“La
libertad de expresión es decir lo que la gente no quiere oír”.
George Orwell (1903-1950)
Escritor británico.
Seis largos años del gobierno Peñista llegan a su fin; un sexenio
lleno de sinsabores; una administración deplorable; un periodo perdido en
muchos aspectos.
Enumerar los desatinos y las
corruptelas que ocurrieron durante estos últimos seis años nos darían para
escribir un libro, es por ello que, de manera general, podemos englobar todo en
corrupción, inseguridad y una economía maltrecha.
Sin embargo, como marcas
imborrables, quedarán situaciones como la de los jóvenes estudiantes de la
escuela normal de Ayotzinapa
desaparecidos en Iguala y la subsecuente investigación fallida para explicar lo
que ocurrió aquella funesta noche; la nada transparente adquisición de su
residencia conocida como “La casa blanca”; la protección
brindada a los servidores públicos señalados por corrupción en el caso de la
constructora Odebrecht; el espionaje
realizado desde la Secretaría de
Gobernación hacia periodistas por medio del software conocido como Pegasus; el descredito de la figura
presidencial provocada por la frivolidad y el dispendio mostrado por el
presidente y su familia; el crecimiento y empoderamiento de Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG)
y, por supuesto, la tasa de homicidios que rebasará la contabilizada en el
sexenio de Felipe Calderón.
En pocas palabras, las cuentas
que entrega Peña Nieto a los
mexicanos son paupérrimas, y por ende, el país que le hereda a López Obrador es una auténtica papa
caliente.
El reto de AMLO es mayúsculo, primero porque el país que recibe está herido,
herido de violencia y corrupción, y segundo, porque las expectativas hacia su
persona son enormes. Y es por ello que las promesas de campaña, la visión
transformadora y el discurso de reconciliación no bastarán para que AMLO logre orientar el rumbo del país. México necesita un cambio de fondo más
que de forma, es decir, se requiere una reconstrucción y no un embellecimiento
de la fachada. Y es que, el mandato del tabasqueño, es la última oportunidad
para sostener y fortalecer nuestra endeble democracia, pues dentro de seis años
dudo mucho que, en caso de que fracase la llamada 4ª transformación, la
sociedad considere como opción la vía política para cambiar el entorno que le
rodea.
¿México va a cambiar?, sí, no sé si para bien o para mal (jugar al
analista futurista en este tema no es de mi agrado, sobre todo por el hecho de que
Obrador apenas se está acomodado en la silla presidencial), pero lo que sí
puedo asegurar, es que por el bien de todos, deseo sinceramente el mayor de los
éxitos a Andrés Manuel López Obrador,
y que el amor que dice tener a México,
lo refleje en gobernar procurando el bien común, pues solo de esa manera
podremos vivir y convivir como lo merecemos.
¡Que así sea!
Autor: Rubén Salazar E.
rubsalazare@gmail.com


