MILENIO DIARIO
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Juan Ignacio Zavala
27 DE SEPTIEMBRE DE 2009
La semana que termina ha sido pródiga en noticias sobre nuestros legisladores. Uno cree que era suficiente darse por enterado de las tropelías y patanerías del diputado priista Cristian Vargas, que rompió la puerta de su oficina con una escalera. Pero no es así. En el ámbito legislativo nada es demasiado.
Los diputados federales han montado una verdadera carpa de circo en la glosa del informe. Se da por sentado que la Cámara de Diputados es un lugar donde se reproduce el ánimo público, de ahí se desprende que el debate sea en ocasiones ríspido, que eventualmente se llegue a los golpes (lo que ha pasado en países que consideramos civilizados), pero ese tipo de situaciones son parte de la anécdota. El problema en esta legislatura es que parece apuntar a ser sólo eso.
En tan sólo una semana, cada partido ha mostrado lo que espera darle a los ciudadanos en lo que se refiere al montaje y la pantomima. Increíble, pero cierto. El señor Fernández Noroña, que creíamos único en el ámbito de la charlatanería, ha encontrado rápidamente sus pares en el PRI y en el PAN, sus interlocutores en la profesión de merolico. La decadencia no tiene límites. San Lázaro parece ser el escenario perfecto para sacar a relucir los complejos personales, la crisis de identidad, los delirios de grandeza, el minuto de fama a costa de lo que sea. Total, que el sueldo no se lo tienen que ganar.
Las comparecencias de los secretarios son opacadas por escandalitos de los ínfimos debates que protagonizan individuos de gesto falso, prontos para la palabrería, el señalamiento con el dedo flamígero, las pobres muestras de valor que más recuerdan a un borracho de cantina que a un polemista o a un orador.
Esta semana nos dimos cuenta de que en la Cámara nadie defiende conceptos, ideas. Cada quien se cuida a sí mismo. No se trata de escuchar oradores, de analizar discursos. No. Lo que se presencia en la Cámara son personajes en busca del performance perdido.
Quizá el tema de discusión central en el país es la seguridad. El secretario del ramo comparece. Escucha los insultos del caso, soporta los desplantes, las bravuconerías, la búsqueda de la foto por parte del diputado rancio. Hay que aguantar los señalamientos porque la final del día eso es mejor que tener que contestar algo de fondo. Los medios esperan el cuestionamiento a la política pública. Y se abre el telón. Solamente la payasada, el show, los malabaristas, la mujer barbada, el enano bufo, el camello de tres jorobas, el tragafuegos: el circo de tres pistas. Solamente así se opaca la presencia del secretario.
Compre sus palomitas, vaya por su refresco, llámele a la familia, júntese con sus amigotes. Prepárese para lo insólito, para el espectáculo sin pudor, diga adiós a la vergüenza, olvídese del decoro y asista pronto a una sesión en la Cámara de Diputados. La función ha comenzado y parece no tener fin.
Autor: Juan Ignacio Zavala
juanignacio.zavala@milenio.com
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Juan Ignacio Zavala
23 DE SEPTIEMBRE DE 2009
Molesto porque no le abrían su oficina, el legislador del PRI en la asamblea del Distrito Federal, Cristian Vargas, fue por una escalera de metal y rompió la puerta de cristal para entrar en lo que, dijo, era la oficina que le correspondía: “El personal de resguardo no quería abrirnos, tal parece que nos discriminan por no venir trajeaditos y no nos hacían caso, así que tomé una escalera de metal y rompí la puerta de cristal, porque sólo así les voy a demostrar que yo no voy a ser ningún borrego y tampoco me van a ver la cara, por algo tengo fuero”. Qué bien.
Uno se puede imaginar las caras de “el personal de resguardo” ante la acción del señor legislador. Acostumbrados a trabajar con diputado, creían estar curados de espanto. Pero siempre hay alguien que sube el nivel de lo inesperado. Y claro, como bien sostuvo Vargas “para eso tienen fuero.”
