domingo, 13 de septiembre de 2009

COSAS DE LA PATADA


MILENIO DIARIO
Acentos
Juan Ignacio Zavala
13 DE SEPTIEMBRE DE 2009

En Argentina se están caldeando los ánimos. Por un lado la selección de futbol, dirigida por Maradona, parece no dar una y su clasificación para el Mundial del año entrante está en peligro. Esto a pesar de que el astro Messi juega con ellos, lo que demuestra la importancia de contar con un equipo adecuado. Las individualidades lucen cuando las apoya un conjunto. Si Argentina no se clasifica, provocaría una tragedia de enormes proporciones en ese país, conocido, entre otras cosas, por su desbordada pasión futbolera.

Pero ese no es el único tema futbolero que ha desatado la polémica allá. Resulta que la presidente Crisitina Kirchner decidió, hace unas semanas, quitarle la trasmisión del futbol argentino a la iniciativa privada y dársela a la televisión pública. “Futbol gratis y para todos”, declaró la mandataria, que sacó el deporte de la industria del cable para llevarlo a la televisión abierta. Aparentemente, se antoja un asunto de justicia social, de distribución equitativa del espectáculo y el deporte. Pero en el populismo, como en muchos otros ámbitos de la vida, las cosas no son lo que aparentan.

Atrás del “futbol para todos” está una ley de medios de comunicación que pretende darle al gobierno —según los reportes de prensa— un férreo control sobre los medios audiovisuales. Es claro también que el asunto no será “gratis”, pues la federación de futbol argentino firmó un contrato con la tv pública de varios millones para las transmisiones. Así que los contribuyentes verán futbol, pero pagarán por verlo.

Clarín, el consorcio mediático más grande de ese país, ha sido el objeto de la acción directa del gobierno. Resulta curioso, pues según las notas, ese grupo fue incluso beneficiado ampliamente por Néstor Kirchner durante su gestión. Los beneficios recibidos, cuentan, fueron pagados con un trato benigno por parte del grupo mediático que se la jugó con don Néstor y su esposa por un tiempo. Sin embargo algo pasó, y la señora se enojó. Les quitó el fútbol y lanzó la ley que muchos llaman “ley anticlarín”. No sólo eso: el pasado jueves, un centenar de inspectores se presentaron en la oficina para practicar una auditoría fiscal.

Los gobiernos populistas tienen la piel muy delgada y su afán por controlar todo es siempre desmedido. La falta de instituciones democráticas legitimadas en aquel país le permite al matrimonio manejar muchas cosas a su arbitrio. Clarín es víctima ahora del juego político que muchos medios en América Latina juegan gustosos sin medir las consecuencias. Una vez que se es socio o adulador del populista en turno, éste exigirá la rendición absoluta, y lo hará porque se reelegirá, y cuando el medio quiera usar la libertad para defenderse, se dará cuenta de que ya no la tiene, que la perdió en quién sabe cuál adulación.

“Te secuestran los goles hasta el domingo como te secuestran las imágenes y las palabras. Como secuestraron a 30 mil argentinos. No quiero más una sociedad de secuestros”, dijo la presidenta. La declaración causó estupefacción por la comparación con la dictadura sufrida en esa nación hace unas décadas. Ahora, la señora se dispone a secuestrar lo medios acompañada de su esposo. En Argentina, las cosas del fútbol, y otras, están de la patada.

Autor: Juan Ignacio Zavala
juanignacio.zavala@milenio.com

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