jueves, 23 de agosto de 2012

HÁGALO SIN HUEVOS

Ante el brutal incremento en el precio del huevo, el secretario de economía, Bruto ¡Perdón! Bruno Ferrari, nos ha conminado a todos los mexicanos a dejar de consumir el producto de gallina y sustituirlo por algunos otros manjares.

Así que para enriquecer la gran propuesta del “genio” con apellido de automóvil deportivo, les dejo está breve pero significativa lista de recomendaciones esperando les sea de utilidad.

1. Si acostumbra a poner huevo en su licuado, sustitúyalo con atún (no se vale vomitar pues la leche, la fruta y el atún no son nada baratos)

2. Si acostumbra desayunar huevos divorciados, sólo divórciese (en caso de ser soltero(a) ya se chingó)

3. Si acostumbra acompañar el arroz con un huevo, póngale más arroz en lugar del huevo.

4. Si acostumbra empanizar con huevo el bistec, ahora utilice agua.

5. Si acostumbra tomar huevos tibios, entíbiese los propios (en caso de ser mujer, ya se chingó)

6. Si acostumbra preparar machaca con huevo, macháquese los propios (en caso de ser mujer, macháqueselos de una patada al primer despistado que encuentre a su paso)

7. Si acostumbra utilizar huevo para preparar pan, deje de hacerlo y póngase a preparar tortillas.

8. Si acostumbra echar la hueva, sígalo haciendo pero sin consumir huevo.

9. Si acostumbra hacer caracolitos con los dedos y gritar ¡huevos!, reemplácelo por unos violines o mentada de madre.

10. Si ninguna de las recomendaciones anteriores le parece, pues trague aire o chinguese, ¿quién le manda ser pobre?


Hasta la próxima.


Autor: Ruben Salazar E.
rubsalazare@gmail.com
Twitter: @Ruben_Salazar

jueves, 16 de agosto de 2012

CANDIL DE LA CALLE, OSCURIDAD DE...

Recientemente los medios de comunicación a nivel mundial dieron a conocer la noticia de que en un cine del estado de Colorado en los Estados Unidos, un joven de 24 años disparó en contra de los espectadores que presenciaban la película de Batman. Ante esto, las reacciones de pesadumbre e indignación por parte de la sociedad a lo largo y ancho del orbe no se hicieron esperar

Por supuesto que México no fue la excepción en cuanto a la condena de tan despreciable acto criminal. En las charlas de sobremesa, en las calles y en las redes sociales se podían escuchar y leer cualquier tipo de comentarios de asombro y repudio. De igual manera, las causas que llevaron a James Holmes (nombre del asesino) a cometer el atentado, también fueron puestas a debate en nuestro país, las teorías iban desde el diagnostico psiquiátrico hasta la decadencia de la sociedad norteamericana pasando por la “mala influencia” que pueden llegar a tener las películas con un alto grado de violencia en la conducta de niños y jóvenes.
Pero más allá de la justificada aflicción, en México, el multihomicida de Colorado viene a recordarnos esa doble moral tan característica en nuestra sociedad.

En años recientes hemos sido testigos del reclutamiento de niños y jóvenes por bandas del crimen organizado, chavos que no rebasan los 20 años han sido detenidos por las autoridades acusados de ejecuciones, venta y trasiego de droga, secuestros y hasta decapitaciones. Cientos de jóvenes mexicanos han sido muertos a manos de sus iguales, ejemplos como el de los adolescentes masacrados en la tristemente célebre colonia Villas de Salvarcár en Ciudad Juárez, han sido parte de una realidad que en algunos casos ha sido vista con cierta indiferencia social.
Desafortunadamente eso no es todo, los medios de comunicación nos han informado sobre el hallazgo de fosas clandestinas con decenas de cadáveres enterrados en varios estados de la Republica, y hasta nos han transmitido en vivo el incendio de un casino provocado por criminales pertenecientes a un cártel de narcotraficantes en donde murieron más de 50 personas.


Hechos como los mencionados son sólo una parte de los horrores que como país hemos sufrido y de los que en muchos casos, la indignación ha durado el mismo tiempo que la nota deja de serlo para los periódicos.
No cabe duda que el impacto mediático es fundamental para provocar emociones en la sociedad, pero también es significativo que esas emociones no se muestren de forma abierta cuando dentro de casa ocurre la desgracia.
De pronto pareciera que ese “deporte” tan mexicano de enaltecer al vecino, aplica también cuando de horrores se trata.     


Hasta la próxima.



