viernes, 24 de marzo de 2023

Visitando Demonios

 

Encontrar a los Demonios internos no es tarea difícil pues siempre se hacen presentes en los costados de los caminos que se recorren a diario. La aventura se torna complicada y hasta peligrosa cuando para poder charlar con ellos hay que adentrarse en las escabrosas tabernas que frecuentan.

Los sitios en donde nuestros Demonios filosofan, debaten, crean y planean las acciones más obscuras y surrealistas, son lugares sin ley; ahí no hay límites ni restricciones.

En esos lugares de pronto se pueden observar a algunos de esos entes bebiendo apaciblemente una botella de whisky alrededor de en una mesa y, a solo unos metros, otros de ellos pueden estar devorando las entrañas de un ser amorfo.

Confieso que hace poco los visité sin saber exactamente para qué. Durante un par de semanas fui ignorado hasta que, ante mi insistente presencia cotidiana, el líder de la legión me invitó a beber una copa de ron en la mesa más grande de la taberna.

Al tomar asiento frente a él y mirar sus ojos descubrí la razón de mi excursión a ese lúgubre lugar situado en la zona más recóndita de la existencia humana. La mirada de mi anfitrión transmitía la familiaridad que solo tienen aquellos que conocen los derroteros más íntimos que en la subsistencia se han experimentado.

Con solo observar por unos segundos los ojos de ese Demonio que se ostenta como implacable gobernador de ese sombrío territorio descubrí la complicidad que ha forjado los años de acompañamiento vivencial; cuando al fin habló mi acompañante de brindis no tuvo reservas en afirmar que hacía tiempo me esperaban, que sabía que mi visita era con el afán de negociar un alto a la enorme influencia que, de un tiempo para acá, ellos tenían en mí actuar y que estaban dispuestos a llegar a un acuerdo conveniente para ambas partes.

Después de acabar con el contenido de la botella de ron que cordialmente me compartió el amable personaje que me albergó en su cantina  predilecta, hemos concluido la charla con resultados más que favorables; reconocí de manera honesta mis excesos recientes, mismos que me hicieron conocer de cerca el fondo de las cavernas en las que más de un humano se interna para nunca volver a sentir el calor del sol; he expuesto mi inconformidad por la forma en la que ellos, mis Demonios, me dialogan convenencieramente esperando que yo acate sus consejos sin protesta alguna. Adicionalmente y sin empacho les he hecho corresponsables del daño colateral que mis actos han producido en la gente que me rodea.

En su defensa, el guía del grupo Demoniaco me ha explicado a detalle las funciones que tienen dentro del proceder personal y que en resumen es el de equilibrar la balanza entre las restricciones y las libertades en el pensar y quehacer habitual.

Puedo exponer con una mezcla de orgullo y vergüenza  que, por voluntad propia pero sobre todo por desmoralización, me hice presente en la obscuridad más salvaje buscando explicaciones, salí de ahí encontrando reflexión, reconocimiento de identidad y una enorme facilidad para realizar una muy necesaria autocrítica.

Hoy, necesito hacer saber a esas personas que fueron afectadas, de una u otra forma, por mis acciones y excesos, que he regresado, no intacto pero sí con una enseñanza invaluable. Los desenfrenos han vuelto a ser aquellos que me han caracterizado durante años y que no rebasan la frontera del territorio empedrado que impide los pasos de quienes intentan andar sin conciencia.

Aquí estoy, bebiendo una copa y tal vez serán muchas más, fumando un cigarrillo, pero con la tranquilidad de haber conversado con mi lado obscuro y la subsecuente ecuanimidad que da el saber que mañana también saldrá el Sol.


Por: Rubén Salazar E.

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