La violencia en las
tribunas de los estadios del fútbol mexicano no es nueva. Sin embargo, a partir
de la importación vía Sudamérica de las llamadas barras, es que los desmanes se han incrementado de manera exponencial.
Las barras como llaman a ciertos grupos de animación, se les ubican
principalmente en América del Sur. Históricamente,
países como Argentina, Uruguay, Chile y Colombia, han padecido la violencia de
dichas organizaciones.
En México, el mote barra llega como una idea (pésima) de la
directiva del club Pachuca. Para ello, contratan barristas sudamericanos que tuvieron como misión reclutar y
organizar a jóvenes que a la postre serían pioneros en entonar cánticos con
acento argentino, iluminar la tribuna con bengalas y sobre todo generar
desmanes en cualquier plaza donde se presentaran.
Son precisamente esos
mercenarios sudamericanos los que posteriormente se alquilarían con diversos
clubes para fundar barras so pretexto
de contrarrestar a la pachuqueña. Todo ello con el aval y patrocinio de los
dueños de los equipos, federativos y medios de comunicación.
No obstante la
influencia antes descrita, es importante hacer mención especial de los grupos
de animación de los Pumas de la UNAM. Durante años, las porras universitarias
se caracterizaron por ser agresivas, ya sea de manera verbal o física, los
seguidores y jugadores del equipo contrario sufrían de la misma al visitar
Ciudad Universitaria. Es precisamente ahí, en el estadio México 68, donde se
registró la que hasta ahora ha sido la mayor tragedia en la historia del fútbol
mexicano.
En 1985 durante el
partido final entre Pumas y América, 10 personas perdieron la vida en el túnel
número 29. Decenas de aficionados, entre ellos niños, quedaron atrapados en uno
de los accesos al estadio esto provocado por el sobrecupo que presentaban las
tribunas. El inmueble se encontraba atiborrado debido principalmente a que
cientos de seguidores del equipo felino ingresaron dando “portazo”.
Las porras (ahora barras)
universitarias, tuvieron su auge violento principalmente en la época de los
80’s. Los intereses políticos dentro de la propia universidad nacional, fueron
el marco perfecto para que dichas estructuras gozaran de impunidad y patrocinio
por parte de autoridades.
Personalmente conocí
de todo ello al participar en uno de los grupos de animación en la
preparatoria.
Y es precisamente a la
ahora barra universitaria autollamada Rebel
y a la del equipo América, La Monumental, dos de los grupos más
violentos y exacerbados rivales, que se puede ejemplificar el monstruo de mil
cabezas que han creado los propios dirigentes del fútbol mexicano.
La Rebel se adueñó no solo de las tribunas del estadio de CU, pues a base de
protagonizar batallas campales dentro del estadio y amenazar a jugadores y
directivos, también logró registrarse como marca utilizando el Puma
universitario el cual le fue cedido por Arturo Elías Ayub, cuando este fungía
como directivo del equipo con la supuesta condición de que la barra “se portara bien”.
Pero eso no es todo,
adicionalmente se les otorgaron facilidades para comercializar sus productos
(playeras, banderas, escudos, etc.) en las inmediaciones del estadio, todo esto
sin mencionar los consabidos boletos para ingresar a los partidos, los
transportes y viáticos para cuando el equipo juega de visitante.
Es decir, un verdadero
negocio redondo cuyas ganancias son considerables y que por supuesto no sería
nada extraño que parte de ellas llegaran hasta la directiva.
Por su parte, la barra americanista, La Monumental, tiene como principal semillero a las escuelas del
Instituto Politécnico Nacional (IPN). Al igual que su contraparte
universitaria, goza de todas las “prestaciones” por parte del club azulcrema.
Boletos, lugar preferencial en el estadio azteca, viáticos para viajes y
difusión a nivel nacional por televisión, son solo algunas de las prebendas de
las que este grupo se ha hecho a base de encabezar actos violentos en
prácticamente todas las plazas donde se llevan a cabo juegos de fútbol
profesional.
La estructura de La Monumental ha llegado a ser tan
fuerte que lo mismo se les puede ver las tribunas de Santa Úrsula, en un mitin
político o actuando como grupo de choque para desalojar a los habitantes de un
predio irregular. Prácticamente se alquilan al mejor postor.
Pero hay mucho más en
el negocio de las barras, para nadie
es un secreto que dentro de las mismas se realiza narcomenudeo, surten de
boletos a la reventa ilegal y tienen la fuerza suficiente para “reventar”
entrenadores, jugadores y hasta directivos pues también son patrocinados por promotores deportivos.
En todo este tema no
podemos dejar de lado a múltiples actores que de una u otra forma han
contribuido para que estos grupos puedan existir. Directivos que como ya hemos
mencionado les recibieron con los brazos abiertos, les han patrocinado y les
han cumplido sus exigencias, los medios de comunicación que han hecho apología
del actuar de las barras, en cada uno
de los juegos transmitidos por televisión les hacen tomas cercanas además de
festejarles sus actos ¿cuántas veces no hemos escuchado en voz de los
cronistas: “La Rebel no para de apoyar”,
“La Monumental se hace sentir en el
azteca”, ”La Perra Brava empieza con
su espectáculo”, etc.? Y por supuesto las autoridades que no han valorado
en su totalidad la peligrosidad de estas organizaciones y que cuando se han
decidido a actuar en su contra, como fue en el caso del clásico tapatío,
Atlas–Guadalajara, queda demostrado que no tienen la mínima preparación para
hacerles frente.
Acabar con las barras no es tarea fácil, los intereses
que representan son muy fuertes. Empero, son precisamente los que las hicieron
parte del fútbol mexicano los que ahora tienen la obligación de si bien no
desaparecerlos por completo, sí de acotar su poder y sobre todo acabar con la
impunidad que gozan.
Autor: Rubén Salazar Espino
rubsalazare@gmail.com
Twitter: @Ruben_Salazar
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