miércoles, 27 de marzo de 2019

México y sus diversas realidades

Por: Rubén Salazar Espino

Hace unas semanas charlaba con un gran amigo columnista sobre los 100 primeros días de AMLO y las administraciones que le precedieron al ahora presidente. Más allá de las diferencias de opinión que tenemos respecto a dichos temas, al final de la plática y derivado de los comentarios que expresamos, mi reflexión fue la que he sostenido desde hace años: siempre hablamos del país de acuerdo a nuestro entorno inmediato; visualizamos las diversas problemáticas desde un punto de vista meramente centralista; pero lo más grave, es que seguimos sin aceptar y entender que cohabitamos en un México en el que existen distintas realidades.

Y es que el entorno social que se vive en metrópolis como la Ciudad de México (CDMX), Guadalajara o Monterrey, no es nada parecido al que se tiene en comunidades de la sierra de Guerrero, en municipios de Tamaulipas o en poblados de Veracruz. Por ejemplo, quienes habitamos en ciudades como la CDMX, tenemos una mayor oportunidad de contar con escuelas públicas medianamente equipadas, mientras que en muchas zonas remotas de las sierra de sur y sureste del territorio nacional, lo extraordinario es tener un lugar digno para impartir y recibir clases.

Así mismo, mientras que en la capital de la República la inseguridad es un problema creciente pero aún no a niveles alarmantes, en sitios como Ciudad Victoria, Tamaulipas, la violencia ha rebasado el horror provocando la migración de familias enteras que huyen de las balaceras, secuestros y asesinatos.

Pero para entender el enfoque centralista y convenenciero que acostumbramos tener, debemos considerar al racismo y el clasismo que milenariamente hemos practicado, pues para muchos mexicanos, un indígena chiapaneco es “un indio”; un chavo de la ciudad con el cabello rapado de los costados es “un delincuente”; una persona de tez morena es “pobre”; y un anciano que calza huaraches es “un limosnero”. Y es que vivimos rodeados de un bombardeo constante de estereotipos que vienen desde la época de la conquista española y que hoy promueven sin pudor los medios de comunicación.

En México tenemos pobreza (los millonarios son unos cuantos), existe un sistema de educación mediocre (no todo es el UNAM o el TEC) y existen poblados donde la violencia carcome la paz de sus habitantes (hay lugares donde la fuerza del Estado es un mito).

La visión limitada, casi convertida en ceguera, por parte de un importante sector social que no es capaz de mirar más allá de su entorno, es, en gran medida, causante de la falta de identidad y empatía que como mexicanos debiéramos tener.


Sigamos pensando en la individualidad, en el bienestar propio y en el artificial estatus que nos da el estúpido pensamiento de creer ser superiores al prójimo. Total, sigamos desmadrándonos con el desprecio mutuo, hasta que esas realidades que hoy vemos tan lejanas, nos engullan sin piedad.

jueves, 7 de marzo de 2019

La política y el culto a la personalidad

Por: Rubén Salazar E.


Cuando escucho hablar acerca del culto a la personalidad que promueven, para sí mismos, algunos líderes políticos, inmediatamente vienen a mi mente, entre otras, figuras como Mussolini, Ho Chí Minh, Mao Tse Tung y la Reina Isabel II.

Sin embargo, la lista pudiera ser casi interminable, y es que, para una considerable cantidad de personajes políticos, el poder les trae una gran carga de protagonismo que, a través de la adulación de sus seguidores, muy fácilmente se puede transformar en ego desmedido hasta el punto de sentirse tocados por divinidades.

En la historia moderna de México tenemos grandes ejemplos del culto a la personalidad. Basta recordar a los expresidentes Luis Echeverría y José López Portillo. Cómo olvidar esas imágenes donde dichos mandatarios se paseaban por las calles de la Ciudad de México en autos descapotados mientras miles de papeles tricolores caían a su paso. Cómo no recordar sus intervenciones en la Cámara de Diputados al recibir la banda presidencial y al rendir sus informes presidenciales; ahí, los legisladores les recibían como auténticos monarcas y durante las eternas ceremonias les rendían tal pleitesía, que incluso rayaba en lo religioso.

