La violencia siempre será condenable, pero la violencia generada, patrocinada y/o tolerada por el estado, es aún más ruin. Michoacán vive momentos de agitación, los grupos de autodefensa enfrentados a muerte con el cártel de “Los Caballeros Templarios” y en medio de ambos el ejército mexicano, tienen al estado sumido en una grave crisis de seguridad.
¿Pero cómo se pudo llegar a esto? ¿Quiénes son los responsables de provocar tal situación?
Vayamos por partes. Es innegable que la violencia en Michoacán no surgió de manera repentina pues viene de muchos años atrás. La inoperancia y complicidad de sus gobernantes, la ubicación geográfica del estado, la inequidad social y la falta de una estrategia federal para atacar al crimen organizado, ha venido produciendo a lo largo de por lo menos 2 sexenios un vacío de poder en el que el más violento es el que manda en el lugar.
No es desconocido para nadie que el cártel de “Los Templarios” literalmente se adueño de poblaciones enteras, y es impensable creer que esto no lo hicieron bajo el cobijo de autoridades municipales, estatales y federales.
La descomposición provocada por el régimen de facto del grupo criminal, fue haciéndose más evidente en cuanto grandes empresas nacionales e internacionales que comercian en la zona, se vieron extorsionadas o boicoteadas por mandato de “Los Templarios”.
Pero si eso pasaba con las grandes compañías ¿Qué estaría sucediendo con los pequeños y medianos comerciantes? Parece que nadie se preocupo por ellos. Agricultores, ganaderos, micro empresarios, taxistas y cualquier ente productivo de la región era extorsionado. Las cuotas por comerciar productos como el limón o el aguacate, las tarifas por ejercer cualquier tipo de profesión y hasta la obligatoriedad de consumir productos de procedencia ilícita eran el pan de cada día.
El hartazgo por dicha situación llevó a que los pobladores de esas regiones se organizaran para repeler las agresiones y la zozobra en la que “Los Templarios” los han mantenido, es así que se surgen las autodefensas.
Todo lo anterior ha acontecido ante la miopía de quienes tienen la obligación de proporcionar las condiciones óptimas de seguridad y bienestar. El gobierno estatal existe solo en el sello y ya ni hablar de los municipales, esos ni en el directorio telefónico parecieran estar. Por su parte, el federal se ha limitado a organizar algunos operativos sin mucho éxito que solo han servido de propaganda mediática, el poder legislativo solo mira para los adentros de sus intereses partidistas y el judicial sigue siendo arcaico y altamente corrupto.
Entre toda esta red de ineptitud, llama la atención la complicidad hacia los grupos armados, llámense “Templarios” o autodefensas. Las imágenes del ejército escoltando a pobladores que portan armas de grueso calibre parecieran indicarnos que la mano del gobierno está detrás de la creación de las autodefensas con la intención de que estas organizaciones realicen “el trabajo sucio” de erradicar a la delincuencia.
Aún cuando hay muchas cosas que deberán de ser aclaradas con respecto a la impunidad que han gozado por años los cárteles de la droga en Michoacán, y al respaldo gubernamental del que han sido objeto las autodefensas a través de proporcionarles las condiciones de libre operación, es claro que el caos que se vive en ese estado tiene como principales responsables a todos y cada uno de los integrantes de aquella elite llamada “clase política”.
Autor: Rubén Salazar Espino
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