miércoles, 14 de octubre de 2009

LA DEFENSA DE LOS PRIVILEGIOS


MILENIO DIARIO
Acentos
Juan Ignacio Zavala
14 DE OCTUBRE DE 2009

Pocas cosas unen tanto y dan tanta satisfacción en este país como el fin de los privilegios. No podemos negar que somos una nación que ha crecido por generaciones en la educación del privilegio en todos los niveles: privilegios políticos, empresariales, sindicales, culturales, deportivos. No hay área que la cultura priista del pasado, en sus 70 años de predominio, no haya tocado.

El fin de los privilegios es y ha sido un pendiente de reivindicación de nuestra reciente vida democrática. Son muchas voces las que de manera constante y persistente han reclamado más que una acción de justicia, un evento justiciero que pueda ajustar cuentas con el pasado de corrupción y de impunidad que imperó en el país. Acostumbrados a las tropelías de todo tipo, también contemplábamos, sin queja alguna, los abusos del poder. Se suponía que los que gobernaban lo podían todo porque lo controlaban todo. Daba igual que se fuera culpable o no, la mano poderosa del gobierno alcanzaba a su enemigo y “armaba el caso”.

Con el paso del tiempo vimos que el poder estaba repartido en varios sectores y que las posibilidades de la impunidad no estaban solamente del lado de los gobernantes. Los sindicatos en México son desde hace años sinónimos de corrupción, ineficiencia e impunidad. Cuestan enormes cantidades de dinero a los ciudadanos e impiden, por lo general, el avance y desarrollo en áreas sustantivas lo que los hace doblemente costosos.

Todos sabemos lo que cuestan, lo que hacen y lo que impiden hacer. Pero hay quienes, a pesar de saberlo, insisten en defender su existencia. Algún interés tendrán. Los pueden defender, pero a los ojos de todos quedará claro qué es lo que pretenden. Nada ganan defendiendo privilegios y canonjías; nada ganan al tratar de legitimar el chantaje como política sindical, ni al favorecer el dispendio del dinero de todos a favor de unos cuantos. Cuarenta y dos mil millones de pesos es mucho para que se lo reparta un sindicato. Por supuesto que terminan haciendo gimnasios y lienzos charros y a saber qué tantas otras cosas más. Con razón entre ellos dicen que “mataron a la gallina de los huevos de oro”.

Las escenas de apoyo al SME no parecen tener nada qué ver con lo laboral, tiene qué ver con la frustrada expresión política de un grupo con amplia capacidad de propaganda. Es el mismo grupo que viene de lejos, del pasado que más nos apena. Son ellos lo que insisten en ese torpe debate del pasado contra el futuro, los que insisten en que éramos mejores hace 30 años. Y son ellos los que han sobrevivido en los mismos lugares públicos desde hace tanto tiempo. Hay que reconocer que tienen habilidad.

Es claro que en México hay quienes luchan sin descanso por defender sus privilegios: hacen marchas, generan comunicados, visitan líderes, tienen legisladores, los apoyan partidos políticos y, por lo tanto, no dudan en gritar sus amenazas. La aprobación generalizada de la opinión pública a la medida tomada por el gobierno en el caso de Luz y Fuerza del Centro es una muestra de que hay decisiones que son buenas en lo general y que eso es precisamente lo que debe generar un gobierno: el bien común, por encima del privilegio de unos cuantos.

Autor: Juan Ignacio Zavala
juanignacio.zavala@milenio.com

No hay comentarios:

Publicar un comentario