Pues bien, en la actualidad, a nivel mundial, podemos distinguir una creciente tendencia de veneración que provocan ciertos líderes por medio del populismo, la demagogia y, en algunos casos, a través de discursos abiertamente místicos. Trump, Putin, Maduro, Bolsonaro, Kim Jong-un, etc., basan mucha de su fuerza en la demostración de la admiración que les profesan las masas (aun cuando en algunos casos esta se da por miedo), así como por los mitos que les rodean y que en gran medida han sido generados por ellos mismos.

En nuestro país, con el arribo de Andrés Manuel López Obrador (AMLO) al poder, estamos iniciando con lo que yo denominaría una presidencia de culto.

Para una gran cantidad de seguidores y algunos de sus colaboradores, AMLO representa no solo a un dirigente político, sino a un guía espiritual. Para ellos, la palabra del tabasqueño vale por el simple hecho de ser pronunciada por él; en el consciente e inconsciente colectivo pro-AMLO, el caudillo no se equivoca, no comete errores, pues es perfecto. Y todo esto ha sido provocado de manera metódica y muy inteligente por el propio Andrés Manuel.

Es por ello que, por ejemplo, las conferencias mañaneras del presidente no deben entenderse, en esencia, como un ejercicio de rendición de cuentas ni mucho menos un simple capricho. En realidad, la exposición diaria ante los medios, es una representación casi solemne que se asemeja mucho a las ceremonias que realizan los pastores evangélicos con todo y citas bíblicas aderezadas con referencias al amor, el perdón y la moral. Así mismo, la interacción con los periodistas es un mero conducto para marcar la (su) agenda política, misma que se refleja en las discusiones cotidianas de sus seguidores y opositores. Es decir, todo, absolutamente todo lo importante que hoy ocurre en el país, gira alrededor de una sola persona, el presidente de la República.

Pero ahí no queda todo, el avasallador culto hacía AMLO, es, para algunos que se autonombran “oposición”, una gran oportunidad de venderse como los paladines de la corrección política y la salvación de México. Es por ello que hoy podemos ver a expresidentes y exfuncionarios subirse al escenario para intentar jalar algún reflector que les dé visibilidad y, así, convertirse en fieles de la balanza y construir su propio culto a la personalidad.

La política mexicana está llena de egos y soberbias, creer que los dimes y diretes que provienen de la clase política son todos por el bien del país, es pecar de ilusos. Al final, en mayor o menor medida, los empoderados son felices alimentándose de la alabanza.

miércoles, 27 de febrero de 2019

Nuestros políticos y sus contradicciones


Autor: Rubén Salazar Espino

La vida pública en México está llena de contradicciones, y nuestros políticos, con sus paradojas, son parte fundamental para que el país sea un enredo de falsedades y verdades a medias.
Para sustentar lo anterior, comparto solo algunos ejemplos en el contexto de la problemática de inseguridad que padecemos:

   1- Al iniciar su mandato, Felipe Calderón, decidió que para combatir a los grupos delincuenciales, era necesario utilizar al Ejército. En sí, la idea de utilizar toda la fuerza del Estado para inhibir la acción de la delincuencia organizada no es mala, sin embargo, en vista de los resultados, ha quedado claro que se hizo sin una estrategia planeada, sin un estudio previo del poder económico y de fuego que ostentan los cárteles del narco, ni de la capacidad que tienen estos para corromper todo lo que se propongan.
Como consecuencia, la llamada “Guerra (el propio Calderón la bautizó como tal)” que principió en 2006, nos dejó miles de muertos y desaparecidos, además del fortalecimiento del Cártel de Sinaloa.
Lo inverosímil y en el colmo del cinismo, es que ahora, Felipe Calderón está en proceso de formar un nuevo partido político con la intención de regresar al poder vía Margarita Zavala. Solo habría que recordarle que, en gran medida, por la carnicería que provocó, el PAN dejó el poder en 2012.

