viernes, 3 de agosto de 2012

UN BRINDIS MÁS QUERIDO AMIGO


A casi un año de tu partida continuamos extrañándote querido Paco

La invitación suena un tanto extraña pues eso de caminar sin rumbo fijo no es precisamente una actividad que yo suela hacer de forma frecuente. Sin embargo, ya has iniciado la marcha y esa determinación con la que lo haces me llama a acompañar tus pasos

La charla inicia con temas triviales como el clima, la serie policiaca de televisión y los resultados del futbol. De pronto, interrumpes tu camino y con la mano izquierda señalas un ave que cruza el cielo a gran velocidad, al tiempo que con orgullo mencionas que ese vertiginoso e imperceptible revoloteo representa lo que fue tu vida. Ante mi extrañeza por tan abstracto comentario, me invitas a tomar asiento en el escalón que se encuentra a la entrada de un enorme edificio. Enciendes un cigarrillo y sin dejar de mirar el cielo explicas; -Siempre me sentí libre como ese pájaro, sobrevolé a través del tiempo viendo pasar la existencia de cientos de personas y nunca perdí el sentido de la orientación pues siempre supe el camino de vuelta-.
Te has levantado y con un movimiento de cabeza me indicas que es hora de continuar el paseo.

Hemos llegado a un parque que luce semivacío, sólo un par de parejas se alcanzan a divisar entre los arboles así como un vendedor de globos que descansa recostado en el pasto. Ahora soy yo el que propone sentarnos en una banca y gustoso aceptas no sin antes encender otro cigarrillo.

-Quiero que me respondas muchas preguntas- te digo sin saber exactamente por donde empezar –Lo sé- contestas sin voltear a verme, pero el tono de tu voz me hace comprender que no lo harás y decido no insistir.

Una mujer cruza frente a nosotros y nos saluda cordialmente con la mano, -¿La conoces?- te pregunto un tanto confundido pues estamos en un lugar en el que no creo que seas visitante frecuente.
–En mi andar conocí a muchas personas, de buenas y malas intenciones. Gente que gozó viéndome crecer, triunfar, fracasar. Seres sin rostro, pero con alma que me ayudaron a levantarme de mis caídas, que me enseñaron a querer y otros tantos que se divirtieron observando mi sufrimiento– mientras hablabas, tus manos no habían dejado de moverse dibujando siluetas como si intentaras plasmar esos recuerdos en un lienzo imaginario.

La tarde empieza a caer y el resonar de los silbidos de los pájaros que anidan en las copas de los arboles se hace más fuerte. -¿Escuchas ese sonido?- me inquieres tocando tu oreja con el dedo índice –Es tan similar a la música, esa forma de expresión que desborda los sentidos, que me acompañó desde mi niñez y con la que en muchas ocasiones llené los espacios vacios dentro de mí- continúas sin haber esperado una respuesta de mi parte.

El viento sopla con más fuerza emitiendo un original eco al chocar con la estructura de un pilote que se encuentra detrás nuestro. –Son las voces mis demonios internos- comentas mientras exhalas una bocanada de humo y prosigues -A lo largo de los años aprendí a convivir con ellos, al principio me dieron mucha lata pero poco a poco fui domesticándolos de tal forma que al día de hoy son algo así como “acompañantes necesarios”- Sueltas una gran carcajada que de inmediato me contagia y que me ayuda a recordar esa parte de tu personalidad jovial y casi infantil que tanto nos divertía.

Casi sin darme cuenta hemos emprendido el camino de vuelta, la noche ha llegado y con ella algo de frio. Te detienes y de entre los bolsillos de tu chamarra alcanzas una pequeña ánfora de ron, la destapas, bebes un gran sorbo y estiras el brazo para ofrecérmela –Un brindis más querido amigo- me indicas mientras en tu mirada se refleja el lagrimeo que provoca el alcohol al iniciar su recorrido por el torrente sanguíneo. –¡Claro que sí!- exclamo con cierta complicidad.

La sensación del ron resbalando por mi garganta me ha hecho cerrar los ojos, siento tu mano en mi hombro y alcanzo a escucharte reír divertido seguramente por los inevitables gestos que ves en mi rostro.
He abierto los ojos, por unos segundos trato de reconocer el lugar donde me encuentro. Estoy recostado en mi cama, me doy cuenta que todo ha sido un sueño. Sueño que por alguna buena razón no alcancé a terminar, pues seguramente pronto te volveré a encontrar en ese mundo onírico donde es posible decirte ¡Gracias por tus enseñanzas! además de ¡Un brindis más querido amigo!


Hasta la próxima.



Autor: Rubén Salazar E.
rubsalazare@gmail.com
Twitter: @Ruben_Salazar

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