Por supuesto que el fuero no va a servir para que pague la puerta de cristal comprada con los recursos aportados por los ciudadanos. Tampoco servirá para pedir una disculpa al personal que no le abría porque no tenía instrucciones de hacerlo. Para eso no sirve el fuero, al contrario, sirve para que no lo discriminen, a él, el señor legislador, por no andar “trajeadito”. Discriminado, jamás. Que para eso están las escaleras de metal, para mostrar que no hay temor a romper lo que se compró con el dinero de los demás. Y ni se les ocurra cobrarle al diputado Cristian, a quien no se le puede reconvenir por sus acciones. A todos los que pagamos esa puerta nos debe de quedar claro que si quiere la vuelve a romper, ya que, como él alega, para algo tengo fuero.
Entonces surge la pregunta: ¿realmente, para qué sirve el fuero? No recuerdo que haya servido, como se pensó cuando se instauró, para que los legisladores no fueran perseguidos o encarcelados por sus dichos. De alguna manera lo que hizo el diputado del PRI es lo que se espera de alguien con fuero: alguna tropelía. Hay que recordar que hace poco no se pudieron llevar a un diputado que estaba orinando en la calle en estado de ebriedad. El fuero lo protegió. A uno que chocó y se peló, tampoco lo pudieron detener. Cristian Vargas, una vez que rompió la puerta con la escalera y con su fuero, se sentó muy quitado de la pena a posar para los fotógrafos. Si para eso sirve el fuero, que se acabe.
Algo debemos hacer para mostrar que los ciudadanos tenemos un límite con la conducta de estos individuos. Alguien debiera hacer una página llamada noalfuero.com o algo por el estilo para mostrar que tenemos más capacidades que la de salir a votar cada tres años. No al fuero.
Autor: Juan Ignacio Zavala
juanignacio.zavala@milenio.com
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Juan Ignacio Zavala
20 DE SEPTIEMBRE DE 2009
Consecuencia lógica de gritar hasta el cansancio ¡Viva México, cabrones! es nuestro nacionalismo ramplón que arranca precisamente en esa frase, pasa por otra serie de bravatas e insultos y concluye en la misma expresión. Ante el extranjero nos movemos con una suerte de admiración y recelo, de cortesías y ánimo revanchista.
Sobra decir que de nuestros vecinos del norte sabemos, a nivel nacional, lo siguiente: que son los pinches gringos, que nos robaron la mitad del territorio que incluye a las güeras y lo pavimentado; que son imperialistas y se quieren quedar con el país (lo que se dice sin tomar en cuenta la cantidad de mexicanos que están allá, legales e ilegales).
De nuestras lecciones de relaciones internacionales y comprensión del mundo, se desprenden los siguientes conocimientos: ¡Pinches gachupines, casi acaban con nosotros, de milagro quedó Teotihuacan!; a México no llegan españoles de España sino españoles de mierda (hay que subrayar que la frase anterior normalmente está dicha por individuos de apellido Godínez, Pérez o Hernández); en la plaza de toros cada vez que un torero español hace una buena faena ante el pasmo de los de aquí (el reglamento dice que no pueden torear en un cartel más extranjeros que mexicanos), se oye el grito que resume nuestro sentimiento de inferioridad, nuestra impotencia ante el de afuera: ¡se siguen llevando el oroooo!!
¡Que le apliquen el 33! Grita con rabia en los ojos y con supuesto sentido de reivindicación histórica el politiquillo improvisado. Sabedor de que uno de los pocos conocimientos que compartimos la mayoría de los mexicanos es, precisamente, la existencia del artículo 33 de la Constitución. Pero no sólo lo sabemos nosotros. Pocos extranjeros que hayan vivido o que vivan en México ignoran la existencia de dicho artículo ya que desde que llegan nos dedicamos a repetírselos hasta la saciedad.
Hace varios años se le intentó hacer un juicio, por parte de algunos legisladores, a Córdoba Montoya, que es de origen francés. Independientemente de lo que haya hecho el señor Córdoba, si cometió delitos o no (en aquella ocasión los diputados no probaron nada), el asunto permitió que aflorara lo peor de nuestro nacionalismo: ¡Que se vaya el francés! Se repetía por todos lados, cargándole la primera culpa: su origen. ¡Que le apliquen el 33!, se declaraba con enjundia mexicanísima. ¡Expulsen al mesié!, se demandaba a las autoridades. El linchamiento se logró de la manera más sencilla —sin necesidad de argumento alguno—: apelando a nuestra ramplonería nacionalista.
