viernes, 28 de junio de 2024

México, país surrealista



“Debemos comenzar aceptando que vivimos en un país surrealista”
, esta frase era citada por mi padre cuando en las reuniones familiares se conversaba acerca de algún tópico relevante acaecido en la vida nacional.

No cabe duda que, como en muchas otras afirmaciones, los hechos pasados y presentes que cotidianamente atestiguamos en México, le conceden la razón a mi viejo.

Uno de los temas que mejor reflejan esa ilógica realidad mexicana que mi padre describía con entusiasmo, siempre ha sido la política, pues al pretender analizar y/o comprender el comportamiento de los personajes que ejercen dicha actividad, siempre nos topamos con situaciones que rayan en lo inverosímil, incluido el actuar de esa abstracta entidad a la que ciertos intelectuales etiquetaron pomposamente como: “sociedad civil”.

De lo anteriormente comentado tomaremos como ejemplo lo que nos dejó la reciente jornada electoral, en la que los mexicanos resolvimos quién ocupará la silla presidencial además de votar por las personas que se harán cargo de encabezar ciertas gubernaturas, presidencias municipales y espacios legislativos.

Y es que como es costumbre cada que se celebran elecciones, queda en el anecdotario una enorme cantidad de material para escribir, conversar y/o debatir respecto a lo que ocurrió previamente, durante y después del instante en el que se contaron los votos para decretar a los ganadores.

Así que con base en tal contexto, iniciaré con un breve resumen de incongruencias que considero sobresalientes.

En primer lugar es inevitable referirme a la designación de Xóchitl Gálvez como candidata presidencial, y es que al intentar entender el por qué a la señora Gálvez se le encomendó la tarea de contender en la carrera para alcanzar la Presidencia de la República, honestamente solo puedo imaginar a los jerarcas de los partidos políticos de  la amorfa coalición opositora teniendo intensas deliberaciones para encontrar a la figura que les certificara la derrota electoral más escandalosa en la historia moderna de México.

Si lo que conjeturo de manera aventurada resultara ser verdad (por más fantástico que parezca, créanme que todo es posible en la política nacional), no hay duda de que doña Xóchitl les llevó a conseguir un éxito rotundo en la meta perdedora que se trazaron.

Ante ello, solo quedaría expresar de manera sincera: ¡Felicidades señores dirigentes de la oposición y amigos que les acompañaron!

Otra incoherencia a resaltar es la incomprensible conjetura de un sector de la sociedad acerca de que la otrora colaboradora del exótico expresidente Vicente Fox, tenía oportunidad de ser la ungida por el pueblo para portar la banda tricolor.

Tal conjunto del electorado que afirmaba sin chistar que el partido en el Gobierno sería vencido, hoy debe asimilar el hecho de que el país es muchísimo más complejo y amplio que el contexto social en el que suponen vivir, el cual conjeturan constituye el sentir y pensar de la mayoría de los mexicanos,

A ese pequeño grupo de la sociedad se les reventó de manera estruendosa la burbuja que crearon para dar rienda suelta a su clasismo y racismo; sin embargo, lo que quedó al descubierto fue el escenario en el que se hace patente el error de pensar que la sociedad se puede englobar en su reducido universo.

Ese núcleo de fallidos pronosticadores está integrado por personas muy semejantes en su cuadrada ideología política y en la manera en que interpretan el entorno de un país en el que, contrario a su limitada visión, coexisten distintas realidades que abarcan todo un conglomerado de inequitativas oportunidades, diversas necesidades de vida y, sobre todo, incompatibles visiones acerca de cómo les afectan o benefician las decisiones de los gobernantes en turno.

Adicionalmente, existe una frívola motivación para el sector ciudadano que profesa un odio desmedido e incomprensible hacia todo lo que simboliza el actual presidente Andrés Manuel López Obrador. El incentivo al que me refiero es el declarar abiertamente predilección por entidades políticas que se encuentran en el espectro de la Derecha ideológica, para, a través de ello, recibir la aprobación del colectivo social que intrépidamente se autodefine como “pudiente, inteligente e informado”. Es decir que el emitir la simpatía por la candidata de oposición fue un requisito básico para integrarse a los chats “fifís” de WhatsApp.

