Desde si nuestros antepasados prehispánicos realizaban sacrificios humanos, si los Aztecas eran un pueblo opresor, si la virgen fue una autentica aparición, si a Hidalgo le dio miedo tomar la capital del país, si Vicente Guerrero en verdad pronunció la frase “La patria es primero”, si Iturbide debería tener un mayor reconocimiento en la historia, si la formación masónica de Juárez influyó mas que su amor por México, si Porfirio Díaz cambió la fecha del grito de independencia, si el triunfo de Zaragoza en verdad fue una gloriosa victoria, si Escutia se enfundó en la bandera por su autentico patriotismo, si Villa era un asesino despiadado, si Zapata era un hacendado cacique, si Madero era un espiritista antes que estadista, si Carranza y Obregón son traidores de la revolución y es mejor parar porque la lista seria infinita y cada vez mas compleja, sobretodo al comentar los mitos mas contemporáneos (que si la dirigente del sindicato de maestros no sólo influye en la educación sino también en la economía, el petróleo, la salud, etc.).
En mi visión, el mito es la esencia de nuestra historia y aunque muchos lo atribuyen a la ignorancia, durante años de observación me percaté que son los “Mejores Mexicanos” quienes alimentan y mantienen todos los mitos de nuestra historia.
Hoy quienes piden un cambio de actitud para un mejor México, son los mismos que escriben los nuevos mitos para futuras generaciones. En mi realidad y concepción México es lo que es, por lo que fue, por lo que es y por lo que será. Una tierra increíble en donde quienes la habitamos carecemos de una autentica identidad hacia lo que es la patria.
El conocer el pasado para comprender el presente y proyectar el futuro, no se aplica para nosotros, debido a que ni siquiera nos ponemos de acuerdo de cual fue nuestro verdadero pasado.
Al final del día tal vez no sea tan malo como parece, hemos sobrevivido así por siglos, el hecho que cada individuo a su manera intente entender objetivamente o no, sus orígenes, o que simplemente no tenga la más mínima intención de hacerlo, sea lo que aun nos mantenga aquí. Lo que a la vez, probablemente nos hace ser tan diferentes a los demás pueblos del mundo. Y yo no podría estar más que orgulloso de pertenecer y ser parte de México.
Autor: César O. Salazar E.
jueves, 13 de septiembre de 2012
miércoles, 12 de septiembre de 2012
REFLEXIÓN EN EL OMBLIGO DE LA LUNA
202 años han trascurrido de aquella noche en la que unos cuantos soñadores gritaron: ¡Basta! 202 años se conmemoran de aquel grito liberador del reino decadente de ultramar, 202 años de una lucha que aun sigue vigente, de un llamado para tomar el destino de aquel naciente país en nuestras manos y que aun persiste entre los mexicanos, a pesar de la sordera nacional imperante en nuestros días.
Un mes "patrio" más pasa en este México violento, en esta inmensidad de mancha urbana, comunidades rurales y pueblos originarios que cubren nuestra nación. Un año más sin cumplir los objetivos de aquellos visionarios que idearon la gloria de una patria justa para sus hijos. Donde el nacionalismo fantoche aflora cual partido de futbol despierta en el espíritu de la ignorancia histórica. Pero bueno, eso todos lo sabemos, así que mejor cambiaré un poco el rumbo de estas líneas.
Vayamos al origen del nombre de nuestro país: México "en el ombligo de la Luna". Del Nahuatl "Metztli" (luna) y "xictli" (ombligo). "Meshico", el cual me parece fundamental rescatar con la correcta pronunciación y dejar de decir "MEJICO", pues ya no estamos impuestos a pronunciarlo como lo hacían los bárbaros españoles cuando invadieron América. Es una palabra Mexica (meshica, como se pronuncia) y como tal debe ser respetada. Tan simple como este ejemplo, y de ahí podemos partir para ir corrigiendo nuestra historia, para lo cual es necesario conocerla, entender nuestro presente y así forjarnos un mejor destino. Cambiar los marcados individualismos y valemadrismos que nos mantienen atados como sociedad. Así pues, conociendo nuestra historia y propugnar para corregirla es la mejor manera de honrar la memoria, reivindicar y hacer valer la lucha de aquellos próceres de la independencia por la cual entregaron sus vidas.
