miércoles, 6 de febrero de 2019

La crítica; entre el odio y la descalificación

Autor: Rubén Salazar Espino
Foto tomada de Internet



La crítica congruente (la analítica, la documentada, la que se hace con el cerebro y no con el hígado) es cada vez más escasa en estos tiempos de cambios políticos en México. Por un lado, los medios de comunicación “tradicionales” (prensa escrita, radio y televisión) al seguir dependiendo, de una u otra forma, de las decisiones de gobierno, se inclinan o se enfrentan al poder de acuerdo a qué tan favorecidos o no se sientan. Por lo tanto, es difícil (que conste que no escribí: imposible) encontrar plumas o voces que no tengan intereses laborales o políticos que influyan en sus opiniones.

Por otra parte, se encuentran los medios “alternativos”, es decir, las Redes Sociales. Estos espacios de expresión fueron creados más con la intención de socializar que de informar, sin embargo, el éxito que obtuvieron aplicaciones como: Facebook, Twitter, WhatsApp, etc., llevó a los medios tradicionales a entrar a ese universo. El problema es que con la irrupción de marcas periodísticas reconocidas en las Redes Sociales, cualquier bodrio que se haga llamar “periodista” o “sitio de noticias”, se puede legitimar con un retwitt o like, sin importar que la información que se difunda sea falsa, tendenciosa o calumniosa.

Ante tal panorama, el odio y la descalificación a priori son una constante de nuestros tiempos; las Redes Sociales están plagadas de mensajes de rencor. Y es que hasta quienes uno supondría cuentan con el raciocinio y capacidad para discernir y debatir, de pronto han caído en el fácil ejercicio de insultar y compartir fake news por el simple hecho de tomar partido por una supuesta ideología que, para colmo, ha sido forjada dentro de las mismas Redes.

La crítica puede ser dura pero nunca debería ser mal intencionada, pues el odio solo provoca más odio; mientras que la ecuanimidad en la opinión incita al debate de ideas. Polemizar es sano, de hecho, es una gran forma de retroalimentación de información, pero el resentimiento que leemos día a día en los medios de comunicación, sean los “tradicionales” o “alternativos”, solo llevan a una descomposición social aún mayor de la que ya enfrentamos. El peligro de la polarización tan radical que hoy padecemos, reside en que se crea el entorno perfecto para que grupos desestabilizadores lo aprovechen hasta llegar a crear caos.

Propugnemos el debate, defendamos la libertad de expresión y empecemos de una vez a madurar como sociedad.

Insultar no es opinar.  

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