Lo curioso de tal actitud política para escalar en la pirámide del estatus social, es el hecho de que de acuerdo a las estadísticas que diversos investigadores han hecho públicas acerca de los ambientes socioeconómicos de los votantes, se puede aseverar que al cobijo de la soledad que proporciona la mampara, un importante número de personas que aseguraban sufragarían en favor de Xóchitl Gálvez en realidad tacharon en la boleta el nombre de Claudia Sheinbaum.

Así que si usted es parte del grupo “pudiente, inteligente e informado”, es muy probable que haya sido engañado por alguien cercano, pues centenares de personas que, para no ser excluidas del círculo “fifí” se decían opositoras a MORENA, se quitaron el disfraz al ingresar a las casillas y resultaron ser “chairos” de closet.

Por último, no puede quedar fuera la casi cómica actitud de los aniquilados en las urnas al salir ante los medios de comunicación para, de manera grotesca, aseverar que con base en sus encuestas habían triunfado en la contienda presidencial así como el haber obtenido la conquista de al menos 5 gubernaturas.

La desfachatez con la que proporcionaron a la ciudadanía sus cifras apócrifas fue más que obscena, pues pareciera que su propósito era el de burlarse de quienes percibíamos sus simulados rostros de alegría y escuchábamos sus quimeras con el estupor que causa el presenciar los tremores finales de quien está en plena agonía.

Podría continuar enunciando situaciones propias de un libro de Kafka pero evitaré convertir esta columna en un ensayo. Sin embargo, no puedo dejar de reconocer que el surrealismo con el que mi padre argumentaba el acontecer mexicano, una vez más quedó de manifiesto en la más reciente disputa para gobernar a una sociedad a la que no se le debe subestimar a la hora de solicitar sus votos.

La soberbia, el clasismo, las frases arcaicas, el intento de imposición de pensamiento y las “fake news” utilizadas por los afines a la oposición resultaron ser un bumerang que les retorno y golpeó en pleno rostro. Por su parte, los partidos políticos adversarios a López Obrador y su movimiento han cosechado lo que sembraron a lo largo de los años, pues los agravios hacia el pueblo, así como la corrupción e ineficacia que demostraron en los tiempos en que estuvieron al frente del poder ejecutivo les han costado algo más que la derrota en las urnas.

El gobierno que encabezará la primera mujer Presidenta en la historia, no solo de México sino de Norteamérica, tendrá que ser vigilado y juzgado por los mismos que le dieron su apoyo, pues los contrapesos políticos han quedado reducidos a un membrete sin valor.

 

Hasta la próxima

 

sábado, 29 de abril de 2023

Los visitantes

A mi familia

La mañana se presenta con un viento que golpea con dureza los rostros de quienes lo enfrentan; por su parte, el sol apenas se asoma de manera discreta entre las nubes mientras que la bruma espesa impide la visión habitual de quienes ya pisan las calles de la ciudad.

En algún lugar de la urbe, César ha salido de su casa bien abrigado y con algo de pereza, misma que ha sido provocada por el abandono forzoso de su cama. Sin embargo, al colocarse los audífonos para escuchar el sonido del potente Heavy Metal que emana desde su teléfono celular, se relaja y avanza con paso firme.

A solo un par de calles de donde César camina, Sebastián ha entrado a su cafetería favorita para pedir el acostumbrado capuchino y la siempre generosa dona de maple que cubre el cotidiano hueco en el estómago. Él solo piensa en que en menos de una hora iniciará su primera clase en la Universidad y trata de recordar si no se ha olvidado de realizar algún trabajo escolar.

Frente a la cafetería en la que Sebastián da el primer sorbo a su bebida caliente, Paola espera impaciente cruzar la calle, pues ya se ha retrasado para encontrarse con su amiga Ximena en la plaza comercial donde desayunarán y planearan la próxima fiesta en honor al cumpleaños de la ansiosa Paola.

El viento continúa con intensidad y pareciera aumentar a cada instante; mientras que el trajín citadino se hace patente con la consabida característica de los pensamientos individuales que cada caminante reflexiona sin notar la presencia del semejante ni revisar el paisaje urbano.

