miércoles, 27 de abril de 2011

LA POLÍTICA DE JUAN PABLO II


Cuando vienen los recuerdos de la niñez, es inevitable la imagen de la primera visita del Papa Juan Pablo II a México. El revuelo causado por el líder de la iglesia católica en 1979, fue sin duda uno de los más significativos en la historia moderna del país.

Pero ¿Porqué México fue elegido por el jerarca religioso para iniciar su peregrinar alrededor del mundo? Debemos recordar que el estado Vaticano se encontraba bajo serios cuestionamientos por la repentina muerte de Juan Pablo I. Existían teorías que hablaban de la conspiración y la lucha entre facciones, las cuales podrían haber tenido injerencia directa en el “sospechoso” fallecimiento del predecesor del llamado “Papa viajero”.
Igualmente, es importante tener en cuenta que en aquel tiempo no existían relaciones a nivel político entre México y la santa sede. Siendo nuestro país uno de los más importantes centros religiosos en el mundo y con una población mayoritariamente católica, México era el lugar exacto tanto por la estructura social como geográfica para experimentar con la nueva política vaticana.

La respuesta que obtuvo el nuevo Papa por parte del pueblo mexicano y la subsecuente repercusión a nivel mundial, empezó a debilitar a los críticos y a los defensores de las teorías del complot. También, logró colocar los primeros cimientos que 13 años después, reconstruirían las relaciones diplomáticas con nuestro país, al tiempo que la cúpula eclesiástica mundial, se empezaba a regocijar con la llegada de quien al paso de los años, se convertiría en el dirigente político más importante en la antigua historia católica.

Con la experiencia de sus primeros viajes y habiendo superado por mucho las expectativas que se tenían de él, Juan Pablo II arranca de lleno su pontificado con la firme idea de sanar las heridas que la iglesia católica había dejado en amplios grupos sociales, religiosos y políticos. Para ello, se acerca a los líderes de todas las creencias destacando los encuentros con las directivas judía, musulmana, ortodoxa y hasta la tibetana, con las que existían severas diferencias de carácter no sólo religioso sino también oficial.
De igual forma, entabla platicas con gobernantes del bloque socialista europeo, con la finalidad de externar la preocupación por el cada vez mayor peligro de una conflagración mundial, derivada de la acelerada carrera armamentista, así como por la petición de respeto a los derechos humanos de los habitantes de esos países.

Es innegable la importancia del papel jugado por Juan Pablo II en las pláticas de paz entre judíos y palestinos, en la caída del muro socialista, algunos intentos democratizadores de la iglesia y en la restauración de relaciones diplomáticas del Vaticano con más de 80 países.

Sin embargo, a lo largo de su pontificado también se encuentran pasajes oscuros. Entre ellos y probablemente el que más se le reprochará, es el encubrimiento (intencional o no) de las denuncias de abuso sexual infantil por parte de clérigos en todo el orbe.
Las acusaciones por estos hechos, fueron acalladas y archivadas en el rincón más lúgubre de la santa sede, aún cuando las pruebas eran lo suficientemente solidas como para iniciar una investigación seria.
Así mismo, se le recordará por la nula presión ejercida por su diplomacia en la guerra de la ex Yugoslavia y el tibio reclamo por la limpieza étnica que se suscito en los Balcanes.
La falta de apertura para escuchar algunas voces disidentes, la cerrazón para actuar respecto a transparentar la ostentosa riqueza vaticana y los apoyos brindados a gobiernos dictatoriales en África y Sudamérica son parte de la historia no exaltable del Papa polaco.

Después de 6 años de su muerte y a unos días de su beatificación, es necesario registrar que sin la figura de Juan Pablo II, sería muy complicado entender la historia de la segunda mitad del siglo XX.


Hasta la próxima.

Autor: Rubén Salazar
rubsalazare@gmail.com
Twitter: @Ruben_Salazar

viernes, 15 de abril de 2011

SAN FERNANDO, TAMAULIPAS. LAS RESPONSABILIDADES


Con admiración, a mí gran amigo Paco Romero por su incesante lucha.

El hallazgo de más de 140 cadáveres enterrados en fosas clandestinas en el municipio de San Fernando, estado de Tamaulipas, ha provocado de nueva cuenta la indignación de una sociedad cada vez más horrorizada ante la violencia perpetrada por el crimen organizado. Una vez más, nos damos por enterados de la aterradora facilidad con la que grupos delincuenciales pueden privar de la vida a decenas de personas inocentes. De nueva cuenta, hemos podido corroborar la ineficacia y complicidad de cuerpos policiacos, que ya sea por omisión o comisión, permiten que actos tan despreciables como los ocurridos en el poblado de San Fernando, se lleven a cabo con total impunidad.
Es importante recordar que en agosto del año pasado, en esa misma población fueron asesinados 72 migrantes, en su mayoría centroamericanos que pretendían llegar a los Estados Unidos. Lo cual nos habla de un verdadero estado de indefensión en el que se encuentra sumida esa zona del país.