   2- En 2012, en su arribo a Los Pinos, Enrique Peña Nieto anunció que cambiaría la estrategia (¿cuál?) de seguridad implementada por su antecesor. Todos sabemos que esos cambios solo fueron el concentrar la administración de seguridad pública en la Secretaría de Gobernación. En la realidad todo fue de mal en peor; los militares siguieron en las calles, los muertos y desaparecidos se incrementaron, se descubrieron decenas de fosas clandestinas y se encumbró a un nuevo cártel, el llamado Jalisco Nueva Generación.
Adicionalmente, fue entre 2012 y 2018 que las ligas de políticos con el narco quedaron en evidencia. No tengo el menor empacho en afirmar que el sexenio de Peña Nieto ha sido el más deplorable en la historia moderna de México.

   3- Durante su última campaña presidencial, Andrés Manuel López Obrador insistió en que el Ejército y la Marina regresarían a sus cuarteles. Su crítica hacía el hecho de que las fuerzas armadas se hicieran cargo de la seguridad pública fue feroz. Sin embargo, al llegar a la presidencia, insistió hasta el cansancio en crear una Guardia Nacional conformada por elementos de la milicia que estén bajo el mando militar.
De igual manera, como parte de su oferta política, AMLO vendió la idea de que al llegar a la presidencia la violencia empezaría a ceder con el simple hecho del cambio de régimen; hoy, podemos asegurar, de acuerdo a las cifras con las que se cuenta, que este ha sido el inicio de gobierno más violento en comparación con el de Calderón Hinojosa y Peña Nieto.

   4- En la campaña presidencial del año anterior, surgió un personaje que a base de ocurrencias intentó hacerse de votos.
Jaime Rodríguez “El Bronco”, gobernador de Nuevo León, entró a la contienda presidencial de manera poco clara, pero ya estando en la pelea, lanzó propuestas medievales como la de cortar las manos a los delincuentes. De por sí la idea es desechable de entrada, sin embargo, si a eso le aunamos que tenemos un sistema judicial inoperante y corrupto, ya nos podemos imaginar la cantidad de mancos inocentes que andarían por las calles.
Pues bien, ese mismo ideólogo retrograda es el que hoy gobierna el estado que, paulatinamente, se ha venido deteriorando en materia de seguridad alcanzando cifras comparables a las que se registraron entre 2010 y 2011 (en 2010 ocurrió aquella terrible masacre en el Casino Royale).

   5- En la discusión legislativa referente a la propuesta presidencial para la creación de la Guardia Nacional, escuchamos a los integrantes del PAN y PRI escandalizarse por lo que consideraron la militarización del país. Sí, los mismos que aplaudieron durante 12 años la fallida guerra contra el narco, los mismos que estando en el poder hicieron oídos sordos ante la desesperación de la sociedad; esos mismos, ahora se desgarraron las vestiduras alegando que los militares no deben estar en las calles., ¡vaya sinvergüenzas!

Igual que siempre, se podrían enumerar muchos más ejemplos, sin embargo, considero que con los 5 anteriores basta para, no descubrir, más bien reafirmar la hipocresía, mentira, conveniencia propia, cinismo y enorme valemadrismo que nuestra clase política tiene como sello particular.

Hasta la próxima.

miércoles, 20 de febrero de 2019

Sheinbaum y la violencia en la CDMX


Autor: Rubén Salazar Espino


Culpar a la señora Sheinbaum de la vorágine violenta con la que inició su gobierno sería imprudente, pero exigir acciones inmediatas para solucionar la problemática, eso sí que es válido.


La violencia en el país no para; todos los días nos seguimos enterando de homicidios, secuestros, asaltos y desapariciones. Y es en este tenor, que la Ciudad de México (CDMX) no se ha podido mantener al margen del incremento en la inseguridad.

Hace apenas unos 20 años, la capital mexicana era considerada una ciudad relativamente tranquila a comparación de lo que ya se empezaba a dar en algunas zonas de la República. Sin embargo, fue a partir de la “guerra” que Felipe Calderón inició en 2006, que la CDMX (en ese entonces Distrito Federal) empezó con una descomposición evidente en materia de seguridad.