Rubén, que acaba de bajar del transporte que lo dejó a unos pasos de casa de su novia Mitzi, ha alzado la vista distraídamente y ha notado que en el cielo se distinguen algunas figuras extrañas que parecieran pequeños soles entre la nubosidad. Intrigado se detiene para observar detenidamente y no da crédito a eso que ya ha rebasado las nubes para así mostrarse claramente.

Mientras tanto, César ha interrumpido un momento su andar para buscar un cigarrillo que le provoque ese inexplicable placer que solo los fumadores constantes pueden experimentar. Al sacar la primera bocanada de humo se da cuenta que frente a él, un joven se encuentra como hipnotizado mirando al cielo sin parpadear, la curiosidad le hace levantar su rostro y de inmediato queda igual de estupefacto que ese chico de nombre Rubén.

Sebastián continua repasando mentalmente las clases que tendrá que tomar durante la mañana pero algo le hace interrumpir sus reflexiones, lo que le ha provocado distraer sus pensamientos son un par de personas que dirigen sus miradas al cielo, se encuentran como si fueran estatuas e imita de manera casi natural a los dos inmovilizados que le han contagiado el embelesamiento de mirar al cielo.

Paola se acerca a los susodichos observadores y se molesta, pues ellos le estorban su caminata hacía el encuentro pactado con su entrañable amistad. Pero a pesar de su prisa, ella tampoco puede evitar echar un vistazo al cielo y de inmediato se paraliza como aquellos que a su lado están.

Ahora todos ellos (Paola, Sebastián, Rubén y César) están contemplando un espectáculo indescifrable. En las alturas oscilan grandes estructuras de forma circular que se balancean y emiten luces intermitentes. Son 17 (según ha podido contar César); ¡Deben ser extraterrestres! Ha expresado con voz entrecortada Sebastián; ¡¿Qué carajo son esas cosas?! Refunfuña Rubén; mientras la impresionada Paola solo atina a suspirar con fuerza.

Los cuatro impávidos espectadores han intentado llamar por teléfono a algún familiar para describir lo que está sobre sus cabezas, sin embargo, sus aparatos de comunicación han perdido la señal. Correr o gritar sería una opción, pero no hay posibilidad de ello pues ahora les es imposible moverse debido a una insólita fuerza de gravedad que les ha ensamblado al piso.

La ciencia ficción tan utilizada en decenas de películas concebidas en Hollywood y los textos de escritores que han relatado fantásticos escenarios han quedado minimizados ante la realidad que ahora viven los humanos. No hay nada que se compare a lo que sobrevuela al planeta; no hay adjetivos para describir lo que nuestros personajes captan con estupor.

Llegó el momento que tanto anunciaron aquellos a los que los escépticos tacharon de ridículos; es tiempo de lo inverosímil y lo inexplicable. En el cielo se encuentran las explicaciones a las dudas milenarias, ahí está la derrota de la soberbia humana, la destrucción de las religiones que se ostentaban como invencibles, apareció de pronto la comprobación de lo pequeña que es la humanidad en el vasto universo, arribaron los que siempre han observado nuestra decadencia, ahora mismo se encuentran en sus naves los verdaderos sembradores de la vida, cualidad que, de manera equivocada se le ha atribuido a deidades invisibles.

Paola ha regresado a su casa para preguntar a su papá qué pasará; Sebastián se ha olvidado enteramente de sus clases y camina sin poder retener pensamiento alguno; César no puede controlar su emoción al tiempo que conjetura acerca de loa cambios que el mundo experimentará a partir de ese momento; Rubén abrazando con fuerza a Mitzi piensa en su abuelo pues seguro, a través de las palabras correctas, él podría tranquilizar el temblor de su cuerpo.

Lo que ninguno de los cuatro sabe, es que la invasión ya comenzó y, con ello, la erradicación de la raza humana. La conquista de la Tierra será rápida y perfectamente aplicada por los que sin aviso han llegado a reclamar lo que en el principio de la vida fue suyo.

Los cuatro personajes que atestiguaron la llegada de los espontáneos visitantes han sido afortunados por el simple hecho de comprobar este acontecimiento tan sorprendente.

