lunes, 19 de septiembre de 2011

MÁS NADA QUE PERDER


Esta noche me siento parte de algo, la lluvia calma mi ser.
Esta noche me siento fuera de mí, la lluvia es mi confidente.
Esta noche, he salido a dar un largo paseo por la ciudad y me he topado con toda clase de seres deambulando por la calle.
Esto hizo preguntarme a mí mismo: ¿Qué es lo que estas criaturas pensaran cuando las miro?, ¿Sera acaso que mi mirada les provoque asco, les dará miedo? ¿O se sentirán acaso molestos o afortunados?
Estas preguntas no son difíciles de responder, pues solo se necesita observar como es que esa persona te regresa la mirada y como muchos pensaran, esto no es un poder sobrenatural, no es cosa del diablo, es solo el saber interpretar.

Esta noche a mitad de mi recorrido nocturno, bajo esta lluvia que agrada y no molesta, me he topado con una linda dama, de esta chica pude discernir sus deseos de lujuria, ya que al regresarme la mirada sus deseos lascivos salieron sin el menor control, la forma en como ella mordía sus labios y tocaba su entre pierna. Acción, que supongo, realizo instintivamente. Este coctel de acciones demostró sus deseos carnales hacía mi persona, yo de manera inmutable seguí mi camino, pero apenas una cuadras atrás mientras me preguntaba ¿Qué es lo que ella vio en mi?, algo extraño presupuse, ya que el amor en mi vida es fugaz y solo esta presente el tiempo suficiente para herir con sus garras, esta duda inunda mi ser, me llena de esperanza e ilusiones huecas; ya que al final nada cambió.

Esta noche, sigo siendo el mismo ser que se le niega el amor, por una infinidad de razones desde la estética hasta la inestabilidad, donde hasta este momento no he encontrado lo que muchos llaman mi pareja ideal, ya que al final creo que el hombre se conforma con lo que mejor se ajuste a sus necesidades inmediatas. Y es acaso ¿qué por buscar a mi pareja ideal soy una mala persona?, soy malo porque a diferencia de muchos no me conformo con lo primero que veo, porque de ser así la soledad seria mi mejor opción: ella no te critica, te reclama, te ínsita o te fastidia.

En esta noche, después de esta larga reflexión, sin quererlo, me di cuenta de que la chica con la que me tope apenas unas calles atrás puede ser esa chica que eh buscado, pues aunque la soledad es buen confidente, no es una buena amante.
Sin perder tiempo regrese en la búsqueda de esa chica y apenas unas cuadra delante de mi mire a la chica que se le notaba un semblante reflexivo y sin previo aviso su mirada penetra la mía y supuse lo peor… Ella comparte mi forma de ver la vida, ella y yo somos las dos caras de un espejo.
En esta noche, bajo esta lluvia tóxica, donde encontré la razón del porque me siento parte de algo, donde me siento fuera de mí, la lluvia me a recompensado con un amor tóxico.

Autor: Emmanuel Del Campo

miércoles, 14 de septiembre de 2011

SEPTIEMBRE 11 (10 AÑOS)


A quienes sueñan con un mundo mejor.


-¿No quieres que te platique más de la historia de Salvador Allende?- Era la cuarta vez en los últimos 9 minutos, que mi compañero de trabajo en el restaurante de comida vegetariana me lo preguntaba. De origen chileno, Gabriel tenía 11 meses viviendo en Nueva York, había logrado conseguir el trabajo de ayudante de cocinero gracias a su mediano conocimiento del idioma inglés, pero sobretodo, a su carácter extrovertido con el cual se ganó la simpatía del gerente que de inmediato lo contrató.

Aquella mañana, me había despertado, percatándome de que había dormido con el televisor encendido y sintonizado en un canal de videos musicales.
Mientras iniciaba el tortuoso proceso para levantarme de la cama, logre distinguir la ronca voz de Bruce Springsteen que entonaba: Born in the U.S.A, I was born in the U.S.A.... Miré el reloj y decidí esperar a que Bruce terminara de decirme por enésima vez, que él nació en el país que desde hacía 4 años y 5 meses era mi hogar.

Cómo casi todos los días, encontré a Gabriel en la esquina de Murray Street y Brodway, devoraba un pastelillo de chocolate que acompañaba sorbiendo un hirviente café con crema. Nos saludamos e iniciamos el recorrido habitual rumbo al restaurante, éramos los empleados más jóvenes (22 años) y diariamente atendíamos a poco más de 100 personas. Lo único distinto en ese día, era la visita relámpago a la iglesia de San Nicolás.
Desde una semana antes, Gabriel me anticipó que ese día pararíamos ahí, para orar por el eterno descanso de Salvador Allende a cambio de invitar a sus amigas al festejo del día de la Independencia de mi país, que se celebraría el 15 de Septiembre. Al dar la vuelta en Barclay, escuché nuevamente de labios del apasionado seguidor del equipo de fútbol Colo Colo, la historia del golpe de estado en 1973, el suicidio de Allende en el palacio de la Moneda, que ese día se conmemoraba el 28 aniversario de la toma del poder en Chile por parte de Pinochet y como los chilenos admiraban a quien consideraban el más grande símbolo de la democracia en su país.

Mientras mi acompañante manoteaba efusivamente, sentí en mi rostro el clásico golpe de aire frío y húmedo de Manhattan. El cual, me hizo voltear la mirada hacia arriba y contemplar el vuelo de un grupo de aves que parecían huir del trajín matutino de la gran manzana, al tiempo que un camión de bomberos, cruzaba Church Street a toda velocidad.

En la entrada de la oficina postal, se podía distinguir al vagabundo de siempre, que con su maltratada cartulina nos anunciaba el fin del mundo. El reloj marcaba las 8 horas con 45 minutos.
Sólo un minuto más tarde, el potente sonido de las turbinas de un avión, interrumpió nuestro andar. A continuación, la explosión que paraliza, el silencio que asusta, los escombros que matan, el polvo que ciega, el caos de la incertidumbre, los recuerdos de la niñez, el beso en la frente de mi madre, el abrazo protector de mi padre, la despedida familiar en México y el sueño americano.

Quiero correr pero mis piernas no responden, ¡Se estrello el avión en la Torre!, ¡Estamos a un lado de la Torre! Alcanza a decirme la poca cordura que me queda, ¡Gabriel!, ¿Dónde está Gabriel? La fuerza de la amistad forjada a base de soportar juntos la difícil lucha cotidiana, me hace recuperar los sentidos. Lo busco a tientas, pues el humo y el polvo no me permiten ver nada, trato de encontrarlo. No sé cuanto tiempo ha pasado. Escucho gritos desgarradores, que se mezclan con el aullar de las sirenas. De entre la destrucción, distingo la silueta de un policía, corro hacía él para solicitarle ayuda. De pronto, otra explosión, el policía toma mi brazo y me aleja corriendo.
Miró detrás sabiendo que nunca más, mi amigo me platicará la historia del 11 de Septiembre chileno.

Hoy, a 10 años de la más grande tragedia en los Estados Unidos de América, estoy en camino hacía la iglesia de San Nicolás, de la mano de mi pequeño hijo de 5 años llamado Gabriel. Ofrendaremos 2 oraciones, una por mi entrañable compañero y otra por Allende.

Hasta la próxima.

Autor: Rubén Salazar
rubsalazare@gmail.com