Generar un orgullo nacional consciente debe ser en cada mexicano una convicción, dejar de lado los falsos nacionalismos alimentados a través de mitos y mentiras aun impresas en los libros de nuestra educación más fundamental. Fomentar la unidad entre los mexicanos, día con día, dejar ese laberinto de la soledad y encontrarnos con los rostros de nuestros hermanos deben ser ejes rectores para generar un cambio sustancial y de fondo como sociedad.
Vivimos tiempos desgraciados, pero en cada uno de nosotros y como una sociedad consciente de sí misma y de su innegable grandeza, está el cambio. Vamos pues siempre para adelante con una visión clara ante adversidades y calamidades, pues en nuestros genes se encuentra aquella chispa que nos distingue como nación mexicana aquella chispa del incansable mexicano porque estoy seguro de que iremos despertando poco a poco, llegara el momento inevitablemente y para bien, tarde o temprano.
"Por la justicia todo, por la patria la vida".
Autor: Rubén López Becerril
Un mes "patrio" más pasa en este México violento, en esta inmensidad de mancha urbana, comunidades rurales y pueblos originarios que cubren nuestra nación. Un año más sin cumplir los objetivos de aquellos visionarios que idearon la gloria de una patria justa para sus hijos. Donde el nacionalismo fantoche aflora cual partido de futbol despierta en el espíritu de la ignorancia histórica. Pero bueno, eso todos lo sabemos, así que mejor cambiaré un poco el rumbo de estas líneas.
Vayamos al origen del nombre de nuestro país: México "en el ombligo de la Luna". Del Nahuatl "Metztli" (luna) y "xictli" (ombligo). "Meshico", el cual me parece fundamental rescatar con la correcta pronunciación y dejar de decir "MEJICO", pues ya no estamos impuestos a pronunciarlo como lo hacían los bárbaros españoles cuando invadieron América. Es una palabra Mexica (meshica, como se pronuncia) y como tal debe ser respetada. Tan simple como este ejemplo, y de ahí podemos partir para ir corrigiendo nuestra historia, para lo cual es necesario conocerla, entender nuestro presente y así forjarnos un mejor destino. Cambiar los marcados individualismos y valemadrismos que nos mantienen atados como sociedad. Así pues, conociendo nuestra historia y propugnar para corregirla es la mejor manera de honrar la memoria, reivindicar y hacer valer la lucha de aquellos próceres de la independencia por la cual entregaron sus vidas.
Generar un orgullo nacional consciente debe ser en cada mexicano una convicción, dejar de lado los falsos nacionalismos alimentados a través de mitos y mentiras aun impresas en los libros de nuestra educación más fundamental. Fomentar la unidad entre los mexicanos, día con día, dejar ese laberinto de la soledad y encontrarnos con los rostros de nuestros hermanos deben ser ejes rectores para generar un cambio sustancial y de fondo como sociedad.
Vivimos tiempos desgraciados, pero en cada uno de nosotros y como una sociedad consciente de sí misma y de su innegable grandeza, está el cambio. Vamos pues siempre para adelante con una visión clara ante adversidades y calamidades, pues en nuestros genes se encuentra aquella chispa que nos distingue como nación mexicana aquella chispa del incansable mexicano porque estoy seguro de que iremos despertando poco a poco, llegara el momento inevitablemente y para bien, tarde o temprano.
"Por la justicia todo, por la patria la vida".
Autor: Rubén López Becerril
¿QUÉ REPRESENTA MÉXICO PARA MÍ?
¿Qué representa México para mí?
Pues bueno, existen dos opciones:
1. Responder intentando ser el ganador.
2. Responder con la verdad.
Yo respondo con la verdad.
Mi país, México, al pensar en el se viene a la mente: inseguridad, narcotráfico, corrupción, delincuencia, violencia, mala economía, desempleo, pésima educación, bajos salarios, mal gobierno. Pero detrás de esa primera imagen hay un país orgulloso de sus tradiciones, cultura, valores, todo eso que tiene para aportarle al mundo. Tenemos una gran cultura, me atrevo a decir que somos el país con mayor cultura y tradiciones, pero muchos se avergüenzan de ella a tal grado que la olvidan y prefieren el malinchismo.
En realidad México es tan extenso en su territorio, cultura e historia que es un mundo por sí propio. Su población es tan numerosa como diversa; pero no hay nadie opaco allí, no, toda la gente con quien se establece conversación es bien colorida. Inclusive, muchos son verdaderos personajes; unos por su forma de actuar, siempre activos y ocurrentes en busca de alguna novedad a la cual impartir esa alegría que llevan por dentro, y otros por su filosofía de la vida, una aceptación tan profunda que sólo la fe en algo supremo es capaz de generar tanta tranquilidad.
