A: Alfonso J. Monge Rivas
Entrañable amigo:
Quiero que sepas que en estos días mi mente ha trabajado en exceso
trasladándome a cientos de momentos y escenarios.
Por ejemplo, me ha llevado al día en que interviniste para evitar que
la golpiza que en ese momento me propinaban fuera mayor.
Con ello reafirmé la idea de que siempre teníamos que protegernos.
De igual forma, tengo muy presente los días que al calor de la
cervezas y el dolor por el desamor preparatoriano, entonábamos fade to black de Metallica.
Gracias a esos momentos aprendí a compartir el dolor.
Mi mente me ha llevado a sentir aquel disfrute de los conciertos de
heavy metal a los que asistimos juntos, mismos que por cierto eran todo un
ritual.
Sacudir nuestras cabezas al ritmo de tan poderosos acordes me ayudaron
a entender que el júbilo se disfruta mucho más cuando la gente apreciada está
cerca…
…Perdona que haga una pausa pero últimamente sufro de un maldito
“nudo” en la garganta que solo puedo controlar respirando hondo, bebiendo un
sorbo de café o encendiendo un cigarrillo…
…Así es entrañable amigo, los recuerdos se han agolpado en mi mente
intentando llegar hasta donde tú estás.
De pronto me surgen escenas tan diferentes que van desde estar en el
estadio apoyando a “Los Condores” de la UNAM y llegan hasta el día que me
invitaste a ser testigo de tu boda.
Escenas mentales en las que puedo mirarnos sentados departiendo en
plena reunión familiar o en la banqueta de la calle cercana a tu casa comiendo
una quesadilla…
…Ahí viene de nuevo la molesta cerrazón de garganta…
…¿Sabes? Durante estas pausas me llegan más y más imágenes de nuestras
andanzas. Como aquella en la que casi te rogué para que me acompañaras a una
fiesta ¿Quién lo diría? En esa reunión conociste a quién a la postre sería tu
esposa.
Por supuesto que dentro de toda esta remembranza no faltan nuestras
familias. Sí, tu familia que desde la primera vez que me llevaste a tu casa me
abrió las puertas no solo de su hogar sino de su corazón. Sí, mi familia que
igualmente desde el día en que te conocieron hicieron lo propio para con tu
persona.
Entrañable amigo, no quiero entretenerte más contándote todo esto pues
seguro estoy que nuestras miles de experiencias juntos también están contigo,
además de que debo confesarte que en un acto de egoísmo, pienso quedarme con muchos
de esos recuerdos solo para mí.
Sin embargo, no quiero terminar sin antes agradecerte infinitamente
por la complicidad, los consejos mutuos, las risas, las aventuras, pero sobre
todo, por darme la dicha de poder afirmar que en ti encontré un verdadero
amigo.
Ahora entrañable amigo, continúa tu viaje y descansa, descansa en paz.
Autor: Rubén Salazar Espino
rubsalazare@gmail.com
Twitter: @Ruben_Salazar

:(
ResponderEliminarCómo todo buen lider valiente va por delante abriendonos paso para después recibirnos...así pues sigamos su ejemplo de buen hijo, buen hermano, buen padre y buen esposo. Animo, pues el buen poncho desde donde esta nos esta viendo y lo q menos quiere es vernos tristes...esta en paz y con Dios
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