Lo anterior viene a
colación debido a la elección del
cardenal argentino Jorge Mario Bergoglio (Francisco), como nuevo Papa de la iglesia católica y
los comentarios que ha provocado su designación.
Es verdad que los
escándalos de abusos sexuales por parte de integrantes de la curia han dado
como resultado indignación en la sociedad, y que aún queda pendiente el castigo
a la mayoría de los responsables y encubridores de tan abominables actos. Sin embargo,
el pensar que todos los sacerdotes son delincuentes sexuales tal y como lo
promueven algunos sectores de la opinión pública me parece una idea demencial.
Adicionalmente, he
leído con cierto asombro la opinión de diversos personajes que se lamentan por
el hecho de que el debutante pontífice no sea “liberal”. Quiero suponer que
esto se debe más a un deseo que a una vacilada, y es que está por demás decir
que dentro de la iglesia no existe tal cosa, pues la esencia del catolicismo se
basa precisamente en ideologías conservadoras que en algunos temas pueden rayar
en el extremismo. Por supuesto que hay diversas corrientes de pensamiento, unas
más y otras menos moderadas, pero a fin de cuentas todas ellas tienen un común
denominador en temas que los intelectuales “liberales” promueven; el aborto, la
homosexualidad y el sacerdocio femenino son y serán siempre rechazadas por las
autoridades vaticanas.
Pero en otro tenor está
el hecho de que Francisco provenga de Argentina. Aquí es importante rescatar
algunos detalles de carácter social, político y económico que ocurrieron
durante los 2 pontificados anteriores relacionándolos con el origen de quienes
los dirigieron.
En primer lugar está
Juan Pablo II. Al ser nombrado como Papa, su país natal, Polonia, al igual que
una buena parte de naciones de la Europa Oriental, se encontraba bajo la tutela
de la desaparecida Unión Soviética. Durante años, diversos movimientos
independentistas en esa zona del mundo fueron reprimidos brutalmente por el
régimen militar soviético, esto en gran medida justificado por la llamada
“guerra fría” con los Estados Unidos.
Lo interesante de lo
ocurrido en el periodo papal de Juan Pablo II, es que Polonia logró tener su
primera elección democrática en décadas, el muro de Berlín cayó y la Unión
Soviética se desintegró. Con esto no quiero decir que todo sobrevino gracias al
llamado “Papa viajero”, pero es indudable que jugó un papel protagónico en esa
etapa de la historia no sólo europea sino mundial.
En segundo lugar
tenemos al ahora retirado Benedicto XVI. A él le tocó vivir como máximo jerarca
católico una de las peores crisis económicas que ha padecido el mundo. En 2008,
potencias financieras como los Estados Unidos y la Comunidad Económica Europea,
temblaron ante la caída de los mercados. Las subsecuentes recesiones provocaron
que millones de personas alrededor del orbe perdieran sus empleos, se
encarecieron los alimentos y se percibió un creciente descontento social. Pero
dentro de todo el caos provocado por la crisis del dinero, emergió una poderosa
nación que hoy en día comanda los capitales de los países europeos, Alemania. Sí,
la Alemania que vio nacer a Joseph Ratzinger y que décadas después se convertiría
en Papa.
¿Coincidencias? Lo
dudo, más bien fue la habilidad política de quienes ostentaron el poderoso
cargo de representar a la religión más influyente y con mayor número de adeptos
a nivel mundial.
Por lo anterior, sería
bueno empezar a vislumbrar que gran parte del mundo empezará a voltear no sólo
a Argentina sino a toda Latinoamérica, que en base a eso y a los oficios que
pueda llegar a tener Francisco I, se abre una muy buena oportunidad para el
crecimiento de la zona geopolítica y para que ello ocurra, los líderes de la
misma tendrán que provocar acercamientos que vayan más allá de la misión
evangelizadora que seguramente tendrá como prioridad el nuevo ocupante de los
aposentos papales.
Indiscutiblemente se
abre una nueva era, la era de Francisco, que con o sin detractores, con o sin
adeptos, con o sin el entendimiento de que es un líder político y espiritual
para millones de personas, tendrá la enorme carga de ser el primer Papa
Americano de la historia.
Las primeras piedras ya
han sido lanzadas, ya veremos si alguna de ellas da en el blanco o es regresada
con mayor fuerza hacia quienes las arrojaron. Al tiempo, sí, al tiempo.
Autor:
Rubén Salazar Espino
Twitter:
@Ruben_Salazar