Los protagonistas de esta narración serán conocidos por todos los seres de la civilización que ahora habita lo que un día fue el planeta azul; los inmortalizarán por haber sido elegidos para certificar la incursión extraterrestre; pero sobre todo, serán recordados por esas miradas sin malicia que reflejaron su estremecimiento al vivir en carne propia la grandeza que significa la venida de la inteligencia superior a la humana; ellos cuatro pudieron admirar la presencia de aquellos que han viajado desde algún rincón alejado del planeta Tierra, solo para reposar en este suelo que sus antepasados fertilizaron hace miles de años.

Es inobjetable que han aparecido sin advertencia a los que la humanidad bautizó como Jesucristo, Quetzalcóatl, Horus, Buda, y decenas de apelativos que se les dio para darle sentido a lo que no se puede explicar.

Paola, Sebastián, César y Rubén, junto a un centenar de humanos, viajan dentro de una nave que… ¡Caray! He abierto los ojos, todo era un sueño, menos mal que así fue porque en verdad me angustié.

Me estoy intentando levantar de la cama pero al no reconocer la habitación en la que estoy me paraliza. Se abre una puerta que parece de metal y está entrando un ser de estatura corta (calculo 1 metro y pocos centímetros). Su cabeza es alargada y grande, boca pequeña, ojos completamente negros y no parece tener orejas. Estira sus largos y delgados brazos para posar sus manos de 3 dedos en mi frente. Estoy somnoliento, creo que dormiré nuevamente. Deseo con todas mis fuerzas despertar, encontrarme en mi recamara y suspirar profundo para desechar esta realidad tan surrealista. Sin embargo, mi cerebro me confirma que estoy despierto y que soy un experimento que llevan a cabo los visitantes no humanos.

En mis últimos momentos de conciencia reflexiono para aceptar que la hora de la renovación del cosmos llegó, y que los sembradores de vida interplanetaria ahora han tomado el mando.

Antes de cerrar los ojos para siempre, especulo acerca de que este acontecimiento, provoque que las razas nunca se extingan, evolucionen, se diversifiquen y algún día sean consecuentes de su enorme responsabilidad ante el universo que les cobija.


Rubén Salazar Espino

viernes, 24 de marzo de 2023

Visitando Demonios

 

Encontrar a los Demonios internos no es tarea difícil pues siempre se hacen presentes en los costados de los caminos que se recorren a diario. La aventura se torna complicada y hasta peligrosa cuando para poder charlar con ellos hay que adentrarse en las escabrosas tabernas que frecuentan.

Los sitios en donde nuestros Demonios filosofan, debaten, crean y planean las acciones más obscuras y surrealistas, son lugares sin ley; ahí no hay límites ni restricciones.

En esos lugares de pronto se pueden observar a algunos de esos entes bebiendo apaciblemente una botella de whisky alrededor de en una mesa y, a solo unos metros, otros de ellos pueden estar devorando las entrañas de un ser amorfo.

Confieso que hace poco los visité sin saber exactamente para qué. Durante un par de semanas fui ignorado hasta que, ante mi insistente presencia cotidiana, el líder de la legión me invitó a beber una copa de ron en la mesa más grande de la taberna.

Al tomar asiento frente a él y mirar sus ojos descubrí la razón de mi excursión a ese lúgubre lugar situado en la zona más recóndita de la existencia humana. La mirada de mi anfitrión transmitía la familiaridad que solo tienen aquellos que conocen los derroteros más íntimos que en la subsistencia se han experimentado.

Con solo observar por unos segundos los ojos de ese Demonio que se ostenta como implacable gobernador de ese sombrío territorio descubrí la complicidad que ha forjado los años de acompañamiento vivencial; cuando al fin habló mi acompañante de brindis no tuvo reservas en afirmar que hacía tiempo me esperaban, que sabía que mi visita era con el afán de negociar un alto a la enorme influencia que, de un tiempo para acá, ellos tenían en mí actuar y que estaban dispuestos a llegar a un acuerdo conveniente para ambas partes.