De pronto, durante el inicio del mandato federal Calderonista y de Ebrard como jefe de gobierno, los capitalinos nos fuimos enterando, a través de detenciones de importantes capos (La Barbie, El Indio y El Compayito, todos ellos ligados a los Beltrán Leyva) de la existencia de cárteles que operaban en la zona conurbada de la ciudad; y fue entonces que no tardaron en aparecer cuerpos con narcomensajes. Sin embargo, fue en 2012, con la llegada de Miguel Ángel Mancera a la jefatura de la capital, cuando los grupos criminales salieron completamente de las sombras para mostrarse de una manera más clara.

Durante la administración de Mancera, la violencia se disparó abruptamente. Entre 2012 y 2018, se registraron alrededor de 5,400 homicidios (1000 más que en el sexenio de Marcelo Ebrard), sin embargo, hoy sabemos, por información del nuevo gobierno, que dichas cifras fueron maquilladas para aminorar el número. Es decir, la cantidad de asesinatos fue aún mayor de lo que declaró el gobierno perredista. Todo esto sumado al robo a transeúnte, secuestros, feminicidios, venta de drogas, extorsiones, etc., contribuyó a que al mandato de Miguel Ángel Mancera lo recordemos como el más violento en la ciudad desde que se realizan mediciones al respecto.

Pues bien, hoy, bajo la administración de Claudia Sheinbaum, las cifras no han cesado sino todo lo contrario, van a la alza, (tan solo el inicio de año es ya catalogado como el más violento con el 80% de aumento en homicidios dolosos).

Culpar a la señora Sheinbaum de la vorágine violenta con la que inició su gobierno sería imprudente, pero exigir acciones inmediatas para solucionar la problemática, eso sí que es válido.

Sabemos perfectamente que la gobernadora de la CDMX heredó una guerra entre cárteles que se identifican como originarios del barrio de Tepito; que recibe una policía infiltrada por las mafias; y que el aparato de justicia está podrido. Sin embargo, explicar la violencia con teorías conspirativas en las que se trata de inducir a la ciudadanía con el discurso de que esto se debe a una campaña en contra del gobierno de MORENA, es lamentable.

Aun cuando Claudia Sheinbaum ganó la elección más por el efecto López Obrador que por sus propuestas o identificación con los votantes, adquirió una responsabilidad de la que, supongo, tenía conocimiento de que no sería fácil; hoy, cuando se encuentra en el poder no debe justificar la incapacidad con argumentos endebles. La CDMX vive una grave crisis de inseguridad, y requiere de las decisiones claras y responsables que la ciudadanía espera de su gobierno.

Esperar a que por arte de magia o que por medio del discurso reconciliador de AMLO la delincuencia se reconvierta al “buen camino”, no solo es iluso sino que resulta patético. Sería bueno que la gobernadora de la capital empiece a entender que ya no es oposición y que un gobierno de izquierda, el cual dice representar, también está obligado a aplicar la ley y sobre todo, velar por la tranquilidad de los ciudadanos.

miércoles, 6 de febrero de 2019

La crítica; entre el odio y la descalificación

Autor: Rubén Salazar Espino
Foto tomada de Internet



La crítica congruente (la analítica, la documentada, la que se hace con el cerebro y no con el hígado) es cada vez más escasa en estos tiempos de cambios políticos en México. Por un lado, los medios de comunicación “tradicionales” (prensa escrita, radio y televisión) al seguir dependiendo, de una u otra forma, de las decisiones de gobierno, se inclinan o se enfrentan al poder de acuerdo a qué tan favorecidos o no se sientan. Por lo tanto, es difícil (que conste que no escribí: imposible) encontrar plumas o voces que no tengan intereses laborales o políticos que influyan en sus opiniones.