Pero, ¿Cómo entender que hechos de tal magnitud puedan ocurrir? Sinceramente no encuentro una explicación razonable. Definitivamente es imposible hallar un resquicio de lógica en actos tan despreciables.
Sin embargo, lo que si es posible es señalar es la falta de compromiso por parte de quienes, deberían de ser los responsables de salvaguardar la integridad de los mexicanos. Y digo deberían puesto que en definitiva no lo han hecho.

Para ejemplificar lo anterior, recordemos que el año pasado, el presidente Calderón hizo un llamado a diversos sectores políticos y sociales, con la intención de entablar un diálogo en el que se expresaran libremente las inquietudes, propuestas y hasta reclamos en materia de seguridad. A dicho foro asistieron jerarcas religiosos, empresarios, dueños de medios de comunicación, las cúpulas de los poderes judicial y legislativo, gobernadores y “representantes” de la sociedad civil. Ahí escuchamos una gran cantidad de discursos llenos de compromisos y buenas intenciones que al día de hoy, podemos constatar que su mayoría fue demagogia barata.

¿Acaso el poder judicial ha implementado políticas internas para hacer eficiente y transparentar el trabajo de los jueces? ¿Podemos afirmar que los legisladores han ocupado horas extras para sacar adelante leyes que proporcionen mayor seguridad a la población? ¿Los gobernadores y presidentes municipales han depurado sus cuerpos policiacos? ¿Los “representantes” de la sociedad civil han dado seguimiento a los compromisos y en su caso exigido que se cumplan? En todos los casos la respuesta es un rotundo ¡no!
Tal y como ocurría desde entonces, el combate lo sigue dando el gobierno federal. Igual que en aquel momento, hoy se escuchan voces que hablan del “estado fallido”, de “cambiar la estrategia”, del “repliegue de las fuerzas federales” y del patético “pacto con los delincuentes”. Pero de los compromisos y obligaciones nadie habla.

En aquel entonces y previo a que se dieran dichas platicas escribí lo siguiente; “Soy un convencido de que estamos en un momento difícil pero también de oportunidad, soy un aferrado creyente de la ciudadanización de las organizaciones e instituciones. Ciudadanización que se debe dar no solo en apariencia sino en las entrañas del poder.”
“La estabilidad y el futuro del país ya no debe quedar en las manos de unos cuantos, es hora de abrir las puertas y permitir la entrada de todos aquellos que tienen algo que decir. México lo merece.”


Hoy más que nunca reafirmo lo escrito, pues mientras la voz de los ciudadanos esté en boca de aquellos que incumplen con sus responsabilidades, más sangre inocente se derramará.


Hasta la próxima.


***Nota: El artículo al que hago referencia lo pueden consultar en:
http://eldeleitedelaidea.blogspot.com/2010/07/dialoguemos.html ***

Autor: Rubén Salazar
rubsalazare@gmail.com
Twitter: @Ruben_Salazar

jueves, 7 de abril de 2011

EL JUSTO RECLAMO SOCIAL


Al recuerdo de mis padres

A mediados del año 2004, asistí a la marcha en contra de la violencia. Por variadas razones, fue sin duda uno de los momentos más emotivos de los que haya sido testigo.
El legitimo reclamo de miles de ciudadanos para exigir que las autoridades cumplieran con su deber y la condena unánime en contra de todos aquellos que delinquen, se resumió en dos palabras ¡Ya basta!
El sentimiento de unidad social así como el de la reconquista del poder ciudadano, consiguió que por algunos días, nos sintiéramos capaces no sólo de lograr que nuestros gobernantes pusieran especial énfasis en procurar por nuestra seguridad, sino que también, los propios delincuentes sintieran el rechazo de una sociedad cansada de las vejaciones ocasionadas por ellos.
Desafortunadamente, de aquella manifestación únicamente queda el recuerdo.

Cuatro años más tarde, en 2008, el empresario Alejandro Martí, sufrió la perdida de su hijo a manos de una banda de secuestradores. Posterior al lamentable suceso, el señor Martí fue convocado para participar en una reunión del más alto nivel, donde se trató la problemática de la inseguridad en el país. A dicha reunión asistieron, el presidente Calderón, gobernadores de los estados, representantes del poder legislativo, procuradores y jueces.
Al hacer uso de la palabra, el empresario mexicano pronunció de manera valiente las siguientes palabras: “Señores, si piensan que la vara es muy alta, si piensan que es imposible hacerlo, si no pueden, renuncien, pero no sigan ocupando las oficinas de gobierno, no sigan recibiendo un sueldo por no hacer nada, que esto también es corrupción"
Al término de su exposición, los participantes le brindaron un aplauso y se dejaron escuchar voces que aceptaron su reto. Del otro lado, los ciudadanos nos vimos de nueva cuenta con la fuerza necesaria para reivindicar la posición en contra de la violencia y la exigencia de resultados inmediatos para con las autoridades.
Infortunadamente, otra vez, de aquel mensaje, solamente queda el recuerdo.