Después de acabar con el contenido de la botella de ron que cordialmente me compartió el amable personaje que me albergó en su cantina  predilecta, hemos concluido la charla con resultados más que favorables; reconocí de manera honesta mis excesos recientes, mismos que me hicieron conocer de cerca el fondo de las cavernas en las que más de un humano se interna para nunca volver a sentir el calor del sol; he expuesto mi inconformidad por la forma en la que ellos, mis Demonios, me dialogan convenencieramente esperando que yo acate sus consejos sin protesta alguna. Adicionalmente y sin empacho les he hecho corresponsables del daño colateral que mis actos han producido en la gente que me rodea.

En su defensa, el guía del grupo Demoniaco me ha explicado a detalle las funciones que tienen dentro del proceder personal y que en resumen es el de equilibrar la balanza entre las restricciones y las libertades en el pensar y quehacer habitual.

Puedo exponer con una mezcla de orgullo y vergüenza  que, por voluntad propia pero sobre todo por desmoralización, me hice presente en la obscuridad más salvaje buscando explicaciones, salí de ahí encontrando reflexión, reconocimiento de identidad y una enorme facilidad para realizar una muy necesaria autocrítica.

Hoy, necesito hacer saber a esas personas que fueron afectadas, de una u otra forma, por mis acciones y excesos, que he regresado, no intacto pero sí con una enseñanza invaluable. Los desenfrenos han vuelto a ser aquellos que me han caracterizado durante años y que no rebasan la frontera del territorio empedrado que impide los pasos de quienes intentan andar sin conciencia.

Aquí estoy, bebiendo una copa y tal vez serán muchas más, fumando un cigarrillo, pero con la tranquilidad de haber conversado con mi lado obscuro y la subsecuente ecuanimidad que da el saber que mañana también saldrá el Sol.


Por: Rubén Salazar E.

miércoles, 27 de marzo de 2019

México y sus diversas realidades

Por: Rubén Salazar Espino

Hace unas semanas charlaba con un gran amigo columnista sobre los 100 primeros días de AMLO y las administraciones que le precedieron al ahora presidente. Más allá de las diferencias de opinión que tenemos respecto a dichos temas, al final de la plática y derivado de los comentarios que expresamos, mi reflexión fue la que he sostenido desde hace años: siempre hablamos del país de acuerdo a nuestro entorno inmediato; visualizamos las diversas problemáticas desde un punto de vista meramente centralista; pero lo más grave, es que seguimos sin aceptar y entender que cohabitamos en un México en el que existen distintas realidades.

Y es que el entorno social que se vive en metrópolis como la Ciudad de México (CDMX), Guadalajara o Monterrey, no es nada parecido al que se tiene en comunidades de la sierra de Guerrero, en municipios de Tamaulipas o en poblados de Veracruz. Por ejemplo, quienes habitamos en ciudades como la CDMX, tenemos una mayor oportunidad de contar con escuelas públicas medianamente equipadas, mientras que en muchas zonas remotas de las sierra de sur y sureste del territorio nacional, lo extraordinario es tener un lugar digno para impartir y recibir clases.

Así mismo, mientras que en la capital de la República la inseguridad es un problema creciente pero aún no a niveles alarmantes, en sitios como Ciudad Victoria, Tamaulipas, la violencia ha rebasado el horror provocando la migración de familias enteras que huyen de las balaceras, secuestros y asesinatos.

Pero para entender el enfoque centralista y convenenciero que acostumbramos tener, debemos considerar al racismo y el clasismo que milenariamente hemos practicado, pues para muchos mexicanos, un indígena chiapaneco es “un indio”; un chavo de la ciudad con el cabello rapado de los costados es “un delincuente”; una persona de tez morena es “pobre”; y un anciano que calza huaraches es “un limosnero”. Y es que vivimos rodeados de un bombardeo constante de estereotipos que vienen desde la época de la conquista española y que hoy promueven sin pudor los medios de comunicación.

En México tenemos pobreza (los millonarios son unos cuantos), existe un sistema de educación mediocre (no todo es el UNAM o el TEC) y existen poblados donde la violencia carcome la paz de sus habitantes (hay lugares donde la fuerza del Estado es un mito).

La visión limitada, casi convertida en ceguera, por parte de un importante sector social que no es capaz de mirar más allá de su entorno, es, en gran medida, causante de la falta de identidad y empatía que como mexicanos debiéramos tener.