Uno de los temas que debemos reflexionar en estas fechas patrias es adónde nos llevan estas convicciones primitivas de que los de afuera son malos y los de adentro los buenos. En otros países el triunfo de alguien que llega de afuera es motivo de satisfacción y orgullo por las condiciones de oportunidad que se generan. Aquí no aguantamos que triunfen ni los de adentro. ¡Viva México, cabrones!
Autor: Juan Ignacio Zavala
juanignacio.zavala@milenio.com
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Juan Ignacio Zavala
16 DE SEPTIEMBRE DE 2009
Nada mejor en estos días que saber qué festejamos. Sin embargo, parece que la historia patria es distinta a lo que nos enseñaron. Durante años se nos enseñó que nuestros héroes ante nada se detenían, que por donde pisaban, el campo florecía. Individuos con la mirada más allá del horizonte, con el pensamiento claro, la voluntad inquebrantable y la patria en el corazón, se dirigían desde pequeños a su misión, que cumplían con la inevitable entrega y sacrificio que la labor requería. Esta manera de enseñar la historia lo que lograba era no saber nada absolutamente de las personas de carne y hueso. Se nos ocultaron los defectos, los errores, las vidas personales. Se nos entregaban personas de mármol.
Poco a poco es que nos enteramos que Miguel Hidalgo, aparte de dar el Grito, tenía verdadera vocación por la fiesta, el baile y todo lo que implicara una suerte de desmadre colectivo. No en balde nombró capitán de su ejército y escolta personal a un criminal como Agustín Marroquín. Liberado de la cárcel al llegar las tropas de Hidalgo a Guadalajara, este hombre que estaba preso por múltiples delitos —incluido el homicidio—, encontró en el ejército comandado por el cura un vastísimo campo de acción. Fue quien dirigió los fusilamientos de españoles (hombres, mujeres, ancianos, niños) llevados a cabo todas las noches durante 15 días en la Perla Tapatía. Marroquín fue apresado de nuevo, esta vez junto con su jefe Hidalgo y corrió la misma suerte: fue fusilado y su cabeza colgada en la plaza pública.
Sabemos también (consultar el libro Amores mexicanos de José Manuel Villalpando) que doña Josefa Ortiz era una mujer verdaderamente apasionada en el ámbito de los romances. En lo que para ese entonces era un verdadero escándalo, doña Josefa y don Miguel Domínguez tuvieron una hija un año antes de celebrar su matrimonio, que se llevó a cabo con ocho meses de embarazo del segundo hijo. Doña Josefa también llevó a cabo su muy personal gesta de Independencia al aceptar los galanteos del mismísimo Ignacio Allende, provocando cualquier cantidad de bromas sobre la persona de don Miguel, que al parecer prestaba su casa para algo más que las reuniones clandestinas en las que se planeaba la Independencia. Para septiembre de 1810, la doña tenía tres meses de embarazo. Josefa Ortiz estuvo prisionera en un convento —en el que a la postre sería enterrada— al que tiempo después llegó a vivir como religiosa una hija de Allende que jamás mencionó el nombre de su madre.
Una verdadera historia de amor es la de Leona Vicario y Andrés Quintana Roo. “Me llamo Leona y quiero vivir libre como una fiera.” Bajo esta divisa Leona Vicario entregó su fortuna al ejército insurgente y su vida y amor al entonces joven Quintana Roo. Desafiando las convenciones de la época y las advertencias familiares, Leona conseguía información que pasaba a los independentistas y siguió a su amado para ser apresada y entregada por su propio tío. De poco sirvieron los esfuerzos del familiar. Al poco tiempo fue liberada por amigos de Andrés, con quien se casó y, al parecer, fueron muy felices. La leyenda de doña Leona figura incluso en compendios de espionaje. Pero quizá porque su historia es más humana nos la cuentan poco.
El Bicentenario es una buena oportunidad para saber la verdad de nuestra historia. Los especialistas tienen la palabra.
