lunes, 10 de marzo de 2014

ENTRAÑABLE AMIGO

A: Alfonso J. Monge Rivas

Entrañable amigo:

Quiero que sepas que en estos días mi mente ha trabajado en exceso trasladándome a cientos de momentos y escenarios.

Por ejemplo, me ha llevado al día en que interviniste para evitar que la golpiza que en ese momento me propinaban fuera mayor.
Con ello reafirmé la idea de que siempre teníamos que protegernos.

De igual forma, tengo muy presente los días que al calor de la cervezas y el dolor por el desamor preparatoriano, entonábamos fade to black de Metallica.
Gracias a esos momentos aprendí a compartir el dolor.

Mi mente me ha llevado a sentir aquel disfrute de los conciertos de heavy metal a los que asistimos juntos, mismos que por cierto eran todo un ritual.
Sacudir nuestras cabezas al ritmo de tan poderosos acordes me ayudaron a entender que el júbilo se disfruta mucho más cuando la gente apreciada está cerca…

…Perdona que haga una pausa pero últimamente sufro de un maldito “nudo” en la garganta que solo puedo controlar respirando hondo, bebiendo un sorbo de café o encendiendo un cigarrillo…

…Así es entrañable amigo, los recuerdos se han agolpado en mi mente intentando llegar hasta donde tú estás.
De pronto me surgen escenas tan diferentes que van desde estar en el estadio apoyando a “Los Condores” de la UNAM y llegan hasta el día que me invitaste a ser testigo de tu boda.
Escenas mentales en las que puedo mirarnos sentados departiendo en plena reunión familiar o en la banqueta de la calle cercana a tu casa comiendo una quesadilla…

…Ahí viene de nuevo la molesta cerrazón de garganta…

…¿Sabes? Durante estas pausas me llegan más y más imágenes de nuestras andanzas. Como aquella en la que casi te rogué para que me acompañaras a una fiesta ¿Quién lo diría? En esa reunión conociste a quién a la postre sería tu esposa.

Por supuesto que dentro de toda esta remembranza no faltan nuestras familias. Sí, tu familia que desde la primera vez que me llevaste a tu casa me abrió las puertas no solo de su hogar sino de su corazón. Sí, mi familia que igualmente desde el día en que te conocieron hicieron lo propio para con tu persona.

Entrañable amigo, no quiero entretenerte más contándote todo esto pues seguro estoy que nuestras miles de experiencias juntos también están contigo, además de que debo confesarte que en un acto de egoísmo, pienso quedarme con muchos de esos recuerdos solo para mí.

Sin embargo, no quiero terminar sin antes agradecerte infinitamente por la complicidad, los consejos mutuos, las risas, las aventuras, pero sobre todo, por darme la dicha de poder afirmar que en ti encontré un verdadero amigo.


Ahora entrañable amigo, continúa tu viaje y descansa, descansa en paz.


Autor: Rubén Salazar Espino
rubsalazare@gmail.com
Twitter: @Ruben_Salazar

2 comentarios:

  1. Cómo todo buen lider valiente va por delante abriendonos paso para después recibirnos...así pues sigamos su ejemplo de buen hijo, buen hermano, buen padre y buen esposo. Animo, pues el buen poncho desde donde esta nos esta viendo y lo q menos quiere es vernos tristes...esta en paz y con Dios

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