Hay quienes dicen que México es lo peor, se quejan, son mediocres fatalistas que piensan que las cosas son así y que así seguirán siendo. Los que se quejan y quejan pero pienso ¿alguna vez han hecho algo por él?, ¿realmente han aportado algo para que este país crezca?, y les hago una pregunta ¿Han visitado o vivido en otro país para poder decir que México es lo peor? ¡NO VERDAD! Son mediocres simplemente.
De igual forma existen otros que pensamos que las cosas deben cambiar y no nos conformamos jamás. No trato de tapar el sol con un dedo, se lo malo que existe en México, pero se que también hay cosas buenas, ciudadanos como yo y como muchos otros que existen, que expresamos amor a nuestra patria y en nosotros mismos tratamos de hacer la diferencia. Que luchamos día con día con gran determinación para hacer de este un mejor lugar para vivir. Que luchamos incluso contra aquellos que no están de acuerdo. Que sabemos que aun queda mucho por hacer antes de rendirse.
La lucha es larga, el reto es grande, pero ¿qué no haría yo por mi país? y la lucha será hasta el final, y tal vez muchos me tacharan de ingenua, pero no me importa, se que hay muchas personas que piensan como yo y aunque no somos todos, tenemos la determinación para hacer mucho, la esperanza muere al ultimo y en muchas ocasiones la minoría hace la diferencia. Mi país representa mi vida entera, mi filosofía de vida, a pesar de que el malinchismo pueda ser tan fuerte, sé que es más grande mi pasión y mi convicción... Bien dicen por ahí, "como México no hay dos."
Así que no solo hay que sentirnos mexicanos solo cada año y precisamente en el mes de septiembre... hay que sentirnos todos los días, a todas horas, orgullosos de ser mexicanos.
Autora: Janeth Fuerte
Pues bueno, existen dos opciones:
1. Responder intentando ser el ganador.
2. Responder con la verdad.
Yo respondo con la verdad.
Mi país, México, al pensar en el se viene a la mente: inseguridad, narcotráfico, corrupción, delincuencia, violencia, mala economía, desempleo, pésima educación, bajos salarios, mal gobierno. Pero detrás de esa primera imagen hay un país orgulloso de sus tradiciones, cultura, valores, todo eso que tiene para aportarle al mundo. Tenemos una gran cultura, me atrevo a decir que somos el país con mayor cultura y tradiciones, pero muchos se avergüenzan de ella a tal grado que la olvidan y prefieren el malinchismo.
En realidad México es tan extenso en su territorio, cultura e historia que es un mundo por sí propio. Su población es tan numerosa como diversa; pero no hay nadie opaco allí, no, toda la gente con quien se establece conversación es bien colorida. Inclusive, muchos son verdaderos personajes; unos por su forma de actuar, siempre activos y ocurrentes en busca de alguna novedad a la cual impartir esa alegría que llevan por dentro, y otros por su filosofía de la vida, una aceptación tan profunda que sólo la fe en algo supremo es capaz de generar tanta tranquilidad.
Hay quienes dicen que México es lo peor, se quejan, son mediocres fatalistas que piensan que las cosas son así y que así seguirán siendo. Los que se quejan y quejan pero pienso ¿alguna vez han hecho algo por él?, ¿realmente han aportado algo para que este país crezca?, y les hago una pregunta ¿Han visitado o vivido en otro país para poder decir que México es lo peor? ¡NO VERDAD! Son mediocres simplemente.
De igual forma existen otros que pensamos que las cosas deben cambiar y no nos conformamos jamás. No trato de tapar el sol con un dedo, se lo malo que existe en México, pero se que también hay cosas buenas, ciudadanos como yo y como muchos otros que existen, que expresamos amor a nuestra patria y en nosotros mismos tratamos de hacer la diferencia. Que luchamos día con día con gran determinación para hacer de este un mejor lugar para vivir. Que luchamos incluso contra aquellos que no están de acuerdo. Que sabemos que aun queda mucho por hacer antes de rendirse.
La lucha es larga, el reto es grande, pero ¿qué no haría yo por mi país? y la lucha será hasta el final, y tal vez muchos me tacharan de ingenua, pero no me importa, se que hay muchas personas que piensan como yo y aunque no somos todos, tenemos la determinación para hacer mucho, la esperanza muere al ultimo y en muchas ocasiones la minoría hace la diferencia. Mi país representa mi vida entera, mi filosofía de vida, a pesar de que el malinchismo pueda ser tan fuerte, sé que es más grande mi pasión y mi convicción... Bien dicen por ahí, "como México no hay dos."
