jueves, 16 de agosto de 2012

CANDIL DE LA CALLE, OSCURIDAD DE...

Recientemente los medios de comunicación a nivel mundial dieron a conocer la noticia de que en un cine del estado de Colorado en los Estados Unidos, un joven de 24 años disparó en contra de los espectadores que presenciaban la película de Batman. Ante esto, las reacciones de pesadumbre e indignación por parte de la sociedad a lo largo y ancho del orbe no se hicieron esperar

Por supuesto que México no fue la excepción en cuanto a la condena de tan despreciable acto criminal. En las charlas de sobremesa, en las calles y en las redes sociales se podían escuchar y leer cualquier tipo de comentarios de asombro y repudio. De igual manera, las causas que llevaron a James Holmes (nombre del asesino) a cometer el atentado, también fueron puestas a debate en nuestro país, las teorías iban desde el diagnostico psiquiátrico hasta la decadencia de la sociedad norteamericana pasando por la “mala influencia” que pueden llegar a tener las películas con un alto grado de violencia en la conducta de niños y jóvenes.
Pero más allá de la justificada aflicción, en México, el multihomicida de Colorado viene a recordarnos esa doble moral tan característica en nuestra sociedad.

En años recientes hemos sido testigos del reclutamiento de niños y jóvenes por bandas del crimen organizado, chavos que no rebasan los 20 años han sido detenidos por las autoridades acusados de ejecuciones, venta y trasiego de droga, secuestros y hasta decapitaciones. Cientos de jóvenes mexicanos han sido muertos a manos de sus iguales, ejemplos como el de los adolescentes masacrados en la tristemente célebre colonia Villas de Salvarcár en Ciudad Juárez, han sido parte de una realidad que en algunos casos ha sido vista con cierta indiferencia social.
Desafortunadamente eso no es todo, los medios de comunicación nos han informado sobre el hallazgo de fosas clandestinas con decenas de cadáveres enterrados en varios estados de la Republica, y hasta nos han transmitido en vivo el incendio de un casino provocado por criminales pertenecientes a un cártel de narcotraficantes en donde murieron más de 50 personas.


Hechos como los mencionados son sólo una parte de los horrores que como país hemos sufrido y de los que en muchos casos, la indignación ha durado el mismo tiempo que la nota deja de serlo para los periódicos.
No cabe duda que el impacto mediático es fundamental para provocar emociones en la sociedad, pero también es significativo que esas emociones no se muestren de forma abierta cuando dentro de casa ocurre la desgracia.
De pronto pareciera que ese “deporte” tan mexicano de enaltecer al vecino, aplica también cuando de horrores se trata.     


Hasta la próxima.



Autor: Rubén Salazar E.
rubsalazare@gmail.com
Twitter: @Ruben_Salazar

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