“Debemos comenzar aceptando que vivimos
en un país surrealista”, esta frase era citada por mi padre
cuando en las reuniones familiares se conversaba acerca de algún tópico relevante
acaecido en la vida nacional.
No cabe duda que, como en muchas otras afirmaciones, los hechos pasados y
presentes que cotidianamente atestiguamos en México, le conceden la razón a mi
viejo.
Uno de los temas que mejor reflejan esa ilógica realidad mexicana que mi padre describía con entusiasmo, siempre ha sido la política, pues al pretender analizar y/o comprender el comportamiento de los personajes que ejercen dicha actividad, siempre nos topamos con situaciones que rayan en lo inverosímil, incluido el actuar de esa abstracta entidad a la que ciertos intelectuales etiquetaron pomposamente como: “sociedad civil”.
De lo anteriormente comentado tomaremos como ejemplo lo que nos dejó la
reciente jornada electoral, en la que los mexicanos resolvimos quién ocupará la
silla presidencial además de votar por las personas que se harán cargo de
encabezar ciertas gubernaturas, presidencias municipales y espacios
legislativos.
Y es que como es costumbre cada que se celebran elecciones, queda en el anecdotario una enorme cantidad de material para escribir, conversar y/o debatir respecto a lo que ocurrió previamente, durante y después del instante en el que se contaron los votos para decretar a los ganadores.
Así que con base en tal contexto, iniciaré con un breve resumen de incongruencias que considero sobresalientes.
En primer lugar es inevitable referirme a la designación de Xóchitl Gálvez como candidata presidencial, y es que al intentar entender el por qué a la señora Gálvez se le encomendó la tarea de contender en la carrera para alcanzar la Presidencia de la República, honestamente solo puedo imaginar a los jerarcas de los partidos políticos de la amorfa coalición opositora teniendo intensas deliberaciones para encontrar a la figura que les certificara la derrota electoral más escandalosa en la historia moderna de México.
Si lo que conjeturo de manera aventurada resultara ser verdad (por más
fantástico que parezca, créanme que todo es posible en la política nacional), no
hay duda de que doña Xóchitl les llevó a conseguir un éxito rotundo en la meta perdedora
que se trazaron.
Ante ello, solo quedaría expresar de manera sincera: ¡Felicidades señores dirigentes de la oposición y amigos que les acompañaron!
Otra incoherencia a resaltar es la incomprensible conjetura de un sector de
la sociedad acerca de que la otrora colaboradora del exótico expresidente
Vicente Fox, tenía oportunidad de ser la ungida por el pueblo para portar la
banda tricolor.
Tal conjunto del electorado que afirmaba sin chistar que el partido en el
Gobierno sería vencido, hoy debe asimilar el hecho de que el país es muchísimo
más complejo y amplio que el contexto social en el que suponen vivir, el cual
conjeturan constituye el sentir y pensar de la mayoría de los mexicanos,
A ese pequeño grupo de la sociedad se les reventó de manera estruendosa la burbuja que crearon para dar rienda suelta a su clasismo y racismo; sin embargo, lo que quedó al descubierto fue el escenario en el que se hace patente el error de pensar que la sociedad se puede englobar en su reducido universo.
Ese núcleo de fallidos pronosticadores está integrado por personas muy semejantes en su cuadrada ideología política y en la manera en que interpretan el entorno de un país en el que, contrario a su limitada visión, coexisten distintas realidades que abarcan todo un conglomerado de inequitativas oportunidades, diversas necesidades de vida y, sobre todo, incompatibles visiones acerca de cómo les afectan o benefician las decisiones de los gobernantes en turno.
Adicionalmente, existe una frívola motivación para el sector ciudadano que profesa un odio desmedido e incomprensible hacia todo lo que simboliza el actual presidente Andrés Manuel López Obrador. El incentivo al que me refiero es el declarar abiertamente predilección por entidades políticas que se encuentran en el espectro de la Derecha ideológica, para, a través de ello, recibir la aprobación del colectivo social que intrépidamente se autodefine como “pudiente, inteligente e informado”. Es decir que el emitir la simpatía por la candidata de oposición fue un requisito básico para integrarse a los chats “fifís” de WhatsApp.
Lo curioso de tal actitud política para escalar en la pirámide del estatus social, es el hecho de que de acuerdo a las estadísticas que diversos investigadores han hecho públicas acerca de los ambientes socioeconómicos de los votantes, se puede aseverar que al cobijo de la soledad que proporciona la mampara, un importante número de personas que aseguraban sufragarían en favor de Xóchitl Gálvez en realidad tacharon en la boleta el nombre de Claudia Sheinbaum.
Así que si usted es parte del grupo “pudiente, inteligente e informado”, es muy probable que haya sido engañado por alguien cercano, pues centenares de personas que, para no ser excluidas del círculo “fifí” se decían opositoras a MORENA, se quitaron el disfraz al ingresar a las casillas y resultaron ser “chairos” de closet.
Por último, no puede quedar fuera la casi cómica actitud de los aniquilados en las urnas al salir ante los medios de comunicación para, de manera grotesca, aseverar que con base en sus encuestas habían triunfado en la contienda presidencial así como el haber obtenido la conquista de al menos 5 gubernaturas.
La desfachatez con la que proporcionaron a la ciudadanía sus cifras apócrifas fue más que obscena, pues pareciera que su propósito era el de burlarse de quienes percibíamos sus simulados rostros de alegría y escuchábamos sus quimeras con el estupor que causa el presenciar los tremores finales de quien está en plena agonía.
Podría continuar enunciando situaciones propias de un libro de Kafka pero evitaré convertir esta columna en un ensayo. Sin embargo, no puedo dejar de reconocer que el surrealismo con el que mi padre argumentaba el acontecer mexicano, una vez más quedó de manifiesto en la más reciente disputa para gobernar a una sociedad a la que no se le debe subestimar a la hora de solicitar sus votos.
La soberbia, el clasismo, las frases arcaicas, el intento de imposición de pensamiento y las “fake news” utilizadas por los afines a la oposición resultaron ser un bumerang que les retorno y golpeó en pleno rostro. Por su parte, los partidos políticos adversarios a López Obrador y su movimiento han cosechado lo que sembraron a lo largo de los años, pues los agravios hacia el pueblo, así como la corrupción e ineficacia que demostraron en los tiempos en que estuvieron al frente del poder ejecutivo les han costado algo más que la derrota en las urnas.
El gobierno que encabezará la primera mujer Presidenta en la historia, no
solo de México sino de Norteamérica, tendrá que ser vigilado y juzgado por los
mismos que le dieron su apoyo, pues los contrapesos políticos han quedado
reducidos a un membrete sin valor.
Hasta la próxima



