martes, 18 de febrero de 2014

LOS BOLIVARIANOS MEXICANOS

Desde que tengo uso de razón, he escuchado hablar con sobresaliente indignación a ciertos grupos de intelectuales, estudiantes, políticos y comunicadores sobre la represión que sufrieron los estudiantes mexicanos en 1968 y 1971. Lo que no nos dicen es que los líderes de dicho movimiento no solo no fueron parte de los muertos, sino que a través de los años han ocupado cargos de diputados, senadores, secretarios o gobernantes.

De igual manera, he sido testigo de la adoración que esos mismos grupos le profesan al Che Guevara y Fidel Castro. En este punto no puedo obviar el desgastado discurso de que en Cuba la gente es pobre pero educada.

También les he contemplado en la defensa a ultranza del sistema dictatorial venezolano instaurado por Hugo Chávez y continuado por Nicolás Maduro. Para los mexicanos simpatizantes de la Republica Bolivariana, Chávez fue algo así como el mesías que América latina esperaba.

Bien, pues en estos días se han registrado manifestaciones estudiantiles en Venezuela para protestar en contra del antidemocrático régimen.  La respuesta del gobierno ha sido asesinar a algunos de los jóvenes que de manera legítima exigen libertades.
Ante eso pregunto: ¿Dónde están los que por conveniencia siguen llorando a los muertos del 68? ¿Dónde están los adoradores del dictador Castro? ¿Dónde están los bolivarianos de computadora? ¿Dónde está la izquierda defensora de las libertades? ¿Por qué no levantan la voz contra lo que claramente es un gobierno represor?

Señoras y señores, las protestas sociales no son exclusividad de la izquierda, los movimientos estudiantiles no solo son auténticos cuando Camila Vallejo los abandera y los crímenes de estado nada tienen que ver con un sistema político en especial.


Lo que sí parece ser exclusivo, es la hipocresía de esos grupos pseudosociales que solo ven la paja en el ojo ajeno.


Autor: Rubén Salazar Espino
rubsalazare@gmail.com
Twitter: @Ruben_Salazar

domingo, 9 de febrero de 2014

LA GUERRA POR LAS TELECOMUNICACIONES

Las telecomunicaciones son prioritarias para el avance y competitividad de cualquier país.
México no debería ser la excepción. Sin embargo, las luchas por el poder que representan, provocan retraso y magras políticas de desarrollo tecnológico.

En el actual periodo legislativo se tendrán que discutir y en su caso aprobar las leyes secundarias de la reforma de telecomunicaciones aprobada en lo general durante el año anterior. Para ello, ya desde ahora se pronostica una verdadera guerra en donde los participantes se valdrán de cualquier arma para defender los intereses no de la nación sino de los potentados del ramo.

Es esta conflagración que está por iniciar, juegan un papel preponderante los medios de comunicación. Y es que estos se verán afectados directamente en las decisiones finales.
Por un lado, Televisa de Emilio Azcarraga, pretende seguir siendo la cadena televisiva que controle el mercado, mientras que Telmex de Carlos Slim, proyecta mantener el control de la telefonía fija y móvil, además de incursionar abiertamente en la televisión.

Ante esta situación, valdría la pena que los legisladores apartaran de sus posiciones los tabúes y mitos que por años han rodeado al sector. De igual forma, sería prudente que aquellos que cuentan con espacios periodísticos, hicieran un ejercicio de ética o de plano se mantuvieran al margen del debate.

Durante décadas se ha culpado a Televisa de prácticamente todos los males que aquejan al país. Se le ha endilgado la manipulación, la miseria y la corrupción social. Se le ha acusado de evadir impuestos, de quebrantar el núcleo familiar y hasta de imponer a presidentes de la republica.
No cabe duda que el poder de la televisión es muy fuerte y que se utiliza para influir en ciertas decisiones que toma el telespectador, no en balde hay anunciantes que pagan grandes cantidades de dinero para promover sus productos a través de ese medio. Sin embargo, existe una enorme ventaja para quienes prendemos el televisor, y esa es, apagarlo. No se puede ocultar que bastantes contenidos que ofrece Televisa dejan mucho que desear, pero si estos subsisten es precisamente a que hay miles de mexicanos mirándolos.
Por otra parte, tampoco se puede negar que la empresa de Emilio Azcarraga ha abierto algunos espacios plurales, los cuales probablemente resultan insuficientes pero sería impropio no reconocerlo.

Ahora bien, anteponiendo que la crítica debe de existir sustentada en la libertad de expresión, es un hecho que en muchas ocasiones se hace por desconocimiento o se utiliza para proteger intereses no muy claros. Ese es el caso de periodistas e intelectuales cuyo rating lo deben al ataque sistemático hacia Televisa. Ejemplo claro es el de Carmen Aristegui.

Para nadie es un secreto que Carmen goza de todas las simpatías de Carlos Slim, que la empresa para la que labora (MVS), es apoyada económicamente por él y que la línea editorial que maneja está construida a partir de el obsesivo repudio de la periodista por la televisora de Azcarraga, en la que por cierto ella trabajó en algún tiempo.
Aristegui se ha convertido en una especie de vocera no solo del hombre más rico de México y uno de los 2 del mundo, sino también de aquellos que ven en Televisa a la bestia apocalíptica. Desde militantes de izquierda hasta agrupaciones radicales ven a la conductora de MVS como una figura emblemática. Todo ello no tendría mayor importancia si no fuera porque principalmente ella a quien representa verdaderamente es a Don Carlos Slim, que si la lógica imperara sería precisamente él, el enemigo de todos los que cargan la bandera de la justicia social.

Carlos Slim, hombre todo poderoso que en su momento se hizo de Teléfonos de México (TELMEX), en una operación no muy aseada gracias al gobierno de Carlos Salinas.
 Su inmensa riqueza aunada a la complacencia de por lo menos 4 presidentes de la republica, lo ha llevado a poseer el enorme monopolio telefónico y de servicios de Internet.
Ha intentado por todos los medios incursionar en el negocio de la televisión, y es principalmente a Televisa que no ha tenido éxito en ello, a pesar de que “por debajo de la mesa” tiene influencia en MVS, Dish y Fox Sports México.

Dentro de toda esta rivalidad empresarial no podemos dejar fuera a TV Azteca de Ricardo Salinas quien también se juega mucho con esta reforma. Fiel a su estilo, se ha mantenido a la expectativa coqueteando en algunos momentos con Azacarraga.
Sin embargo, sus antecedentes son de un oportunismo que raya en lo ilegal. Basta recordar que al igual que Slim, se adueño de la ahora televisora del Ajusco en tiempos de Salinas de Gortari en una no menos polémica transacción. Además no se puede olvidar la impunidad que gozó al adueñarse por la fuerza de lo que fue CNI Canal 40.


En fin, nos esperan muchos desgarres de vestiduras, calumnias y demás golpes bajos desde los medios de comunicación con la complicidad de diputados y senadores afines a los grupos empresariales que buscan incrementar su poder a costa del beneficio colectivo.


Autor: Rubén Salazar Espino
rubsalazare@gmail.com
Twitter: @Ruben_Salazar