Por otra parte, se encuentran los medios “alternativos”, es decir, las Redes Sociales. Estos espacios de expresión fueron creados más con la intención de socializar que de informar, sin embargo, el éxito que obtuvieron aplicaciones como: Facebook, Twitter, WhatsApp, etc., llevó a los medios tradicionales a entrar a ese universo. El problema es que con la irrupción de marcas periodísticas reconocidas en las Redes Sociales, cualquier bodrio que se haga llamar “periodista” o “sitio de noticias”, se puede legitimar con un retwitt o like, sin importar que la información que se difunda sea falsa, tendenciosa o calumniosa.

Ante tal panorama, el odio y la descalificación a priori son una constante de nuestros tiempos; las Redes Sociales están plagadas de mensajes de rencor. Y es que hasta quienes uno supondría cuentan con el raciocinio y capacidad para discernir y debatir, de pronto han caído en el fácil ejercicio de insultar y compartir fake news por el simple hecho de tomar partido por una supuesta ideología que, para colmo, ha sido forjada dentro de las mismas Redes.

La crítica puede ser dura pero nunca debería ser mal intencionada, pues el odio solo provoca más odio; mientras que la ecuanimidad en la opinión incita al debate de ideas. Polemizar es sano, de hecho, es una gran forma de retroalimentación de información, pero el resentimiento que leemos día a día en los medios de comunicación, sean los “tradicionales” o “alternativos”, solo llevan a una descomposición social aún mayor de la que ya enfrentamos. El peligro de la polarización tan radical que hoy padecemos, reside en que se crea el entorno perfecto para que grupos desestabilizadores lo aprovechen hasta llegar a crear caos.

Propugnemos el debate, defendamos la libertad de expresión y empecemos de una vez a madurar como sociedad.

Insultar no es opinar.  

martes, 22 de enero de 2019

Un recorrido por twitter; el reflejo de lo que somos



Foto tomada de Internet
Autor: Rubén Salazar


Abrir twitter y leer tan solo durante un par de minutos las opiniones que ahí se vierten, se ha convertido, para un servidor, en una experiencia realmente enriquecedora, aunque no precisamente placentera.

Y es que en tan solo dos minutos, sumergido en una de las 3 principales redes sociales, puedo hacer un boceto del México en el que vivo.

Vivo en un país en el que existen personas para las que el clasismo y el racismo, son una forma cotidiana de denigración al prójimo por el simple hecho de considerarse (basados en una estúpida autoevaluación moral) superiores a todo aquel que no comparta sus gustos, ideas, modo de vida, lenguaje, color de piel, etc.

Vivo en un país en el que muchos de los que hoy vociferan en contra del gobierno, durante años callaron ante la corrupción, el saqueo, la muerte de inocentes y el dolor de miles de familias por la desaparición de sus hijos; mientras que en otro extremo, están los que antes criticaron ferozmente, pero que hoy justifican y defienden cualquier disparate como verdaderos perros protegiendo al amo.

Vivo en un país en el que hay quien se desgarra las vestiduras y protesta de manera estruendosa por la falta de gasolina, pero le vale madre si hay 50 millones de mexicanos en situación de pobreza para los que lo escaso es la de comida. ¡Ah!, pero además, para los valemadre, esos 50 millones “son pobres porque quieren”.

Vivo en un país donde mantenemos a una poderosa “clase política” que es capaz de vivir cómodamente escudándose en la supuesta representación que les da ser parte de un partido o, como pronto lo veremos, en crear uno propio a pesar de ya haber gobernado México y heredarnos un baño de sangre interminable.

Vivo en un país donde “el agandalle” es el deporte de los chingones. Desde el político que mama del erario, pasando por el empresario que se enriquece a base de obtener contratos a través de corruptelas, hasta llegar al ciudadano que intercambia su vida por robar un galón de gasolina. Y es que “el agandalle” no es exclusivo de clases sociales, profesión o ideología política, “el agandalle” es de los que se vanaglorian de practicarlo.

Vivo en un país donde la esperanza de ver caer al prójimo es una cotidiana práctica, aun cuando ello signifique que a todos nos lleve la chingada; donde desear la muerte se justifica con el discurso del bien mayor; donde la difamación junto con la difusión de noticias falsas son válidas para desmadrar a quien se ponga enfrente; y donde la empatía es para los débiles.

