miércoles, 26 de marzo de 2014

LAS BARRAS, EL MONSTRUO FUTBOLERO

La violencia en las tribunas de los estadios del fútbol mexicano no es nueva. Sin embargo, a partir de la importación vía Sudamérica de las llamadas barras, es que los desmanes se han incrementado de manera exponencial.
Las barras como llaman a ciertos grupos de animación, se les ubican principalmente en  América del Sur. Históricamente, países como Argentina, Uruguay, Chile y Colombia, han padecido la violencia de dichas organizaciones.

En México, el mote barra llega como una idea (pésima) de la directiva del club Pachuca. Para ello, contratan barristas sudamericanos que tuvieron como misión reclutar y organizar a jóvenes que a la postre serían pioneros en entonar cánticos con acento argentino, iluminar la tribuna con bengalas y sobre todo generar desmanes en cualquier plaza donde se presentaran.
Son precisamente esos mercenarios sudamericanos los que posteriormente se alquilarían con diversos clubes para fundar barras so pretexto de contrarrestar a la pachuqueña. Todo ello con el aval y patrocinio de los dueños de los equipos, federativos y medios de comunicación.

No obstante la influencia antes descrita, es importante hacer mención especial de los grupos de animación de los Pumas de la UNAM. Durante años, las porras universitarias se caracterizaron por ser agresivas, ya sea de manera verbal o física, los seguidores y jugadores del equipo contrario sufrían de la misma al visitar Ciudad Universitaria. Es precisamente ahí, en el estadio México 68, donde se registró la que hasta ahora ha sido la mayor tragedia en la historia del fútbol mexicano.

En 1985 durante el partido final entre Pumas y América, 10 personas perdieron la vida en el túnel número 29. Decenas de aficionados, entre ellos niños, quedaron atrapados en uno de los accesos al estadio esto provocado por el sobrecupo que presentaban las tribunas. El inmueble se encontraba atiborrado debido principalmente a que cientos de seguidores del equipo felino ingresaron dando “portazo”.
Las porras (ahora barras) universitarias, tuvieron su auge violento principalmente en la época de los 80’s. Los intereses políticos dentro de la propia universidad nacional, fueron el marco perfecto para que dichas estructuras gozaran de impunidad y patrocinio por parte de autoridades.
Personalmente conocí de todo ello al participar en uno de los grupos de animación en la preparatoria.

Y es precisamente a la ahora barra universitaria autollamada Rebel y a la del equipo América, La Monumental, dos de los grupos más violentos y exacerbados rivales, que se puede ejemplificar el monstruo de mil cabezas que han creado los propios dirigentes del fútbol mexicano.

La Rebel se adueñó no solo de las tribunas del estadio de CU, pues a base de protagonizar batallas campales dentro del estadio y amenazar a jugadores y directivos, también logró registrarse como marca utilizando el Puma universitario el cual le fue cedido por Arturo Elías Ayub, cuando este fungía como directivo del equipo con la supuesta condición de que la barra “se portara bien”.
Pero eso no es todo, adicionalmente se les otorgaron facilidades para comercializar sus productos (playeras, banderas, escudos, etc.) en las inmediaciones del estadio, todo esto sin mencionar los consabidos boletos para ingresar a los partidos, los transportes y viáticos para cuando el equipo juega de visitante.
Es decir, un verdadero negocio redondo cuyas ganancias son considerables y que por supuesto no sería nada extraño que parte de ellas llegaran hasta la directiva.

Por su parte, la barra americanista, La Monumental, tiene como principal semillero a las escuelas del Instituto Politécnico Nacional (IPN). Al igual que su contraparte universitaria, goza de todas las “prestaciones” por parte del club azulcrema. Boletos, lugar preferencial en el estadio azteca, viáticos para viajes y difusión a nivel nacional por televisión, son solo algunas de las prebendas de las que este grupo se ha hecho a base de encabezar actos violentos en prácticamente todas las plazas donde se llevan a cabo juegos de fútbol profesional.
La estructura de La Monumental ha llegado a ser tan fuerte que lo mismo se les puede ver las tribunas de Santa Úrsula, en un mitin político o actuando como grupo de choque para desalojar a los habitantes de un predio irregular. Prácticamente se alquilan al mejor postor.

Pero hay mucho más en el negocio de las barras, para nadie es un secreto que dentro de las mismas se realiza narcomenudeo, surten de boletos a la reventa ilegal y tienen la fuerza suficiente para “reventar” entrenadores, jugadores y hasta directivos pues también son  patrocinados por promotores deportivos.

En todo este tema no podemos dejar de lado a múltiples actores que de una u otra forma han contribuido para que estos grupos puedan existir. Directivos que como ya hemos mencionado les recibieron con los brazos abiertos, les han patrocinado y les han cumplido sus exigencias, los medios de comunicación que han hecho apología del actuar de las barras, en cada uno de los juegos transmitidos por televisión les hacen tomas cercanas además de festejarles sus actos ¿cuántas veces no hemos escuchado en voz de los cronistas: “La Rebel no para de apoyar”, “La Monumental se hace sentir en el azteca”, ”La Perra Brava empieza con su espectáculo”, etc.? Y por supuesto las autoridades que no han valorado en su totalidad la peligrosidad de estas organizaciones y que cuando se han decidido a actuar en su contra, como fue en el caso del clásico tapatío, Atlas–Guadalajara, queda demostrado que no tienen la mínima preparación para hacerles frente.


Acabar con las barras no es tarea fácil, los intereses que representan son muy fuertes. Empero, son precisamente los que las hicieron parte del fútbol mexicano los que ahora tienen la obligación de si bien no desaparecerlos por completo, sí de acotar su poder y sobre todo acabar con la impunidad que gozan. 


Autor: Rubén Salazar Espino
rubsalazare@gmail.com
Twitter: @Ruben_Salazar

No hay comentarios:

Publicar un comentario