miércoles, 16 de marzo de 2011

DE LA PÓLVORA EN LIBIA A LOS ÁTOMOS EN JAPÓN


"Mientras la tierra siga girando, seguiré caminando. Mientras el sol siga alumbrando, seguiré observando. Mientras la luna siga naciendo, yo seguiré soñando"
Rubén Salazar

Desde los tiempos más tensos de la guerra fría, el mundo no vivía las horas de zozobra que hoy en día pulsan debido al terremoto en Japón y la guerra civil en Libia. La tragedia que desencadenó el terremoto de 9 grados en la escala de Richter, así como el subsecuente maremoto en las costas Japonesas han dejado mucho más que destrucción y muerte. Pues más allá de la sincera y apreciable solidaridad moral que todo ser humano siente por los habitantes de esa región del mundo, se percibe la preocupación de una catástrofe mundial, por los efectos contaminantes que podrían provocar los severos daños a su infraestructura nuclear. Añadido a esto, se encuentra la caída en los mercados bursátiles asiáticos, de los cuales, depende en forma importante la estabilidad económica internacional. En pocas palabras, el terrible movimiento telúrico ha cimbrado (y continúa haciéndolo), al mundo entero.

Por su parte, el conflicto armado en Libia, se acerca cada día más a una conflagración en la que los países occidentales deberán de jugar un papel preponderante. El dictador Muamar el Gadafi, ha impactado con toda su fuerza militar a los insurrectos que exigen su salida del poder, el cual ostenta desde hace poco más de 40 años. Las violaciones a los derechos humanos, y el desprecio por las leyes internacionales, siguen siendo el pan de cada día en el país africano.

Independientemente de las causas tan disímbolas que han llevado a estos dos países a ser el centro de las miradas del mundo, es importante considerar que las repercusiones globales pueden tener una asociación verdaderamente peligrosa.

¿De qué forma se entrelazan la catástrofe Japonesa y las hostilidades en Libia? En primer lugar podríamos mencionar la crisis energética. Libia es uno de los principales productores de petróleo a nivel mundial, desde el inicio de las protestas en contra del régimen de Gadafi la escasez del energético se hizo presente y en consecuencia la elevación de su precio. De continuar el conflicto armado, y en su caso extenderse con una eventual intervención militar de naciones miembros de la OTAN, la problemática petrolera se acentuaría aun más.
En el caso de Japón, la fuerza de su explotación en lo referente a la energía nuclear, lo ha llevado a posicionarse como el tercer país del rating mundial en esa materia. Sin embargo, a raíz de los problemas suscitados en sus plantas de producción atómica, la capacidad de generación energética para su consumo interno ha disminuido de forma significativa. A su vez, una gran parte de países que cuentan con industria nuclear, han decidido revisar el costo beneficio de la misma y en algunos casos, tendrán que buscar procedimientos alternativos para cumplir con las necesidades de producción y demanda.

En segundo término, podemos referirnos a la parte financiera que indudablemente va ligada a la energética. Japón es la tercera potencia económica a nivel mundial, soporte y punta de lanza de la riqueza asiática y uno de los principales países productores de tecnología.
Libia, miembro prominente de Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP) y primer país africano en cuanto a producto interno bruto se refiere.
Las repercusiones que puede tener la debacle económica en ambos casos podría derrumbar (ya empieza a suceder) los mercados internacionales y en consecuencia una nueva crisis económica con secuelas de pronostico reservado.

También debemos destacar los daños ecológicos que se empiezan a originar por las fugas radioactivas en el país asiático al igual que la amenaza de Gadafi de incendiar pozos petroleros en caso de que se presente una intervención extranjera en Libia. Lo cual, provocaría perjuicios incalculables en el medio ambiente.

Por todo lo anterior, no es gratuito que los gobiernos y medios de comunicación de todo el orbe se mantengan en alerta máxima dando seguimiento puntual a lo que ocurre segundo a segundo en estas dos naciones.

No cabe duda que la humanidad se encuentra en uno de los momentos más complicados de su historia. Y lo que sobrevenga, seguramente hará cambiar el orden mundial una vez más.

Hasta la próxima.

Autor: Rubén Salazar
rubsalazare@gmail.com
@Ruben_Salazar

viernes, 11 de marzo de 2011

11-03


En la conmemoración de los atentados terroristas en Madrid España.

Una mañana como cualquier otra, los sonidos de la ciudad despertando lentamente, el aroma del café árabe acompañando la mirada un tanto indiferente, a los carteles con las fotos de los candidatos a la presidencia, que sobresalen colgando de los postes del alumbrado público, que a su vez han dejado de iluminar para dar paso al astro rey que asoma tímidamente cubriéndose por momentos de nubes grisáceas, como si fingiera no estar ahí, como si no quisiera mirar. En la radio, el noticiario matutino sugiere las vías alternas para evitar el tráfico provocado por la volcadura de un camión repartidor de leche, el locutor amenaza con una mesa de análisis con mira a las elecciones del domingo y da la hora recomendando apresurar el paso con voz pausada, lenta como si con esto pudiera detener el tiempo, como si las manecillas del reloj lucharan por no llegar a la hora señalada ya por el destino implacable. Son las 7:30 a. m.

El murmullo se hace más fuerte al penetrar los andenes de la estación de tren, abarrotada por cientos de mujeres que esperan ya el final de la jornada laboral aun no iniciada, para abrazar a sus hijos que han tenido que dejar en casa y llevar algunas pesetas con el firme propósito de conseguir un mejor estilo de vida. Hombres maduros, cansados, como automatizados, apenas si se atreven a leer la sección deportiva del diario que presenta una exclusiva con el goleador del Madrid, Raúl González, “el orgullo español” encabeza la entrevista. La vitalidad innata de los jóvenes se hace presente a la hora de acceder a los vagones, pues a pesar de los anárquicos tumultos lo hacen con una mochila a la espalda, mochilas que guardan las horas de desvelo intentando resolver los problemas matemáticos, el ensayo de la historia de la segunda guerra mundial, o el libro "El evangelio según Jesucristo” de José Saramago, lectura presente en las ultimas dos semanas para aprobar la clase de literatura, sin embargo no todas contienen libros y cuadernos armas de la inteligencia, de los sueños y de las metas por alcanzar, pues 13 de ellas guardan muerte, sangre, terror y llanto.

Son ya las 07:39 y uno de los trenes ha detenido su marcha en la estación de Atocha, la más grande de la ciudad al tiempo que otro de ellos esta por llegar a la misma. El sol, se ha cobijado con una gran nube al sentir el frió que le ha provocado el paso de los jinetes del Apocalipsis en su camino hacia Madrid. Los pajarillos, que acostumbran posarse en el techo de la estación, han volado sin rumbo como si el viento les previniera de la llegada ya inevitable de la muerte.

Han explotado 12 bombas en total, en 3 estaciones distintas, han explotado 12 bombas de odio, de incomprensión, de intolerancia, de brutalidad, 12 bombas que acabaron con el derecho a soñar, con la virtud de mirar sin rencor, con el deleite de amar y con la tranquilidad de existir en paz. El color de la sangre, el olor de la pólvora y el sabor de las cenizas terminaron no solo con la vida de aproximadamente 200 personas sino que también extinguieron la llama de la esperanza y la razón.
Nunca más el mundo volverá a mirarse igual, el nuevo orden mundial ha fallado, el gigante despertó con su vomito a los demonios y estos no dormirán hasta saciar su sed de sangre y venganza.

…Y ojala, el sol no deje de brillar.

Autor: Rubén Salazar
rubsalazare@gmail.com
@Ruben_Salazar