Las telecomunicaciones son prioritarias para el avance y
competitividad de cualquier país.
México no debería ser la excepción. Sin embargo, las luchas por el
poder que representan, provocan retraso y magras políticas de desarrollo
tecnológico.
En el actual periodo legislativo se tendrán que discutir y en su caso
aprobar las leyes secundarias de la reforma de telecomunicaciones aprobada en
lo general durante el año anterior. Para ello, ya desde ahora se pronostica una
verdadera guerra en donde los participantes se valdrán de cualquier arma para
defender los intereses no de la nación sino de los potentados del ramo.
Es esta conflagración que está por iniciar, juegan un papel
preponderante los medios de comunicación. Y es que estos se verán afectados
directamente en las decisiones finales.
Por un lado, Televisa de Emilio Azcarraga, pretende seguir siendo la
cadena televisiva que controle el mercado, mientras que Telmex de Carlos Slim,
proyecta mantener el control de la telefonía fija y móvil, además de
incursionar abiertamente en la televisión.
Ante esta situación, valdría la pena que los legisladores apartaran de
sus posiciones los tabúes y mitos que por años han rodeado al sector. De igual
forma, sería prudente que aquellos que cuentan con espacios periodísticos,
hicieran un ejercicio de ética o de plano se mantuvieran al margen del debate.
Durante décadas se ha culpado a Televisa de prácticamente todos los
males que aquejan al país. Se le ha endilgado la manipulación, la miseria y la
corrupción social. Se le ha acusado de evadir impuestos, de quebrantar el
núcleo familiar y hasta de imponer a presidentes de la republica.
No cabe duda que el poder de la televisión es muy fuerte y que se
utiliza para influir en ciertas decisiones que toma el telespectador, no en
balde hay anunciantes que pagan grandes cantidades de dinero para promover sus
productos a través de ese medio. Sin embargo, existe una enorme ventaja para
quienes prendemos el televisor, y esa es, apagarlo. No se puede ocultar que bastantes
contenidos que ofrece Televisa dejan mucho que desear, pero si estos subsisten
es precisamente a que hay miles de mexicanos mirándolos.
Por otra parte, tampoco se puede negar que la empresa de Emilio
Azcarraga ha abierto algunos espacios plurales, los cuales probablemente
resultan insuficientes pero sería impropio no reconocerlo.
Ahora bien, anteponiendo que la crítica debe de existir sustentada en
la libertad de expresión, es un hecho que en muchas ocasiones se hace por
desconocimiento o se utiliza para proteger intereses no muy claros. Ese es el
caso de periodistas e intelectuales cuyo rating
lo deben al ataque sistemático hacia Televisa. Ejemplo claro es el de Carmen Aristegui.
Para nadie es un secreto que Carmen goza de todas las simpatías de
Carlos Slim, que la empresa para la que labora (MVS), es apoyada económicamente
por él y que la línea editorial que maneja está construida a partir de el
obsesivo repudio de la periodista por la televisora de Azcarraga, en la que por
cierto ella trabajó en algún tiempo.
Aristegui se ha convertido en una especie de vocera no solo del hombre
más rico de México y uno de los 2 del mundo, sino también de aquellos que ven
en Televisa a la bestia apocalíptica. Desde militantes de izquierda hasta
agrupaciones radicales ven a la conductora de MVS como una figura emblemática.
Todo ello no tendría mayor importancia si no fuera porque principalmente ella a
quien representa verdaderamente es a Don Carlos Slim, que si la lógica imperara
sería precisamente él, el enemigo de todos los que cargan la bandera de la
justicia social.
Carlos Slim, hombre todo poderoso que en su momento se hizo de
Teléfonos de México (TELMEX), en una operación no muy aseada gracias al
gobierno de Carlos Salinas.
Su inmensa riqueza aunada a la
complacencia de por lo menos 4 presidentes de la republica, lo ha llevado a
poseer el enorme monopolio telefónico y de servicios de Internet.
Ha intentado por todos los medios incursionar en el negocio de la
televisión, y es principalmente a Televisa que no ha tenido éxito en ello, a
pesar de que “por debajo de la mesa” tiene influencia en MVS, Dish y Fox Sports
México.
Dentro de toda esta rivalidad empresarial no podemos dejar fuera a TV
Azteca de Ricardo Salinas quien también se juega mucho con esta reforma. Fiel a
su estilo, se ha mantenido a la expectativa coqueteando en algunos momentos con
Azacarraga.
Sin embargo, sus antecedentes son de un oportunismo que raya en lo
ilegal. Basta recordar que al igual que Slim, se adueño de la ahora televisora
del Ajusco en tiempos de Salinas de Gortari en una no menos polémica
transacción. Además no se puede olvidar la impunidad que gozó al adueñarse por
la fuerza de lo que fue CNI Canal 40.
En fin, nos esperan muchos desgarres de vestiduras, calumnias y demás
golpes bajos desde los medios de comunicación con la complicidad de diputados y
senadores afines a los grupos empresariales que buscan incrementar su poder a
costa del beneficio colectivo.
Autor: Rubén Salazar Espino
rubsalazare@gmail.com
Twitter: @Ruben_Salazar

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