miércoles, 20 de noviembre de 2013

LOS FANTASMAS DE LOS CAUDILLOS

Dicen unos que hay noches en que su silueta se distingue en el monte al ser iluminada por la luna. Dicen otros, que de noche se escucha relinchar a su caballo.

También hay quien asegura haber escuchado  las pisadas de sus botas en las haciendas que aún están de pie.
Es más, algunos campesinos aseguran haberse encontrado de frente con él y describen esa mirada penetrante y a la vez introvertida que le caracterizaba. De igual forma, en otro lugar, otros trabajadores de la tierra afirman haberle visto montar a su caballo al tiempo que escuchan sus características risotadas.

Sí, a pesar de los años que han pasado, los fantasmas de Emiliano Zapata y Francisco Villa siguen recorriendo los montes y poblados. Continúan buscando terminar aquello que debido a las balas de la traición quedó inconcluso.

Los desprotegidos, los abandonados, los olvidados lo aseguran. -Por las noches entran a las mansiones de los caciques para espantarlos- explican algunos, -Escuchan nuestras suplicas y de pronto la cosecha se da “re-bien”- suponen otros.
Al final, todos ellos creen en la inmortalidad de los caudillos, en la eterna cabalgata de los héroes que les protegerán por siempre.

Pero, ¿No será que los fantasmas de “El Caudillo del Sur” y “El Centauro del norte” penan tratando de encontrar el México que no fue? ¿No será que los dos valientes cabalgan por las noches para que la oscuridad les impida mirar lo que dejó la lucha revolucionaria? ¿O acaso  sus almas dolidas no descansan debido a la cobardía y arribismo de quienes debieron continuar su obra?

Tal vez sea todo lo anterior o tal vez nada, pero ahí están ellos, su lucha, sus proclamas, su coraje y sobre todo, su amor a México.
Aquí están y aquí estarán, por siempre.


Autor: Rubén Salazar Espino
rubsalazare@gmail.com
Twitter: @Ruben_Salazar

miércoles, 6 de noviembre de 2013

MICHOACÁN, LA VIOLENCIA PATROCINADA Y LA INCAPACIDAD MANIFIESTA

México sigue padeciendo de un clima de violencia. Violencia que va más allá de la adjudicada al crimen organizado y que día a día se manifiesta en diversas formas. 

Durante poco más de 6 años los medios de comunicación han llenado sus espacios con información muy cercana a la nota roja. Ejecuciones, secuestros y demás delitos han sido el pan de cada día. Sin embargo, la violencia no está solo ahí, hay otros tipos de ella que probablemente no sean tan impactantes pero que conforme transcurre el tiempo se vuelven verdaderas bombas de tiempo. 

Uno de estos casos se da en Michoacán, en ese estado el cártel autodenominado “Los caballeros templarios”, ha azotado la región a base de la extorsión, el secuestro, el trasiego y venta de drogas. El gobierno federal no ha podido mermar la fuerza de dicho grupo y es bajo esa justificación que surgieron las llamadas “auto-defensas”, supuestos pobladores organizados en sus comunidades que con armamento a las espaldas dicen proteger su territorio de la influencia de “Los templarios”. Hasta la fecha no queda claro de dónde se hacen de las armas y mucho menos de dónde llegan los recursos económicos para financiarles. Y a todo ello, hay que sumarle la formación de grupos guerrilleros que a la sombra de “las auto-defensas” y los cárteles del narcotráfico empiezan a gestarse. 

No es descabellado comparar la situación que se vive en Michoacán con lo que ocurrió en Colombia en los años 80’s y parte de los 90’s en donde un poderoso clan del narcotráfico, financió económicamente a grupos de guerrilleros y paramilitares que con su antagonismo sirvieron como un enorme avispero que puso en jaque al gobierno de ese país. La idea era provocar toda una espiral de violencia y al mismo tiempo crear diversos focos rojos lo que complicó la acción de la justicia en beneficio del capo Pablo Escobar y toda su organización. 

En Michoacán se está viviendo algo muy similar. Por un lado, “Los templarios” continúan con sus ilícitos, mientras tanto “las autodefensas” rompen la ley todos los días y en otro extremo del triangulo grupos guerrilleros inician su actividad clandestina reclutando y adiestrando personal. Si a esto le sumamos la incapacidad y en algún nivel la complicidad de los gobiernos municipales, estatal y federal, tenemos autenticas bombas de tiempo que no tardarán en explotar y que harán ver la violencia hasta hoy vivida como una leve escaramuza. 

El gobierno de Enrique Peña Nieto ha apostado a restituir el orden en el estado a base de presencia militar, pero está demostrado que si bien se puede disuadir a algunos delincuentes, dicha presencia también se convierte en otro actor dentro del escenario violento. 

Es imperante que se tomen medidas igual de radicales que los problemas, y para ello no se vería nada incongruente que se declarara la desaparición de poderes en la entidad tal y como ya ha sido propuesto por algunas voces. Sin embargo, la eterna y absurda apariencia política no le permite al gobierno y a los políticos en general, a atreverse a aceptar que Michoacán está muy cercano a ser un estado fallido.


Autor: Rubén Salazar Espino
rubsalazare@gmail.com
Twitter: @Ruben_Salazar