
"Mientras la tierra siga girando, seguiré caminando. Mientras el sol siga alumbrando, seguiré observando. Mientras la luna siga naciendo, yo seguiré soñando"
Rubén Salazar
Desde los tiempos más tensos de la guerra fría, el mundo no vivía las horas de zozobra que hoy en día pulsan debido al terremoto en Japón y la guerra civil en Libia. La tragedia que desencadenó el terremoto de 9 grados en la escala de Richter, así como el subsecuente maremoto en las costas Japonesas han dejado mucho más que destrucción y muerte. Pues más allá de la sincera y apreciable solidaridad moral que todo ser humano siente por los habitantes de esa región del mundo, se percibe la preocupación de una catástrofe mundial, por los efectos contaminantes que podrían provocar los severos daños a su infraestructura nuclear. Añadido a esto, se encuentra la caída en los mercados bursátiles asiáticos, de los cuales, depende en forma importante la estabilidad económica internacional. En pocas palabras, el terrible movimiento telúrico ha cimbrado (y continúa haciéndolo), al mundo entero.
Por su parte, el conflicto armado en Libia, se acerca cada día más a una conflagración en la que los países occidentales deberán de jugar un papel preponderante. El dictador Muamar el Gadafi, ha impactado con toda su fuerza militar a los insurrectos que exigen su salida del poder, el cual ostenta desde hace poco más de 40 años. Las violaciones a los derechos humanos, y el desprecio por las leyes internacionales, siguen siendo el pan de cada día en el país africano.
Independientemente de las causas tan disímbolas que han llevado a estos dos países a ser el centro de las miradas del mundo, es importante considerar que las repercusiones globales pueden tener una asociación verdaderamente peligrosa.
¿De qué forma se entrelazan la catástrofe Japonesa y las hostilidades en Libia? En primer lugar podríamos mencionar la crisis energética. Libia es uno de los principales productores de petróleo a nivel mundial, desde el inicio de las protestas en contra del régimen de Gadafi la escasez del energético se hizo presente y en consecuencia la elevación de su precio. De continuar el conflicto armado, y en su caso extenderse con una eventual intervención militar de naciones miembros de la OTAN, la problemática petrolera se acentuaría aun más.
En el caso de Japón, la fuerza de su explotación en lo referente a la energía nuclear, lo ha llevado a posicionarse como el tercer país del rating mundial en esa materia. Sin embargo, a raíz de los problemas suscitados en sus plantas de producción atómica, la capacidad de generación energética para su consumo interno ha disminuido de forma significativa. A su vez, una gran parte de países que cuentan con industria nuclear, han decidido revisar el costo beneficio de la misma y en algunos casos, tendrán que buscar procedimientos alternativos para cumplir con las necesidades de producción y demanda.
En segundo término, podemos referirnos a la parte financiera que indudablemente va ligada a la energética. Japón es la tercera potencia económica a nivel mundial, soporte y punta de lanza de la riqueza asiática y uno de los principales países productores de tecnología.
Libia, miembro prominente de Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP) y primer país africano en cuanto a producto interno bruto se refiere.
Las repercusiones que puede tener la debacle económica en ambos casos podría derrumbar (ya empieza a suceder) los mercados internacionales y en consecuencia una nueva crisis económica con secuelas de pronostico reservado.
También debemos destacar los daños ecológicos que se empiezan a originar por las fugas radioactivas en el país asiático al igual que la amenaza de Gadafi de incendiar pozos petroleros en caso de que se presente una intervención extranjera en Libia. Lo cual, provocaría perjuicios incalculables en el medio ambiente.
Por todo lo anterior, no es gratuito que los gobiernos y medios de comunicación de todo el orbe se mantengan en alerta máxima dando seguimiento puntual a lo que ocurre segundo a segundo en estas dos naciones.
No cabe duda que la humanidad se encuentra en uno de los momentos más complicados de su historia. Y lo que sobrevenga, seguramente hará cambiar el orden mundial una vez más.
Hasta la próxima.
Autor: Rubén Salazar
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