
Con admiración, a mí gran amigo Paco Romero por su incesante lucha.
El hallazgo de más de 140 cadáveres enterrados en fosas clandestinas en el municipio de San Fernando, estado de Tamaulipas, ha provocado de nueva cuenta la indignación de una sociedad cada vez más horrorizada ante la violencia perpetrada por el crimen organizado. Una vez más, nos damos por enterados de la aterradora facilidad con la que grupos delincuenciales pueden privar de la vida a decenas de personas inocentes. De nueva cuenta, hemos podido corroborar la ineficacia y complicidad de cuerpos policiacos, que ya sea por omisión o comisión, permiten que actos tan despreciables como los ocurridos en el poblado de San Fernando, se lleven a cabo con total impunidad.
Es importante recordar que en agosto del año pasado, en esa misma población fueron asesinados 72 migrantes, en su mayoría centroamericanos que pretendían llegar a los Estados Unidos. Lo cual nos habla de un verdadero estado de indefensión en el que se encuentra sumida esa zona del país.
Pero, ¿Cómo entender que hechos de tal magnitud puedan ocurrir? Sinceramente no encuentro una explicación razonable. Definitivamente es imposible hallar un resquicio de lógica en actos tan despreciables.
Sin embargo, lo que si es posible es señalar es la falta de compromiso por parte de quienes, deberían de ser los responsables de salvaguardar la integridad de los mexicanos. Y digo deberían puesto que en definitiva no lo han hecho.
Para ejemplificar lo anterior, recordemos que el año pasado, el presidente Calderón hizo un llamado a diversos sectores políticos y sociales, con la intención de entablar un diálogo en el que se expresaran libremente las inquietudes, propuestas y hasta reclamos en materia de seguridad. A dicho foro asistieron jerarcas religiosos, empresarios, dueños de medios de comunicación, las cúpulas de los poderes judicial y legislativo, gobernadores y “representantes” de la sociedad civil. Ahí escuchamos una gran cantidad de discursos llenos de compromisos y buenas intenciones que al día de hoy, podemos constatar que su mayoría fue demagogia barata.
¿Acaso el poder judicial ha implementado políticas internas para hacer eficiente y transparentar el trabajo de los jueces? ¿Podemos afirmar que los legisladores han ocupado horas extras para sacar adelante leyes que proporcionen mayor seguridad a la población? ¿Los gobernadores y presidentes municipales han depurado sus cuerpos policiacos? ¿Los “representantes” de la sociedad civil han dado seguimiento a los compromisos y en su caso exigido que se cumplan? En todos los casos la respuesta es un rotundo ¡no!
Tal y como ocurría desde entonces, el combate lo sigue dando el gobierno federal. Igual que en aquel momento, hoy se escuchan voces que hablan del “estado fallido”, de “cambiar la estrategia”, del “repliegue de las fuerzas federales” y del patético “pacto con los delincuentes”. Pero de los compromisos y obligaciones nadie habla.
En aquel entonces y previo a que se dieran dichas platicas escribí lo siguiente; “Soy un convencido de que estamos en un momento difícil pero también de oportunidad, soy un aferrado creyente de la ciudadanización de las organizaciones e instituciones. Ciudadanización que se debe dar no solo en apariencia sino en las entrañas del poder.”
“La estabilidad y el futuro del país ya no debe quedar en las manos de unos cuantos, es hora de abrir las puertas y permitir la entrada de todos aquellos que tienen algo que decir. México lo merece.”
Hoy más que nunca reafirmo lo escrito, pues mientras la voz de los ciudadanos esté en boca de aquellos que incumplen con sus responsabilidades, más sangre inocente se derramará.
Hasta la próxima.
***Nota: El artículo al que hago referencia lo pueden consultar en:
http://eldeleitedelaidea.blogspot.com/2010/07/dialoguemos.html ***
Autor: Rubén Salazar
rubsalazare@gmail.com
Twitter: @Ruben_Salazar
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