lunes, 14 de febrero de 2011

PRESUNTO CULPABLE


MILENIO DIARIO
Autonomía relativa
13 De Febrero De 2011

Amantes del exceso, es fácil encontrar entre sus fieles el caldo espeso del rencor. Es un club de elogios mutuos. En las apologías que han hecho de la periodista abunda la desmesura, que va desde el mensaje incendiario hasta la cursilería más ridícula.

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“El rumor es la precaución que toman los hechos antes de convertirse en verdad”, sentencia el coronel Carlos Eugenio Moori Koenig, en la novela Santa Evita de Tomás Eloy. La fuerza de los rumores ha cobrado mucha mayor repercusión con la revolución de las comunicaciones y las redes sociales. ¿Necesita el rumor contener un hecho, una prueba? No, simplemente que quien quiera creerlo lo haga y lo multiplique de acuerdo con sus posibilidades.

Comento lo anterior porque es claro que Carmen Aristegui sirvió de caja de repetición a los rumores que corrieron a cargo de Fernández Noroña y sus hordas. ¿Merecía que la corrieran? Eso lo sabrán los señores Vargas, que ya la han corrido dos veces, pero Carmen, por supuesto, se siente muy contenta. Ha encontrado nuevamente el rol de víctima. Orgullosa de su falsa herejía, se asume como la encarnación de la libertad y la personificación del periodismo. ¿A qué hora se convirtió Aristegui en Lady Noroña? No lo sabemos —y quizá nunca lo sabremos porque ella no acepta preguntas, solamente exige respuestas— pero es claro que pertenece a un grupo político que quiere, nada más y nada menos, que la Presidencia de la República. Tienen candidatos. Hacen emplazamientos, movilizan gente, cuentan con una eficiente red de insultos que pone contra la pared a quien no está acostumbrado a esas persecuciones.

Ha sido, sin duda, una periodista destacada, pero está lejos de ser lo que dicen sus aduladores. Amantes del exceso, es fácil encontrar entre sus fieles el caldo espeso del rencor. Es un club de elogios mutuos. En las apologías que han hecho de la periodista abunda la desmesura, que va desde el mensaje incendiario hasta la cursilería más ridícula. Pero también, y eso es innegable, son personas inteligentes, preparadas y decididas a que se haga lo que consideran justo, bueno y pertinente. Todo lo demás es lodo, corrupción, componenda oscura, negociación tramposa. Exigen la libertad de actuar y de pensar que le niegan a los demás. En cualquier momento se erigen en Comité de Salud Pública y deciden quién es limpio y puro y quién está manchado por ese fango que es ser distinto de ellos. Ya afilan su guillotina para 2012, por eso necesitan el micrófono, para anunciar a los condenados.

Quien quiera saber cómo funciona la industria del chantaje político en México, que lea el texto que leyó Carmen el miércoles pasado. Atrás de una correcta prosa, se esconde la amenaza, el señalamiento flamígero, el linchamiento público. Seguramente hecho a varias manos (se asoma la sombra de ese amo y señor de la traición que es Javier Corral), contiene frases efectistas, planteamientos desmedidos, burdas acusaciones y uno de los puntos favoritos de cualquier radical: el ultimátum.

Seguramente todos ellos aplaudirán el documental Presunto culpable, que se presentará en estos días. Y claro, se trata de un estupendo y demoledor trabajo en el que se expone el calvario que pasó Antonio Zúñiga ante la justicia mexicana para demostrar su inocencia. Nada más que ese mismo grupo, del que Carmen es una figura central, le niega a sus adversarios la posibilidad de la inocencia. Como las autoridades que le exigen en el documental a Toño demostrar que no es culpable, Carmen y sus prosélitos exigen pruebas al acusado y no al acusador. Qué paradoja.


Autor: Juan Ignacio Zavala
Twitter: juanizavala
juanignacio.zavala@milenio.com

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