En días recientes, el asesinato de siete jóvenes en la ciudad de Cuernavaca, consternó nuevamente a la sociedad. La reconocida figura del poeta y escritor Javier Sicilia, padre de uno de los muchachos muertos, logró que el debate nacional se centrara de nueva cuenta en la problemática de inseguridad que vive México.
Con el lema, “Estamos hasta la madre”, se convocó a manifestaciones con las demandas de justicia y certidumbre. Nuevamente los ciudadanos han salido a las calles esperando ser escuchados, esperando ser tomados en cuenta, esperando que no sea demasiado tarde.
¿Qué pasará? No lo sé. Sin embargo, de acuerdo a los antecedentes recientes, no se puede ser muy optimista en cuanto a los resultados que se puedan obtener.

No obstante, la sociedad no puede ni debe claudicar en su empeño. No debemos quedarnos callados mientras nuestros hijos sigan siendo masacrados, envenenados, ultrajados.
No podemos permanecer impávidos ante la corrupción, incapacidad y mezquindad de ciertos gobernantes. Ante la (des)información y la apología de la violencia reproducida por algunos medios. Ni ante la cada vez mayor polarización social, creada por políticos que aprovechan el derramamiento de sangre cual viles aves carroñeras, para saciar su hambre de poder.

Tenemos la obligación moral de seguir gritando: “¡Ya basta, si no pueden renuncien, porque estamos hasta la madre!”


Hasta la próxima.

Autor: Rubén Salazar
rubsalazare@gmail.com
Twitter: @Ruben_Salazar

martes, 5 de abril de 2011

EL ASESINATO DEL FUTURO


El asesinato de un joven, es una bofetada en el rostro hipócrita de la sociedad.

Las escaleras del puente peatonal parecen interminables, el agotamiento nocturno y la impaciencia por llegar al hogar, prolonga aun más el hastío de la monotonía regular.

Las luces de los automóviles que cruzan velozmente por debajo de él, le hacen pensar en las luciérnagas que gustaba contemplar en su niñez, allá en el rancho donde su padre era literalmente explotado por el cacique local.

Ya ha bajado del puente y la noche comienza a parecer más densa, más fría, más inhóspita.
Da la vuelta por la calle polvorienta que hoy, parece estar poco menos que desierta. Aprieta el paso al tiempo que cubre su nariz y boca con un pañuelo, para evitar que el repentino ventarrón le provoque tragar el polvo que mañosamente se levanta frente a él.

Mira el reloj y cae en cuenta que han pasado tres horas desde que terminó la llamada telefónica con su pequeña hija. Han transcurrido dos horas desde que la maquína compresora de la fábrica tuvo la avería que provocó el enojo del patrón. Y se ha cumplido una hora desde que introdujo su tarjeta de salida en el checador. Ensimismado en los recuerdos recientes, continúa su andar.

Las lámparas de la unidad habitacional ya se divisan. El deseo de una taza de café caliente, le da la fuerza necesaria para recorrer con mayor vigor la calle que le separa de su hogar.
Empieza a buscar la llave de la reja, que los vecinos y él decidieron colocar hace un mes, debido a los múltiples saqueos que habían sufrido varios de ellos.

Ha logrado encontrar el llavero y se dispone a abrir el enrejado. De pronto, un grito lo hace voltear a su costado y queda paralizado al darse cuenta que quien lo emite, es un joven bañado en sangre que corre desenfrenadamente hacia él. Sin lograr entender lo que el muchacho dice, se da cuenta que de un automóvil descienden tres o cuatro siluetas que se mueven rápida y coordinadamente.

Los primeros disparos lo ensordecen. Los siguientes lo horrorizan. El cuerpo del joven está a sus pies. Las siluetas han abordado el vehículo y como auténticos espectros, desaparecen en el anonimato que les proporciona la oscuridad nocturna y el terregal de la calle sin pavimentar.

Ahora que lo mira de cerca, se da cuenta que la persona que agoniza entre sus brazos tal vez no rebasa los 15 años. Lo ha recostado entre sus brazos, acerca su oído a la boca del chiquillo para escuchar lo que entre borbotones de sangre intenta expresar.
“¿y mi mamá?”, “ya no me pegues papá” son las últimas dos frases que articula el niño antes de morir.

Después de esta noche nada volverá a ser igual. La impotencia, la rabia y el miedo se ha apoderado de su ser. Las lágrimas, la sangre, y la voz entrecortada de aquel jovencito, lo acompañará el resto de su vida. Las preguntas sin respuesta y la desesperación ante la incongruencia que conlleva la muerte de quien representa el futuro del país, estremecerán su entendimiento por siempre.


Hasta la próxima.

Autor: Rubén Salazar
rubsalazare@gmail.com
Twitter: @Ruben_Salazar