Autor: Rubén Salazar E.
rubsalazare@gmail.com
Twitter: @Ruben_Salazar

viernes, 3 de agosto de 2012

UN BRINDIS MÁS QUERIDO AMIGO


A casi un año de tu partida continuamos extrañándote querido Paco

La invitación suena un tanto extraña pues eso de caminar sin rumbo fijo no es precisamente una actividad que yo suela hacer de forma frecuente. Sin embargo, ya has iniciado la marcha y esa determinación con la que lo haces me llama a acompañar tus pasos

La charla inicia con temas triviales como el clima, la serie policiaca de televisión y los resultados del futbol. De pronto, interrumpes tu camino y con la mano izquierda señalas un ave que cruza el cielo a gran velocidad, al tiempo que con orgullo mencionas que ese vertiginoso e imperceptible revoloteo representa lo que fue tu vida. Ante mi extrañeza por tan abstracto comentario, me invitas a tomar asiento en el escalón que se encuentra a la entrada de un enorme edificio. Enciendes un cigarrillo y sin dejar de mirar el cielo explicas; -Siempre me sentí libre como ese pájaro, sobrevolé a través del tiempo viendo pasar la existencia de cientos de personas y nunca perdí el sentido de la orientación pues siempre supe el camino de vuelta-.
Te has levantado y con un movimiento de cabeza me indicas que es hora de continuar el paseo.

Hemos llegado a un parque que luce semivacío, sólo un par de parejas se alcanzan a divisar entre los arboles así como un vendedor de globos que descansa recostado en el pasto. Ahora soy yo el que propone sentarnos en una banca y gustoso aceptas no sin antes encender otro cigarrillo.

-Quiero que me respondas muchas preguntas- te digo sin saber exactamente por donde empezar –Lo sé- contestas sin voltear a verme, pero el tono de tu voz me hace comprender que no lo harás y decido no insistir.

Una mujer cruza frente a nosotros y nos saluda cordialmente con la mano, -¿La conoces?- te pregunto un tanto confundido pues estamos en un lugar en el que no creo que seas visitante frecuente.
–En mi andar conocí a muchas personas, de buenas y malas intenciones. Gente que gozó viéndome crecer, triunfar, fracasar. Seres sin rostro, pero con alma que me ayudaron a levantarme de mis caídas, que me enseñaron a querer y otros tantos que se divirtieron observando mi sufrimiento– mientras hablabas, tus manos no habían dejado de moverse dibujando siluetas como si intentaras plasmar esos recuerdos en un lienzo imaginario.

La tarde empieza a caer y el resonar de los silbidos de los pájaros que anidan en las copas de los arboles se hace más fuerte. -¿Escuchas ese sonido?- me inquieres tocando tu oreja con el dedo índice –Es tan similar a la música, esa forma de expresión que desborda los sentidos, que me acompañó desde mi niñez y con la que en muchas ocasiones llené los espacios vacios dentro de mí- continúas sin haber esperado una respuesta de mi parte.

El viento sopla con más fuerza emitiendo un original eco al chocar con la estructura de un pilote que se encuentra detrás nuestro. –Son las voces mis demonios internos- comentas mientras exhalas una bocanada de humo y prosigues -A lo largo de los años aprendí a convivir con ellos, al principio me dieron mucha lata pero poco a poco fui domesticándolos de tal forma que al día de hoy son algo así como “acompañantes necesarios”- Sueltas una gran carcajada que de inmediato me contagia y que me ayuda a recordar esa parte de tu personalidad jovial y casi infantil que tanto nos divertía.

Casi sin darme cuenta hemos emprendido el camino de vuelta, la noche ha llegado y con ella algo de frio. Te detienes y de entre los bolsillos de tu chamarra alcanzas una pequeña ánfora de ron, la destapas, bebes un gran sorbo y estiras el brazo para ofrecérmela –Un brindis más querido amigo- me indicas mientras en tu mirada se refleja el lagrimeo que provoca el alcohol al iniciar su recorrido por el torrente sanguíneo. –¡Claro que sí!- exclamo con cierta complicidad.

La sensación del ron resbalando por mi garganta me ha hecho cerrar los ojos, siento tu mano en mi hombro y alcanzo a escucharte reír divertido seguramente por los inevitables gestos que ves en mi rostro.
He abierto los ojos, por unos segundos trato de reconocer el lugar donde me encuentro. Estoy recostado en mi cama, me doy cuenta que todo ha sido un sueño. Sueño que por alguna buena razón no alcancé a terminar, pues seguramente pronto te volveré a encontrar en ese mundo onírico donde es posible decirte ¡Gracias por tus enseñanzas! además de ¡Un brindis más querido amigo!


Hasta la próxima.



Autor: Rubén Salazar E.
rubsalazare@gmail.com
Twitter: @Ruben_Salazar