
MILENIO DIARIO
Acentos
Juan Ignacio Zavala
27 DE SEPTIEMBRE DE 2009
La semana que termina ha sido pródiga en noticias sobre nuestros legisladores. Uno cree que era suficiente darse por enterado de las tropelías y patanerías del diputado priista Cristian Vargas, que rompió la puerta de su oficina con una escalera. Pero no es así. En el ámbito legislativo nada es demasiado.
Los diputados federales han montado una verdadera carpa de circo en la glosa del informe. Se da por sentado que la Cámara de Diputados es un lugar donde se reproduce el ánimo público, de ahí se desprende que el debate sea en ocasiones ríspido, que eventualmente se llegue a los golpes (lo que ha pasado en países que consideramos civilizados), pero ese tipo de situaciones son parte de la anécdota. El problema en esta legislatura es que parece apuntar a ser sólo eso.
En tan sólo una semana, cada partido ha mostrado lo que espera darle a los ciudadanos en lo que se refiere al montaje y la pantomima. Increíble, pero cierto. El señor Fernández Noroña, que creíamos único en el ámbito de la charlatanería, ha encontrado rápidamente sus pares en el PRI y en el PAN, sus interlocutores en la profesión de merolico. La decadencia no tiene límites. San Lázaro parece ser el escenario perfecto para sacar a relucir los complejos personales, la crisis de identidad, los delirios de grandeza, el minuto de fama a costa de lo que sea. Total, que el sueldo no se lo tienen que ganar.
Las comparecencias de los secretarios son opacadas por escandalitos de los ínfimos debates que protagonizan individuos de gesto falso, prontos para la palabrería, el señalamiento con el dedo flamígero, las pobres muestras de valor que más recuerdan a un borracho de cantina que a un polemista o a un orador.
Esta semana nos dimos cuenta de que en la Cámara nadie defiende conceptos, ideas. Cada quien se cuida a sí mismo. No se trata de escuchar oradores, de analizar discursos. No. Lo que se presencia en la Cámara son personajes en busca del performance perdido.
Quizá el tema de discusión central en el país es la seguridad. El secretario del ramo comparece. Escucha los insultos del caso, soporta los desplantes, las bravuconerías, la búsqueda de la foto por parte del diputado rancio. Hay que aguantar los señalamientos porque la final del día eso es mejor que tener que contestar algo de fondo. Los medios esperan el cuestionamiento a la política pública. Y se abre el telón. Solamente la payasada, el show, los malabaristas, la mujer barbada, el enano bufo, el camello de tres jorobas, el tragafuegos: el circo de tres pistas. Solamente así se opaca la presencia del secretario.
Compre sus palomitas, vaya por su refresco, llámele a la familia, júntese con sus amigotes. Prepárese para lo insólito, para el espectáculo sin pudor, diga adiós a la vergüenza, olvídese del decoro y asista pronto a una sesión en la Cámara de Diputados. La función ha comenzado y parece no tener fin.
Autor: Juan Ignacio Zavala
juanignacio.zavala@milenio.com
No hay comentarios:
Publicar un comentario