Autor: Juan Ignacio Zavala
juanignacio.zavala@milenio.com
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Juan Ignacio Zavala
13 DE SEPTIEMBRE DE 2009
En Argentina se están caldeando los ánimos. Por un lado la selección de futbol, dirigida por Maradona, parece no dar una y su clasificación para el Mundial del año entrante está en peligro. Esto a pesar de que el astro Messi juega con ellos, lo que demuestra la importancia de contar con un equipo adecuado. Las individualidades lucen cuando las apoya un conjunto. Si Argentina no se clasifica, provocaría una tragedia de enormes proporciones en ese país, conocido, entre otras cosas, por su desbordada pasión futbolera.
Pero ese no es el único tema futbolero que ha desatado la polémica allá. Resulta que la presidente Crisitina Kirchner decidió, hace unas semanas, quitarle la trasmisión del futbol argentino a la iniciativa privada y dársela a la televisión pública. “Futbol gratis y para todos”, declaró la mandataria, que sacó el deporte de la industria del cable para llevarlo a la televisión abierta. Aparentemente, se antoja un asunto de justicia social, de distribución equitativa del espectáculo y el deporte. Pero en el populismo, como en muchos otros ámbitos de la vida, las cosas no son lo que aparentan.
Atrás del “futbol para todos” está una ley de medios de comunicación que pretende darle al gobierno —según los reportes de prensa— un férreo control sobre los medios audiovisuales. Es claro también que el asunto no será “gratis”, pues la federación de futbol argentino firmó un contrato con la tv pública de varios millones para las transmisiones. Así que los contribuyentes verán futbol, pero pagarán por verlo.
Clarín, el consorcio mediático más grande de ese país, ha sido el objeto de la acción directa del gobierno. Resulta curioso, pues según las notas, ese grupo fue incluso beneficiado ampliamente por Néstor Kirchner durante su gestión. Los beneficios recibidos, cuentan, fueron pagados con un trato benigno por parte del grupo mediático que se la jugó con don Néstor y su esposa por un tiempo. Sin embargo algo pasó, y la señora se enojó. Les quitó el fútbol y lanzó la ley que muchos llaman “ley anticlarín”. No sólo eso: el pasado jueves, un centenar de inspectores se presentaron en la oficina para practicar una auditoría fiscal.
Los gobiernos populistas tienen la piel muy delgada y su afán por controlar todo es siempre desmedido. La falta de instituciones democráticas legitimadas en aquel país le permite al matrimonio manejar muchas cosas a su arbitrio. Clarín es víctima ahora del juego político que muchos medios en América Latina juegan gustosos sin medir las consecuencias. Una vez que se es socio o adulador del populista en turno, éste exigirá la rendición absoluta, y lo hará porque se reelegirá, y cuando el medio quiera usar la libertad para defenderse, se dará cuenta de que ya no la tiene, que la perdió en quién sabe cuál adulación.
“Te secuestran los goles hasta el domingo como te secuestran las imágenes y las palabras. Como secuestraron a 30 mil argentinos. No quiero más una sociedad de secuestros”, dijo la presidenta. La declaración causó estupefacción por la comparación con la dictadura sufrida en esa nación hace unas décadas. Ahora, la señora se dispone a secuestrar lo medios acompañada de su esposo. En Argentina, las cosas del fútbol, y otras, están de la patada.
Autor: Juan Ignacio Zavala
juanignacio.zavala@milenio.com
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Juan Ignacio Zavala
09 DE SEPTIEMBRE DE 2009
Para quien gobierna es claro que a las palabras deben seguir los hechos. Nada distancia más al gobernado de sus autoridades que la mentira, los falsos arranques, la palabrería. Del discurso presidencial de la semana pasada se esperaba y se espera una serie de acciones que correspondan con los cambios mencionados y con la línea proyectada.
El gobierno ha comenzado a cumplir aquello de que no “pedirá nada que no haya hecho primero”. En ese sentido se han dado diversos cambios en apenas un par de días. Se trata de cambios en el gabinete, dependencias de gran relevancia en distintas materias.
La PGR, con todo lo que lleva esta dependencia en sus funciones; la secretaría responsable del apoyo al campo mexicano, y Pemex, la empresa de la que se supone que todos somos dueños y de la que casi no sabemos nada, salvo que pagan muy bien en sus niveles gerenciales, que el sindicato la exprime hasta casi dejarla seca. Y que mucha gente hace negocios ahí, salvo los que, se dice, son sus dueños que nada más se enteran por las noticias que va cada día peor.