Vivo en un país lleno de buitres y hienas; buitres que sobrevuelan esperando ansiosos los despojos que las hienas han dejado después de saciar su apetito con el cadáver que, junto con las dos especies de animales carroñeros, representan a toda una sociedad que poco a poco se sume en la más oscura caverna de la degradación.

martes, 15 de enero de 2019

Gasolina, corrupción y castigo


Autor: Rubén Salazar E.

En estos últimos días hemos padecido escasez de gasolina en algunos puntos de México. De acuerdo al gobierno de Andrés Manuel López Obrador, los inconvenientes en al abasto del combustible obedecen a que las autoridades han iniciado a golpear el negocio del “huachicoleo”.

Sin embargo, más allá del cierre de los ductos que conducen la gasolina hacia el centro y occidente del país, está una lucha de poder entre el gobierno federal y los intereses que existen dentro y alrededor de Petróleos Mexicanos.

Está perfectamente documentado que en el robo de combustible existe colaboración de empleados de todo nivel de PEMEX; que si los cárteles de la droga se han hecho de ese negocio ilícito, es debido a que desde dentro de la paraestatal, se crea la logística para que los grupos de la delincuencia organizada distribuyan la gasolina en los territorios en los que tienen control; y que hay empresarios que se benefician con las enormes ganancias que genera el “huachicol”.

Desde el lejano 1989, año en el que el entonces presidente, Carlos Salinas, encarceló (más por una venganza política que por un combate a la corrupción) al líder petrolero, Joaquín Hernández Galicia, mejor conocido como “La Quina”, ninguna administración se había atrevido a desafiar al poderoso sindicato de petroleros. Es por ello que el hecho de que López Obrador tome decisiones radicales al respecto, incluyendo revisar el papel que juega el sindicato de PEMEX en la ordeña de ductos, es de aplaudirse. No obstante, aunque la medida es loable, el éxito de la operación “antihuachicoleo” radica en los resultados que se den respecto a fincar responsabilidades y castigo a quienes, por años, se han enriquecido a costa del robo de hidrocarburos.

Pero además de la grosera corrupción que desde la cabeza del sindicato se ha enquistado en PEMEX, están los gobiernos pasados (principalmente los 2 anteriores) en cuyas administraciones, se incrementó de manera exponencial el robo de combustible así como el empoderamiento de cárteles del narcotráfico que se hicieron del muy rentable negocio que conlleva la venta ilícita de gasolina. Es por ello que será inevitable que la sociedad exija que se investigue y, en su caso, se enjuicie a quienes permitieron el saqueo que hoy nos ocupa.

Insisto en que la fortaleza del Estado que pretende instituir López Obrador debe estar acompañada de consecuencias hacia quienes trastocan los intereses de la nación, lo cual no necesariamente involucra el uso indiscriminado de las fuerzas militares (entiéndase con ello la figura de la Guardia Nacional), pues esto sería repetir los errores que cometieron los gobiernos de Felipe Calderón y Enrique Peña, quienes llevaron al país a sumirse en una espiral de violencia que, hasta hoy, no parece tener fin. Hoy, más que nunca, se necesita actuar con inteligencia para debilitar a los criminales en sus finanzas y realizar operativos policiacos quirúrgicos en contra de los delincuentes de cuello blanco que, a fin de cuentas, siempre resultan ser los verdaderos capos.

Adicionalmente, y no menos importante, para transparentar y provocar un mejor entendimiento de sus acciones, AMLO y sus colaboradores tendrían que mejorar su estrategia de comunicación. De nada sirven las maratónicas conferencias mañaneras en las que abundan la subjetividad y las evasivas que solo incitan a la desinformación, a las conjeturas y a la proliferación de rumores absurdos.

Si la lucha contra el saqueo del patrimonio de los mexicanos va en serio, López Obrador contará con el apoyo de millones de mexicanos (me incluyo), si por el contrario, con el tiempo los resultados son más sangre y menos castigo, la propia sociedad nos encargaremos de reclamarle.