Así que no solo hay que sentirnos mexicanos solo cada año y precisamente en el mes de septiembre... hay que sentirnos todos los días, a todas horas, orgullosos de ser mexicanos.
Autora: Janeth Fuerte
UN AMOR DE POR VIDA
Podría decir que la he amado toda mi vida. La conocí gracias a mis padres y abuelos pues constantemente la mencionaban, siempre para halagarla y calificarla como sumamente hermosa. Durante mi época escolar cuando niño, empecé a conocer más de ella, supe de su sufrimiento antes de nacer y de su bautizo. Me sorprendí al saber que muchos hombres habían sido capaces de ofrendar su vida para defenderla de quienes pretendían mancillarla atraídos por su extrema belleza.
Debo confesar que al llegar mi juventud ya estaba perdidamente enamorado de ella. Me atraía su natural vivacidad, su fuerza y su incomparable perfección. Fue en ese momento que descubrí que su interior estaba surtido con millones de pequeñas almas que la dotaban de una enorme sensibilidad.
Es por ello, que en cuanto tuve oportunidad de viajar, lo hice intentando conocerle un poco más. Pregunté por ella a campesinos en los sembradíos, a los ancianos en los poblados, a los indígenas en las montañas, a los pescadores en las playas y a los citadinos en las urbes. Fue increíble saber que no sólo todos la conocían, sino que muchos de ellos aseguraban amarla de la misma forma en que yo lo hacía, provocando en mí una mezcla de sentimientos que iban desde el orgullo hasta los celos.
Sin embargo, con profundo dolor y extrañeza escuché algunas voces que se expresaban de forma despectiva hacía ella, la comparaban y peor aun la despreciaban. Hubo quien hasta la culpó de todos sus males y maldijo la hora en que la vida decidió acercarlo a ella. Desafortunadamente, con el paso de los años esas voces se han multiplicado y aun cuando no son más que aquellas que expresan su admiración, no dejan de producir una sensación de impotencia y rabia.
Pero aun peor, es darse cuenta que hay hombres y mujeres que se han aprovechado de su gran bondad e infinita riqueza. La han saqueado, traicionado y humillado aun cuando gracias a ella, han comido, bebido y hasta respirado. Viles bandoleros que sin el más mínimo sentido de agradecimiento han avergonzado a millones de personas de buena fe.
No obstante, muy a pesar de sus detractores su belleza sigue siendo sin igual. Y es que sólo basta mirar la forma en que por las noches, la luna alumbra su perfecta figura para posteriormente dejar que el sol la bañe con su luminosidad. Hoy puedo asegurar que mi amor por ella es mucho más grande, que aquel romance que inició prácticamente desde el día en que vi la primera luz, continuará hasta el ocaso de mi existencia y que el orgullo por pertenecerle no lo podrá trastocar nada ni nadie.
Hoy quiero manifestar, que mi amada es la patria. Sí, la patria a la que gustosamente llamamos México.
Autor: Rubén Salazar E.
rubsalazare@gmail.com
Twitter: @Ruben_Salazar
Debo confesar que al llegar mi juventud ya estaba perdidamente enamorado de ella. Me atraía su natural vivacidad, su fuerza y su incomparable perfección. Fue en ese momento que descubrí que su interior estaba surtido con millones de pequeñas almas que la dotaban de una enorme sensibilidad.
Es por ello, que en cuanto tuve oportunidad de viajar, lo hice intentando conocerle un poco más. Pregunté por ella a campesinos en los sembradíos, a los ancianos en los poblados, a los indígenas en las montañas, a los pescadores en las playas y a los citadinos en las urbes. Fue increíble saber que no sólo todos la conocían, sino que muchos de ellos aseguraban amarla de la misma forma en que yo lo hacía, provocando en mí una mezcla de sentimientos que iban desde el orgullo hasta los celos.
Sin embargo, con profundo dolor y extrañeza escuché algunas voces que se expresaban de forma despectiva hacía ella, la comparaban y peor aun la despreciaban. Hubo quien hasta la culpó de todos sus males y maldijo la hora en que la vida decidió acercarlo a ella. Desafortunadamente, con el paso de los años esas voces se han multiplicado y aun cuando no son más que aquellas que expresan su admiración, no dejan de producir una sensación de impotencia y rabia.