Sigamos pensando en la individualidad, en el bienestar propio y en el artificial estatus que nos da el estúpido pensamiento de creer ser superiores al prójimo. Total, sigamos desmadrándonos con el desprecio mutuo, hasta que esas realidades que hoy vemos tan lejanas, nos engullan sin piedad.

jueves, 7 de marzo de 2019

La política y el culto a la personalidad

Por: Rubén Salazar E.


Cuando escucho hablar acerca del culto a la personalidad que promueven, para sí mismos, algunos líderes políticos, inmediatamente vienen a mi mente, entre otras, figuras como Mussolini, Ho Chí Minh, Mao Tse Tung y la Reina Isabel II.

Sin embargo, la lista pudiera ser casi interminable, y es que, para una considerable cantidad de personajes políticos, el poder les trae una gran carga de protagonismo que, a través de la adulación de sus seguidores, muy fácilmente se puede transformar en ego desmedido hasta el punto de sentirse tocados por divinidades.

En la historia moderna de México tenemos grandes ejemplos del culto a la personalidad. Basta recordar a los expresidentes Luis Echeverría y José López Portillo. Cómo olvidar esas imágenes donde dichos mandatarios se paseaban por las calles de la Ciudad de México en autos descapotados mientras miles de papeles tricolores caían a su paso. Cómo no recordar sus intervenciones en la Cámara de Diputados al recibir la banda presidencial y al rendir sus informes presidenciales; ahí, los legisladores les recibían como auténticos monarcas y durante las eternas ceremonias les rendían tal pleitesía, que incluso rayaba en lo religioso.

Pues bien, en la actualidad, a nivel mundial, podemos distinguir una creciente tendencia de veneración que provocan ciertos líderes por medio del populismo, la demagogia y, en algunos casos, a través de discursos abiertamente místicos. Trump, Putin, Maduro, Bolsonaro, Kim Jong-un, etc., basan mucha de su fuerza en la demostración de la admiración que les profesan las masas (aun cuando en algunos casos esta se da por miedo), así como por los mitos que les rodean y que en gran medida han sido generados por ellos mismos.

En nuestro país, con el arribo de Andrés Manuel López Obrador (AMLO) al poder, estamos iniciando con lo que yo denominaría una presidencia de culto.

Para una gran cantidad de seguidores y algunos de sus colaboradores, AMLO representa no solo a un dirigente político, sino a un guía espiritual. Para ellos, la palabra del tabasqueño vale por el simple hecho de ser pronunciada por él; en el consciente e inconsciente colectivo pro-AMLO, el caudillo no se equivoca, no comete errores, pues es perfecto. Y todo esto ha sido provocado de manera metódica y muy inteligente por el propio Andrés Manuel.

Es por ello que, por ejemplo, las conferencias mañaneras del presidente no deben entenderse, en esencia, como un ejercicio de rendición de cuentas ni mucho menos un simple capricho. En realidad, la exposición diaria ante los medios, es una representación casi solemne que se asemeja mucho a las ceremonias que realizan los pastores evangélicos con todo y citas bíblicas aderezadas con referencias al amor, el perdón y la moral. Así mismo, la interacción con los periodistas es un mero conducto para marcar la (su) agenda política, misma que se refleja en las discusiones cotidianas de sus seguidores y opositores. Es decir, todo, absolutamente todo lo importante que hoy ocurre en el país, gira alrededor de una sola persona, el presidente de la República.

Pero ahí no queda todo, el avasallador culto hacía AMLO, es, para algunos que se autonombran “oposición”, una gran oportunidad de venderse como los paladines de la corrección política y la salvación de México. Es por ello que hoy podemos ver a expresidentes y exfuncionarios subirse al escenario para intentar jalar algún reflector que les dé visibilidad y, así, convertirse en fieles de la balanza y construir su propio culto a la personalidad.

La política mexicana está llena de egos y soberbias, creer que los dimes y diretes que provienen de la clase política son todos por el bien del país, es pecar de ilusos. Al final, en mayor o menor medida, los empoderados son felices alimentándose de la alabanza.