Entre la llamada “comentocracia” se ha criticado el bajo perfil de los que llegan a ocupar las carteras mencionadas. Ya los conocerán y tendrán tiempo de evaluarlos. El bajo perfil no va peleado con la eficiencia. En ocasiones es preferible alguien poco notorio pero efectivo. Hay quienes todavía extrañan esos movimientos de secretarías en los dorados años del PRI. En ese entonces, sí, todos eran conocidos. Es más, muy conocidos. Lo mismo eran secretarios de salud que procuradores, secretarios de comercio que directores del deporte nacional. De esa manera un puñado era el que pasaba por todos los puestos y, claro, era inevitable no conocerlos.
Por otro lado, la reducción del aparto burocrático es no sólo un acierto en términos de disminución de gasto corriente, sino que llevará consigo mejoras sustanciales en diversas materias, como o será la reducción de papeleo administrativo y diferentes obstáculos a los que se enfrentan quienes contratan o pretenden hacerlo con el gobierno y la mayor eficiencia de la planeación y ejecución de las políticas de promoción turística.
Nada es la panacea para la situación que vive el país, pero si a lo que pone el gobierno federal se suman los gobiernos estatales, los miembros del Poder Legislativo y del Judicial y los partidos políticos, seguramente lograremos algo realmente notable no sólo en términos de ahorro y direccionamiento del gasto, sino que nos habremos dado una lección de lo que podemos lograr juntos. Es la hora, porque en este tema, como en el juego de la pirinola, salió: todos ponen.
Autor: Juan Ignacio Zavala
juanignacio.zavala@milenio.com
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Juan Ignacio Zavala
06 DE SEPTIEMBRE DE 2009
Pocas cosas como la sensación de indefensión ante un delincuente. Más aún si se trata del asalto a la casa y se encuentra la familia. En el caso de los hombres, la preocupación inmediata por que no toquen a la esposa o a las hijas se coloca por encima del temor de recibir una golpiza o de ser humillado ante los hijos. La impotencia se siente aun sin haber vivido el drama. Enterarse de un evento de esa naturaleza, el robo de casa con la familia dentro, da rabia y pavor.
Esta semana nos enteramos de que dicha situación la vivió en el Distrito Federal José Eduardo Carmalla. Como lo reseña David Saúl Vela en MILENIO, vive en la Unidad Habitacional Narciso Mendoza, en la colonia Tlalpan. Se encontraba en casa con su mujer cuando entraron tres delincuentes armados a su hogar. Amarraron al matrimonio mientras saqueaban la vivienda, mientras José y su mujer se encontraban inmovilizados.
Pareciera que se trataba de un asalto más a una casa-habitación, en los que seguramente los rateros ya tenían experiencia, pero resultó que José es maestro de artes marciales. Logró librarse de los nudos, cogió un sable y salió a enfrentar a los asaltantes. Se armó el desorden entre los amantes de lo ajeno y uno amagó al kendoísta con un arma de fuego. Con agilidad lo desarmó y le encajó el sable en el estómago.
José salió a perseguir a los otros dos delincuentes y no logró darles alcance. Regresó para llamar a la policía y denunciar los hechos. Llegaron las fuerzas del orden y encontraron el cuerpo malherido del delincuente tirado en el piso de la casa de José. Llegó la ambulancia, se llevó al malhechor que murió unas horas más tarde a causa del sablazo.
Mala suerte para los ladrones. ¿Quién les hubiera dicho que se metían a la casa de una especie de Bruce Lee? Seguramente sintieron que les estaba pasando algo digno de una película de Stallone o algo por el estilo.
Mala suerte para José que llamó a la policía. Una vez que llegaron los elementos de la seguridad citadina y la ambulancia se llevó al delincuente herido, procedieron a detenerlo y llevarlo ante la autoridad pues se le podía acusar de homicidio.
José pasó dos días detenido mientras las autoridades capitalinas determinaban su situación jurídica. Salió libre porque la autoridad consideró que la muerte del asaltante fue en legítima defensa. Es probable que en esto influyera que el caso fuera reportado por los medios. El muerto había sido detenido en otras dos ocasiones.
