lunes, 12 de octubre de 2009

LAS BUENAS CONCIENCIAS


MILENIO DIARIO
Acentos
Juan Ignacio Zavala
11 DE OCTUBRE DE 2009

La tentación de dominar sobre la vida de los demás se da de mil formas y en todas partes. No es algo que sea exclusivo de los gobiernos o de los padres de familia. Esta tentación por supuesto acompaña a quienes ejercen de alguna manera algún tipo opinión en el foro público.

Normalmente asociada a la derecha, la moralina, la voluntad de imponer criterios morales a los demás, en realidad se pasea por todas las corrientes ideológicas. En nuestro país es añeja la crítica que se hace a quienes son católicos y más aún si son de provincia, peor aún si son de Guanajuato, y la cosa se encarniza si son del PAN. Basta que algún panista diga algo sobre la vestimenta femenina o que diga lo que piensa sobre el aborto para que la izquierda “seudoprogre” que tenemos inunde los medios acusando fascismo, derechización, pensamiento “ultra”, nazis, nos quieren “guanajuatizar”. Hacen causa común contra lo que consideran una imposición moral.

Bien. En esta ocasión, la guanajuatización corre a cargo de un sector de la izquierda progre, que deja en claro con esta acción su vertiente fanática, su proclividad moralista y su vena autoritaria. La víctima es, ni más ni menos, que Gabriel García Márquez. ¿ Y dónde están esas buenas conciencias? Escondidas en la falsedad de su corrección política.

En un espléndido artículo titulado “La moral es asunto de tiempo” (MILENIO, 08/10/09), Eliseo Alberto explica parte de la censura a la filmación de Memoria de mis putas tristes. El director sería el danés Henning Carlsen, reconocido internacionalmente, y el guionista, el francés Jean-Claude Carriere, autor de guiones como Dantón, La insoportable levedad del ser, Cyrano de Bergerac, entre otros, nos dice Alberto. Pero para algunas ONG el asunto es inmoral porque trata de un anciano pederasta.

Lydia Cacho —que ha llevado a cabo luchas admirables— ha señalado con el dedo la novela y reprochado el intento de filmación de la película. Pero olvida que la literatura no está para dar lecciones de moral. Para eso está la religión o sus convicciones o lo que ella tome como bandera, precisamente, moral. ¿Qué sigue? ¿Los viejitos quemando libros de El amor en los tiempos del cólera? ¿Prohibir la Crónica de un secuestro, porque puede ser una apología del delito? ¿Suprimir la venta de La increíble y triste historia de la cándida Eréndira y su abuela desalmada? Es una menor que es prostituida por su abuelita… ¡Y ya hay película! Habrá que quemarla porque puede darle ideas a las abuelitas de qué hacer con sus nietecitas.

La censura es el paso previo a la dictadura. Los regímenes totalitarios empiezan, y no descansan, censurando libros y películas. No importa si es Hitler, Stalin o si es Fidel, prohibieron literatura por igual. Y como dice Rafael Pérez Gay, en cuestiones de literatura siempre hay que estar contra la realidad y a favor de la ficción.

Hay que dar esta batalla. La intolerancia sale igual desde la derecha que desde la izquierda. Ultras hay en todos lados y quieren imponernos su forma de pensar, de leer, y hasta de interpretar un texto. Cuidado. Han salido a la calle con sus antorchas. Son las buenas conciencias.

Autor: Juan Ignacio Zavala
juanignacio.zavala@milenio.com

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