Pero aun peor, es darse cuenta que hay hombres y mujeres que se han aprovechado de su gran bondad e infinita riqueza. La han saqueado, traicionado y humillado aun cuando gracias a ella, han comido, bebido y hasta respirado. Viles bandoleros que sin el más mínimo sentido de agradecimiento han avergonzado a millones de personas de buena fe.
No obstante, muy a pesar de sus detractores su belleza sigue siendo sin igual. Y es que sólo basta mirar la forma en que por las noches, la luna alumbra su perfecta figura para posteriormente dejar que el sol la bañe con su luminosidad. Hoy puedo asegurar que mi amor por ella es mucho más grande, que aquel romance que inició prácticamente desde el día en que vi la primera luz, continuará hasta el ocaso de mi existencia y que el orgullo por pertenecerle no lo podrá trastocar nada ni nadie.
Hoy quiero manifestar, que mi amada es la patria. Sí, la patria a la que gustosamente llamamos México.
Autor: Rubén Salazar E.
rubsalazare@gmail.com
Twitter: @Ruben_Salazar
martes, 11 de septiembre de 2012
11 DE SEPTIEMBRE*
-¿Quieres que te platique más de la historia de Salvador Allende?- Era la cuarta vez en los últimos 9 minutos, que mi compañero de trabajo en el restaurante de comida vegetariana, me lo preguntaba.
De origen chileno, Gabriel tenía 11 meses viviendo en Nueva York, había logrado conseguir el trabajo de ayudante de cocinero gracias a su mediano conocimiento del idioma inglés, pero sobre todo, a su carácter extrovertido con el cual se ganó la simpatía del gerente que de inmediato lo contrató.
Aquella mañana yo había despertado percatándome de haber dormido con el televisor encendido y sintonizado en un canal de videos musicales. Mientras iniciaba el tortuoso proceso para levantarme de la cama, logré distinguir la ronca voz de Bruce Springsteen entonando: “Born in the U.S.A, I was born in the U.S.A...”. Miré el reloj y decidí esperar a que Bruce terminara de decirme por enésima vez, que él nació en el país que desde hacía 4 años y 5 meses era mi hogar.
Como casi todos los días, encontré a Gabriel en la esquina de Murray Street y Brodway, él devoraba un pastelillo de chocolate que acompañaba sorbiendo un hirviente café con leche; nos saludamos e iniciamos el recorrido habitual rumbo al restaurante. Éramos los empleados más jóvenes (ambos de 22 años) y diariamente atendíamos a poco más de 100 personas.
Lo único distinto en ese día era la visita relámpago a la iglesia de San Nicolás. Desde una semana antes, Gabriel me anticipó que ese día pararíamos ahí para orar por el eterno descanso de Salvador Allende, a cambio de ello invitaría a sus amigas al festejo del día de la independencia de mi país el 15 de Septiembre.
Al dar la vuelta en Barclay, escuché nuevamente de labios del apasionado seguidor del equipo de fútbol Colo Colo, la historia del golpe de estado el 11 de septiembre de 1973, que ese día se conmemoraba un aniversario más de la toma del poder en Chile por parte de Pinochet y de cómo los chilenos admiraban a Allende, a quien consideraban el más grande símbolo de la democracia en su país.
Mientras mi acompañante manoteaba efusivamente recitando la letra de la canción "Manifiesto", creación del inolvidable Víctor Jara, sentí en mi rostro el clásico golpe de aire frío y húmedo de Manhattan, mismo que me hizo voltear la mirada hacia arriba y contemplar el vuelo de un grupo de aves que parecían huir del trajín matutino de la gran manzana, al tiempo que un camión de bomberos cruzaba por la avenida a toda velocidad.
En la entrada de la oficina postal se podía distinguir al vagabundo de siempre, aquel que con su maltratada cartulina nos anunciaba el fin del mundo. El reloj marcaba las 8 horas con 45 minutos.
Sólo un minuto más tarde, el potente sonido de las turbinas de un avión interrumpió nuestro andar; a continuación, la explosión que paraliza, el silencio que asusta, los escombros que matan, el polvo que ciega, el caos de la incertidumbre, los recuerdos de la niñez, el beso en la frente de mi madre, el abrazo protector de mi padre, la despedida familiar en México y el inalcanzable sueño americano.