Mala suerte para José, pues ahora tiene que cambiarse de casa, pues los otros delincuentes andan sueltos y seguramente querrán vengar la muerte de su amigo. Así que no sólo fue víctima de la inseguridad, sino también de la lentitud y las contradicciones de nuestro sistema de justicia. Ahora tendrá que invertir en otro domicilio. No sabemos si le regresaron el sable.
Mala suerte para nosotros los que no sabemos artes marciales. Nuestra indefensión es tal, que no sabemos si es preferible estar amarrados mientras saquean la casa o defendernos y terminar tras las rejas como José. Todo por llamar a la policía. Bonita ciudad.
Autor: Juan Ignacio Zavala
juanignacio.zavala@milenio.com
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Juan Ignacio Zavala
02 DE SEPTIEMBRE DE 2009
Hay un sinnúmero de consensos pendientes. El Congreso, lugar natural para los disensos y los acuerdos, deberá poner lo mejor de sí ahora que da comienzo una nueva legislatura. Una vez que se conozcan los temas y los tiempos definidos, estaremos los ciudadanos en posibilidades de atestiguar el nivel, la profundidad y el tono de los debates y los acuerdos alcanzados.
Por lo pronto llama la atención que uno de los acuerdos alcanzados en la pasada legislatura tenga ya cuestionamientos de los congresistas entrantes. Me refiero al formato del Informe de gobierno. Hay diputados que ya se manifestaron a favor de reinstalarlo. ¿Quién los entiende? Se decidió suspender lo que por décadas se llamó el Día del Presidente. La cancelación de un evento en el que todo un día se hablaba todo el tiempo en todos los medios del Presidente fue sin duda un paso para dejar atrás ciertos formatos que no correspondían necesariamente a una democracia moderna (recordemos que el Informe incluía suspensión de actividades, largas filas de besamanos, etcétera).
En México, las comparecencias de los presidentes ante el Congreso para rendir su Informe han llegado a tener momentos de locura. Recordar los kilométricos discursos de Luis Echeverría que, según narran era imposible no dormirse a las cinco horas de discurso; López Portillo invocando a los perros para defender su política económica, o pidiendo perdón “a los desposeídos” y condenando a los sacadólares al tiempo que alertaba que no nos volverían a “saquear”. Total que cuando un Informe duró tres horas, todo el mundo se puso muy contento; y más aún cuando el país retomó su vida normal ese día al no suspenderse las labores. Y en una medida que podía calificarse como criminal, se imponía la ley seca, como si un Informe de esos pudiera pasarse en seco.
Esas sesiones maratónicas eran transmitidas en vivo por los medios de comunicación. Obligados a difundir la imagen presidencial y cuidar que no saliera al aire ninguna crítica al gobernante en turno, los canales de televisión transmitían enteros los informes, fueran las horas que fueran. Y hay que ver que algunos de los ex presidentes más bien estaban para salir en Animal Planet que en una cadena nacional.
Claro que la ceremonia del Informe fue variando y, años después, los protagonistas eran los miembros de la oposición. Gritos, interrupciones, interpelaciones, golpes, jaloneos, pancartas, máscaras de cerdo, legisladores dando la espalda al Presidente, había de todo. Incluso se le llegó a impedir a Fox la entrada en su último Informe.
No sabemos qué es lo que vayan a hacer los legisladores, pero sería bueno que nos quedáramos con las decisiones tomadas si éstas no son negativas para la sociedad. Es el problema de la reformitis: lo que cambia uno, a los tres años llega otro y lo vuelve a cambiar. Nuestras leyes no están hechas para perdurar en el tiempo, sino para ser cambiadas a contentillo. Ése es uno de nuestros problemas.
Autor: Juan Ignacio Zavala
juanignacio.zavala@milenio.com
A quienes a pesar de todo, creemos en un México mejor
1. Seguridad.
El 1 de diciembre de 2006, en una agitada ceremonia en la cámara de diputados, Vicente Fox colocaba la banda presidencial a Felipe Calderón. La polarización política provocada por López Obrador, había convertido al recinto de San Lázaro, en un hervidero que amenazaba con extenderse a lo largo del centro del país. Sin embargo, éste conflicto sólo representaba una de las dificultades que tendría que enfrentar.
