![]() |
| Foto tomada de Internet |
La crítica congruente (la
analítica, la documentada, la que se hace con el cerebro y no con el hígado) es
cada vez más escasa en estos tiempos de cambios políticos en México. Por un
lado, los medios de comunicación “tradicionales”
(prensa escrita, radio y televisión) al seguir dependiendo, de una u otra
forma, de las decisiones de gobierno, se inclinan o se enfrentan al poder de
acuerdo a qué tan favorecidos o no se sientan. Por lo tanto, es difícil (que
conste que no escribí: imposible)
encontrar plumas o voces que no tengan intereses laborales o políticos que
influyan en sus opiniones.
Por otra parte, se encuentran los
medios “alternativos”, es decir, las
Redes Sociales. Estos espacios de expresión fueron creados más con la intención
de socializar que de informar, sin embargo, el éxito que obtuvieron
aplicaciones como: Facebook, Twitter, WhatsApp, etc., llevó a los medios
tradicionales a entrar a ese universo. El problema es que con la irrupción de
marcas periodísticas reconocidas en las Redes Sociales, cualquier bodrio que se
haga llamar “periodista” o “sitio de noticias”, se puede legitimar
con un retwitt o like, sin importar que la información que se difunda sea falsa,
tendenciosa o calumniosa.
Ante tal panorama, el odio y la
descalificación a priori son una
constante de nuestros tiempos; las Redes Sociales están plagadas de mensajes de
rencor. Y es que hasta quienes uno supondría cuentan con el raciocinio y
capacidad para discernir y debatir, de pronto han caído en el fácil ejercicio
de insultar y compartir fake news por
el simple hecho de tomar partido por una supuesta ideología que, para colmo, ha
sido forjada dentro de las mismas Redes.
La crítica puede ser dura pero
nunca debería ser mal intencionada, pues el odio solo provoca más odio; mientras que la ecuanimidad en la opinión incita al debate de ideas. Polemizar
es sano, de hecho, es una gran forma de retroalimentación de información, pero
el resentimiento que leemos día a día en los medios de comunicación, sean los “tradicionales” o “alternativos”, solo llevan a una descomposición social aún mayor
de la que ya enfrentamos. El peligro de la polarización tan radical que hoy
padecemos, reside en que se crea el entorno perfecto para que grupos
desestabilizadores lo aprovechen hasta llegar a crear caos.
Propugnemos el debate, defendamos
la libertad de expresión y empecemos de una vez a madurar como sociedad.

No hay comentarios:
Publicar un comentario