Quiero correr pero mis piernas no responden, ¡Se estrelló el avión en la Torre!, ¡Estamos a un lado de la Torre! Alcanza a decirme la poca cordura que me queda. ¡Gabriel!, ¿Dónde está Gabriel? La fuerza de la amistad forjada a base de soportar juntos la difícil lucha cotidiana, me hace recuperar los sentidos.
Lo busco a tientas, pues el humo y el polvo no me permiten ver nada, trato de encontrarlo.
No sé cuánto tiempo ha pasado, escucho gritos desgarradores que se mezclan con el aullar de las sirenas. De entre la destrucción, distingo la silueta de un policía y corro hacía él para solicitarle ayuda. De pronto, otra explosión, el policía toma mi brazo y me aleja corriendo. Miró detrás sabiendo que nunca más mi amigo me platicará la historia del 11 de septiembre chileno y que nunca más el mundo vivirá sin temor.
Hoy, fecha en la que se conmemora la más grande tragedia en los Estados Unidos de América, estoy en camino hacía la iglesia de San Nicolás de la mano de mi pequeño hijo de 5 años llamado Gabriel. Juntos ofrendaremos 3 oraciones, una por mi entrañable compañero, otra por Allende y la última por los héroes desconocidos de 1973 en Chile y de 2001 en Estados Unidos.
*Originalmente publicado en Septiembre de 2009
Autor:Rubén Salazar E.
jueves, 6 de septiembre de 2012
MEXICANOS*
A mis padres; pues gracias a su ejemplo y enseñanzas, aprendí a sentir orgullo por ser mexicano.
*Originalmente publicado en septiembre de 2010 con motivo del bicentenario del inicio de la independencia y el centenario de la revolución mexicana.
Autor: Rubén Salazar E.
rubsalazare@gmail.com
Twitter: @Ruben_Salazar
Es tiempo de reclamar nuestra
identidad, tiempo de expresarnos, de actuar y de concebir que ser mexicano es:
La valentía del guerrero Azteca.
La paciente espera por Quetzalcóatl.
La tenacidad del español venido a América.
El hartazgo criollo.
El estruendoso repicar de las campanas de Dolores.
El cultivado liderazgo de Hidalgo.
Las teñidas espadas de Allende y Aldama.
La lealtad de doña Josefa.
El sudoroso paliacate de Morelos.
La perseverancia de Guerrero.
La aguda visión de Iturbide.
El predestinado abrazo de Acatempan.
El orgulloso andar del Ejercito Trigarante.
El doloroso parto de una nueva nación.
La defensa de la tierra consagrada ante el poderoso
invasor.
Los juveniles sollozos del cadete.
El lastimoso peregrinar de Juárez.
El terrenal esoterismo de Madero.
La nobleza de Pino Suárez.
La natural inteligencia de Felipe Ángeles.
El desparpajo de Villa.
La mística mirada de Zapata.
El rustico fusil de la Adelita.
La guía de Carranza.
La tinta que humedece la Constitución.
La brillantez del oro negro.
El osado vuelo del escuadrón 201.
Los aires de cambio en Tlatelolco.
El resplandor del fuego olímpico.
La inconmensurable solidaridad ante la desgracia.
El deseado alumbramiento democrático.
La solemnidad de las pirámides.
El monumental cuerpo de las catedrales.
La pureza de los volcanes.
La vivacidad de ríos y mares.
El garbo del águila que devora.
La ferocidad del jaguar que acecha.
La exquisitez de Sor Juana.
El ansia del laberinto de la soledad.
La idílica pincelada de Rivera y Kahlo.
La elegancia de Posadas y su Catrina.
El rebelde trazo de Siqueiros.
La artística danza entre toro y hombre.
El incandescente sorbo de tequila.
El jubiloso grito del mariachi.
La mágica y suntuosa gastronomía.
La inocente sonrisa del niño.
La sabiduría del anciano.
Las rasposas manos del campesino.
El amoroso desvelo de la madre.
La invencible honestidad del padre.
La dedicación del que enseña.
La respetuosa admiración por los héroes desconocidos.
Las hinchadas gargantas entonando el himno.
Y el maravilloso ondular del Lábaro que custodia,
observa y cobija a sus hijos.
Es tiempo de ser Mexicanos.
*Originalmente publicado en septiembre de 2010 con motivo del bicentenario del inicio de la independencia y el centenario de la revolución mexicana.
Autor: Rubén Salazar E.
rubsalazare@gmail.com
Twitter: @Ruben_Salazar
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