A mi hermano Mauricio por su apoyo incondicional. Gracias
Faltan poco menos de ocho meses para las elecciones y ya empezamos a sufrir la invasión de precandidatos que intentan llegar a la presidencia de la republica.
Aun cuando las leyes electorales no permiten hacer campañas, los políticos interesados en habitar los pinos a partir del próximo año, se hacen los aparecidos en cualquier evento en donde se halle una cámara y/o micrófono. El motivo es el de menos, puede ser una comida de empresarios, una reunión de académicos, una función de box y en una de esas hasta los quince años de alguna muchacha en Netzahualcóyotl. Lo importante en ese momento es sonreír, abrazar viejitos y escupir incoherencias.
Y es que para hacerse notar, los “suspirantes” son capaces de cualquier barbaridad. Se ponen sombreros que ni los que se los regalan los usarían, comen tacos de dudosa procedencia con trabajadores de la construcción, suben al transporte público sin saber cuanto cuesta el boleto, patean balones de futbol con las dos piernas al mismo tiempo y bailan cumbias con señoras y señores de la tercera edad.
Asimismo, su forma de vestir cambia súbitamente a partir de que toman la decisión de lanzarse a “la grande” (sin albur), se quitan las corbatas, se despeinan un poco, se arremangan las camisas, usan jeans y se abrochan un reloj marca “patito” con la finalidad de parecer “ciudadanos de a pie”. Lo malo para ellos es que no recuerdan el dicho que reza: “aunque la mona se vista de seda, mona se queda”.
Pero eso no es todo, para aumentar su popularidad, los susodichos se hacen acompañar de personajes “famosos” con lo que suponen ayudará para que el electorado les apoye. Pueden tener la “brillante” idea de contratar a un cómico para que con la voz de “Benito Bodoque” solicite el apoyo para el redentor de la patria, se hacen entrevistar por un futbolista que apenas y sabe pronunciar su nombre, se casan con la actriz protagonista de algún drama televisivo y se retratan con algún miembro de la socialité para aparecer en la portada de alguna revista cursi.
Si el día de mañana un perro es el personaje más famoso en los medios de comunicación, probablemente los veríamos dándole croquetas en la boca.
Sin embargo, lo peor viene cuando de hablar se trata. Para empezar, en los deportes todos son expertos. Opinan de futbol, beisbol, patinaje artístico y lanzamiento de jabalina, (Claro, siempre y cuando algún equipo o atleta mexicano consiga un triunfo).
En lo económico, la diversidad de balbuceos es infinita, va desde aquel que piensa que se puede vivir a toda madre con seis mil pesos al mes, otro que ofrece repartir al pueblo las reservas monetarias del país al más puro estilo de Robin Hood (Lo que nos hace preguntar ¿y cuando se acaben? Seguramente y con gran sabiduría nos contestará, “pues ya veremos como le hacemos, para eso tenemos a la morenita del Tepeyac que siempre nos ayuda”) y uno más que propone “solidificar la estructura monetaria que envuelve los mercados internacionales y que producen los altibajos mercantiles” (¿quééééééééé?).
En fin, esto es sólo el principio, imagine usted amable lector la cantidad de barbaridades que nos tendremos que “soplar” de aquí y hasta julio del año venidero.
Hasta la próxima…
Autor: Rubén Salazar
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