
MILENIO DIARIO
Acentos
Juan Ignacio Zavala
02 DE SEPTIEMBRE DE 2009
Hay un sinnúmero de consensos pendientes. El Congreso, lugar natural para los disensos y los acuerdos, deberá poner lo mejor de sí ahora que da comienzo una nueva legislatura. Una vez que se conozcan los temas y los tiempos definidos, estaremos los ciudadanos en posibilidades de atestiguar el nivel, la profundidad y el tono de los debates y los acuerdos alcanzados.
Por lo pronto llama la atención que uno de los acuerdos alcanzados en la pasada legislatura tenga ya cuestionamientos de los congresistas entrantes. Me refiero al formato del Informe de gobierno. Hay diputados que ya se manifestaron a favor de reinstalarlo. ¿Quién los entiende? Se decidió suspender lo que por décadas se llamó el Día del Presidente. La cancelación de un evento en el que todo un día se hablaba todo el tiempo en todos los medios del Presidente fue sin duda un paso para dejar atrás ciertos formatos que no correspondían necesariamente a una democracia moderna (recordemos que el Informe incluía suspensión de actividades, largas filas de besamanos, etcétera).
En México, las comparecencias de los presidentes ante el Congreso para rendir su Informe han llegado a tener momentos de locura. Recordar los kilométricos discursos de Luis Echeverría que, según narran era imposible no dormirse a las cinco horas de discurso; López Portillo invocando a los perros para defender su política económica, o pidiendo perdón “a los desposeídos” y condenando a los sacadólares al tiempo que alertaba que no nos volverían a “saquear”. Total que cuando un Informe duró tres horas, todo el mundo se puso muy contento; y más aún cuando el país retomó su vida normal ese día al no suspenderse las labores. Y en una medida que podía calificarse como criminal, se imponía la ley seca, como si un Informe de esos pudiera pasarse en seco.
Esas sesiones maratónicas eran transmitidas en vivo por los medios de comunicación. Obligados a difundir la imagen presidencial y cuidar que no saliera al aire ninguna crítica al gobernante en turno, los canales de televisión transmitían enteros los informes, fueran las horas que fueran. Y hay que ver que algunos de los ex presidentes más bien estaban para salir en Animal Planet que en una cadena nacional.
Claro que la ceremonia del Informe fue variando y, años después, los protagonistas eran los miembros de la oposición. Gritos, interrupciones, interpelaciones, golpes, jaloneos, pancartas, máscaras de cerdo, legisladores dando la espalda al Presidente, había de todo. Incluso se le llegó a impedir a Fox la entrada en su último Informe.
No sabemos qué es lo que vayan a hacer los legisladores, pero sería bueno que nos quedáramos con las decisiones tomadas si éstas no son negativas para la sociedad. Es el problema de la reformitis: lo que cambia uno, a los tres años llega otro y lo vuelve a cambiar. Nuestras leyes no están hechas para perdurar en el tiempo, sino para ser cambiadas a contentillo. Ése es uno de nuestros problemas.
Autor: Juan Ignacio Zavala
juanignacio.zavala@milenio.com
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