Desde antes de tomar posesión, Calderón tenía muy claro que existían problemas que tenían que ser atacados de manera inmediata, ya que de no hacerlo, la estabilidad del país estaría en serio riesgo, el que más preocupaba al nuevo mandatario era el del narcotráfico. Una noche antes, había nombrado al Secretario de la Defensa Nacional y al de Marina con la encomienda de atacar de inmediato a los cárteles de la droga, quienes a la sombra de la impunidad y corrupción de los gobiernos priístas constituían una fuerza capaz de poner en peligro el estado de derecho mexicano. Aún cuando Vicente Fox había asestado algunos golpes importantes al crimen organizado, las estructuras delictivas no fueron mermadas de manera significativa y aprovecharon para reorganizarse y enfrentar los nuevos tiempos políticos, en los que ya no tendrían la tutela de las autoridades tricolores.
Con todo el poderío económico que se obtiene de la venta de droga, los cárteles estaban listos para iniciar una guerra que ya veían venir, guerra que inició cuando a unos días del inicio de su mandato, Felipe Calderón ordenó al ejército realizar un operativo a gran escala en el estado de Michoacán. A partir de ese momento, el país ha sido testigo de una insólita y decidida batalla por parte de las fuerzas federales en contra del crimen organizado, la cual empieza a dar frutos pues ya se percibe el quebranto a las capacidades destructivas del narco.
2. Salud, Educación y Programas sociales.
La consolidación y creación de programas sociales, ha logrado que en ésta primera mitad del gobierno de Calderón, se beneficie a un amplio sector social que durante décadas careció de los más elementales servicios básicos, tales como el de vivienda, educación y salud.
Programas como el Seguro Popular, que atiende a poco más de 10 millones de mexicanos que por diversas razones no tenían acceso a servicio medico gratuito, cumplen con una de las principales obligaciones del estado. El benefició de éste programa es directo y las repercusiones en la vida de los asegurados han sido más que afortunadas. Como ejemplo, tenemos la reducción de mortandad infantil y mujeres embarazadas por falta de atención médica en zonas de alta marginación.
En otro ámbito, las reformas educativas impulsadas por el ejecutivo, contemplan una reestructura de fondo en los métodos de enseñanza, basada en la selección y capacitación de los docentes, que tienen como responsabilidad educar al futuro del país. Adicionalmente, se ha dotado de mejores instalaciones y herramientas tecnológicas que permite elevar sustancialmente el nivel de aprendizaje de los alumnos y aunque esta tarea no es cosa fácil, los cimientos para una mejor educación ya han sido puestos.
Sin embargo, y sin menospreciar los temas anteriores, el mayor desafío que ha enfrentado el presidente Felipe Calderón en sus primeros tres años de gobierno, fue el de la epidemia de Influenza A/H1N1, que se dio a conocer en el mes de Abril del año en curso. Y es que, este virus era hasta ese momento, totalmente desconocido para la ciencia medica y por lo tanto sus efectos en la población eran un preocupante enigma. La acción oportuna del gobierno federal a través de la Secretaría de Salud, logró no sólo detener el contagio de la enfermedad, sino que además alertó al mundo de la existencia de la misma.
3. Economía.
A finales del 2008, la economía mundial inició un dramático desplome que inevitablemente afectó a México, las bolsas de valores más importantes del orbe experimentaron caídas estrepitosas, los precios del petróleo bajaron considerablemente y con ello, nuestra moneda se vio en desventaja ante el dólar estadounidense.
El riesgo de cierre de empresas y el consecuente despido de trabajadores, fueron atajados por el gobierno federal al destinar recursos que permitieran subsidiar parte de los salarios que perciben estos últimos. Además, se instituyó el programa de empleo temporal, que permite que aquellos que han perdido su trabajo, se puedan emplear en actividades de construcción y mantenimiento de infraestructura carretera y de servicios. Sin embargo, la sociedad en su conjunto reclama soluciones efectivas, el país ha tocado fondo y a pesar de las acciones tomadas, estas no han sido suficientes para contrarrestar los efectos negativos de la crisis. El desempleo y la caída del poder adquisitivo de los mexicanos requiere de la atención puntual de su gobierno, ya que de no hacerlo, los próximos tres años podrían convertirse en el calvario de Felipe Calderón y seguro estoy que esto no beneficiaria a nadie.
Autor: Rubén Salazar
rubsalazare@gmail.com