
Al recuerdo de mis padres
A mediados del año 2004, asistí a la marcha en contra de la violencia. Por variadas razones, fue sin duda uno de los momentos más emotivos de los que haya sido testigo.
El legitimo reclamo de miles de ciudadanos para exigir que las autoridades cumplieran con su deber y la condena unánime en contra de todos aquellos que delinquen, se resumió en dos palabras ¡Ya basta!
El sentimiento de unidad social así como el de la reconquista del poder ciudadano, consiguió que por algunos días, nos sintiéramos capaces no sólo de lograr que nuestros gobernantes pusieran especial énfasis en procurar por nuestra seguridad, sino que también, los propios delincuentes sintieran el rechazo de una sociedad cansada de las vejaciones ocasionadas por ellos.
Desafortunadamente, de aquella manifestación únicamente queda el recuerdo.
Cuatro años más tarde, en 2008, el empresario Alejandro Martí, sufrió la perdida de su hijo a manos de una banda de secuestradores. Posterior al lamentable suceso, el señor Martí fue convocado para participar en una reunión del más alto nivel, donde se trató la problemática de la inseguridad en el país. A dicha reunión asistieron, el presidente Calderón, gobernadores de los estados, representantes del poder legislativo, procuradores y jueces.
Al hacer uso de la palabra, el empresario mexicano pronunció de manera valiente las siguientes palabras: “Señores, si piensan que la vara es muy alta, si piensan que es imposible hacerlo, si no pueden, renuncien, pero no sigan ocupando las oficinas de gobierno, no sigan recibiendo un sueldo por no hacer nada, que esto también es corrupción"
Al término de su exposición, los participantes le brindaron un aplauso y se dejaron escuchar voces que aceptaron su reto. Del otro lado, los ciudadanos nos vimos de nueva cuenta con la fuerza necesaria para reivindicar la posición en contra de la violencia y la exigencia de resultados inmediatos para con las autoridades.
Infortunadamente, otra vez, de aquel mensaje, solamente queda el recuerdo.
En días recientes, el asesinato de siete jóvenes en la ciudad de Cuernavaca, consternó nuevamente a la sociedad. La reconocida figura del poeta y escritor Javier Sicilia, padre de uno de los muchachos muertos, logró que el debate nacional se centrara de nueva cuenta en la problemática de inseguridad que vive México.
Con el lema, “Estamos hasta la madre”, se convocó a manifestaciones con las demandas de justicia y certidumbre. Nuevamente los ciudadanos han salido a las calles esperando ser escuchados, esperando ser tomados en cuenta, esperando que no sea demasiado tarde.
¿Qué pasará? No lo sé. Sin embargo, de acuerdo a los antecedentes recientes, no se puede ser muy optimista en cuanto a los resultados que se puedan obtener.
No obstante, la sociedad no puede ni debe claudicar en su empeño. No debemos quedarnos callados mientras nuestros hijos sigan siendo masacrados, envenenados, ultrajados.
No podemos permanecer impávidos ante la corrupción, incapacidad y mezquindad de ciertos gobernantes. Ante la (des)información y la apología de la violencia reproducida por algunos medios. Ni ante la cada vez mayor polarización social, creada por políticos que aprovechan el derramamiento de sangre cual viles aves carroñeras, para saciar su hambre de poder.
Tenemos la obligación moral de seguir gritando: “¡Ya basta, si no pueden renuncien, porque estamos hasta la madre!”
Hasta la próxima.
Autor: Rubén Salazar
rubsalazare@gmail.com
Twitter: @Ruben_Salazar
Rubén:
ResponderEliminarTotalmente de acuerdo contigo. Los que hemos participado en movilizaciones de esta indole, nos sentimos cada día más desilusionados. Pero como bien dices, no debemos quedarnos callados NO + SANGRE
Un abrazo de tu amigo Hugo Jaramillo