba”; “se trata de favorecer las grandes trasnacionales”; “es parte de un programa para entregar al país a los intereses extranjeros”. ¿Cuánto tiempo llevamos escuchando las mismas consignas? —porque eso son, consignas que tienen que ver, ésas sí, con intereses políticos y causas extranjeras. Debemos asumir que estamos ante profesionales del chantaje.

Pocos temas unen a la llamada “comentocracia”. El chantaje permanente del SME es uno de ellos. Los mexicanos recibimos de Luz y Fuerza del Centro un servicio de ínfima calidad y carísimo. Pero más allá de lo que pagamos en el recibo es lo que estamos pagando en concesiones a un sindicato que ha hecho del cohecho, la canonjía y el chantaje parte de sus principios sindicales, pues han sido su modo de supervivencia. Es hora de bajarles el switch.

Autor: Juan Ignacio Zavala
juanignacio.zavala@milenio.com

lunes, 5 de octubre de 2009

ACTIVISTAS


MILENIO DIARIO
Acentos
Juan Ignacio Zavala
04 DE OCTUBRE DE 2009

La prensa nos informa que el “activista”—así le dicen en los medios de comunicación—
Ramsés Villarreal salió ayer del reclusorio. El joven estaba acusado de haber provocado las detonaciones con artefactos explosivos en sucursales bancarias y algunas tiendas.

El “activista” Villarreal contó en todo momento con el apoyo de sus compañeros —seguramente también “activistas”— fuera del reclusorio. Parece que Ramsés es un activista muy activo: en 2000 fue detenido por haber tomado la preparatoria 3 junto con otros 250 jóvenes. En esa ocasión fue acusado de sabotaje, robo específico con violencia, daño doloso en propiedad ajena, asociación delictuosa, terrorismo, despojo y lesiones dolosas.

En 2004 organizó la toma de la prepa 6 y fue expulsado de la Facultad de Economía por el Tribual universitario; en 2006 la UNAM lo acusó de daño en propiedad ajena. Además de lo anterior, nos hemos enterado que Ramsés Villarreal es simpatizante de otra “activista”: Lucía Morett, quien anduvo precisamente muy activa en la selva Colombiana con el grupo guerrillero de aquel país, que ahora la reclama en extradición acusándola de terrorismo.

Pero no son los únicos activistas… El viernes salieron otros a la calle y estuvieron muy activos. La actividad anual que más les gusta a los “activistas” es la conmemoración del 2 de octubre. Recordar a los estudiantes asesinados por el gobierno priista de ese entonces se ha convertido en el motivo ideal para cometer desmanes de cualquier tipo. No parece que el recuerdo de los estudiantes masacrados esté muy vivo entre los “activistas”. Y eso que hay personajes que participaron en aquel movimiento que están en la esfera pública. Por ejemplo, del lado de los estudiantes, Pablo Gómez es senador de la República. De los defensores de la masacre gubernamental está Porfirio Muñoz Ledo, que ahora es diputado de un partido que dice ser de izquierda, el PT.

Pero eso no importa a los “activistas”. Su marcha es el pretexto para que ellos puedan ejercer la violencia. En los videos de MILENIO Televisión de la marcha, uno puede ver a unas muchachas “activistas” gritando a la policía: “Éntrenle, putos” al tiempo que les arrojan proyectiles; “cuidado con la puta prensa de mierda”, advierte otro activista; “no caigan en la provocación”, grita uno carcajeandose; “pinches nazis” espetan otras chicas “activistas”.

El grupo de “activistas” Anarko-Punk parece estar harto de estudiar y participar en el desarrollo de tareas de corte intelectual, así que la emprendió contra establecimientos y contra la policía en una de las más acabadas actitudes del estudiantado nacional. Reciben apoyo de otros activistas: “Es un poco la ignorancia de la banda que está metida en el desmadre. El coraje y la rabia por la forma de vida que nos han asignado. Porque no hay acceso a la educación y lo único que les queda es golpear a la policía”. Esos, dicen los medios, son activistas.

Autor: Juan Ignacio Zavala
juanignacio.zavala@milenio.com

jueves, 1 de octubre de 2009

REUNIONES SECRETAS


MILENIO DIARIO
Acentos
Juan Ignacio Zavala
30 DE SEPTIEMBRE DE 2009

Uno de los aspectos más morbosos de la política son las reuniones en secreto. El manejo del poder, los conciliábulos, las políticas palaciegas, las negociaciones, son parte no sólo de la política, sino también del imaginario colectivo en torno a ella. Mientras más públicos los personajes, más relevantes las reuniones que sostienen; mientras más distantes los personajes, más interés en las reuniones.

Nos hemos enterado en esta semana de un par de reuniones cuyo contenido es secreto. Una de ellas es la del malogrado Juanito. ¿Qué pasó en la reunión que sostuvo con el jefe de Gobierno, Marcelo Ebrard? No lo sabemos. Y si ninguno de los participantes en la reunión se decide a hablar sobre el contenido, no lo sabremos nunca.

Como no hay información, el terreno lo gana la especulación. Por eso quedan en el espacio público las mil y una especulaciones. ¿Amenazaron a Juanito? ¿Le sacaron el expediente de su pasado? ¿Le expusieron un escenario intransitable en el futuro al que será por unas horas delegado de Iztapalapa? ¿Venció Andrés Manuel a Marcelo? ¿Negoció Marcelo el apoyo de Iztapalapa con la Clarita? ¿Fue una decisión del PRD contra el PT?

En fin, que las preguntas sobran cuando de secretos se trata. Más aún si se toma en cuenta cómo se anunció el resultado de la reunión. Ese día nos amanecimos con fotos en los medios que mostraban al inefable Juanito enseñando su musculatura junto con profesionales del fisicoculturismo; y no sólo eso, también salía con “las muchachas”, como él les dijo, mujeres que mostraban en el cuerpo el resultado del ejercicio físico. Más fuerte que nuca, parecía anunciar el hombre que fue el foco de los medios en los últimos meses.

Sin embargo, al salir de la reunión con Ebrard, el “todo músculo” informó a la opinión pública que pediría licencia apenas tome protesta como delegado. Y no sólo eso: nos dijo que había logrado la paz en la demarcación, también una buena negociación y que, además, la salud era primero y que él había tenido dos infartos. Qué sanote. A saber qué pasó en la reunión.

La otra reunión —reuniones— es la que dijo Salinas de Gortari que sostuvo con el diputado Javier Corral. El diputado alega que él jamás pidió reunión alguna con Salinas, que las tres se dieron a instancias de terceras personas. Todo parece indicar que el diputado es muy solícito con quien le pide reuniones, más aún si se trata de personajes. Si Fidel Castro solicita que se reúna con Salinas, hay que ir (sin importar quién es Fidel y quién es Salinas); si un amigo en común se lo pide, también hay que ir. ¿Por qué Fidel Castro se lo pide y por qué accede Corral?

Al igual que con Juanito, quedan muchas preguntas. Por ejemplo, ¿si Salinas está contra Televisa, entonces es un hombre comprometido con los intereses de la República? Si está en contra, ¿es el capo de todos los capos, como dijo el diputado Corral? ¿Fidel Castro legitima una reunión, o las tres? ¿Se vale reunirse con el “capo de capos” solamente para hablar sobre temas de comunicación? En fin, como en el otro caso, a saber qué pasó en las reuniones.

Autor: Juan Ignacio Zavala
juanignacio.zavala@milenio.com