
A Marco Antonio y Rubén López Becerril por su amistad y las enriquecedoras charlas.
Las campañas electorales ya dieron inicio y con ellas ha llegado el bombardeo de propaganda, de promesas, acusaciones y hasta de disparates.
En un país como el nuestro en el que la televisión constituye el principal medio de información y entretenimiento, la comunicación política en imagen juega un papel más que indispensable en las aspiraciones de los candidatos a la presidencia. Por ello, llama la atención la escasa creatividad mostrada en los anuncios de los partidos políticos y sus postulantes.
Además, sólo basta echar un vistazo a los spots difundidos por televisión para darnos cuenta de la baja estima que tienen los políticos hacía el electorado.
Y es que verdaderamente parecen haber sido realizados para complacer los egos y caprichos de quien ahí aparecen, y no con el interés de mostrarse de forma sencilla y congruente como una opción de gobierno. Desafortunadamente para los votantes, las campañas políticas están vistas desde la óptica de quienes viven en burbujas, aislados de la realidad cotidiana, esa realidad en donde lo que la sociedad demanda son soluciones a sus problemas, esa realidad en donde el ciudadano no necesita oír más verborrea sino por el contrario, reclama urgentemente ser escuchado.
Pero para ir más a fondo, me permitiré (sin mayor pretensión que la de un ciudadano televidente más) analizar los anuncios de los aspirantes presidenciales y sus respectivos partidos.
Si le parece bien amable lector, el día de hoy iniciaré con el abanderado del Partido Revolucionario Institucional (PRI)
¿Qué nos dicen los anuncios de Enrique Peña Nieto?
Para empezar, tomaré como referencia el hecho de que en ellos lo vemos recorriendo los estados de la Republica, jugando futbol con chavitos, moverse al ritmo de un baile regional en una plaza pública, caminar en un muelle en donde las aves sobrevuelan un mar hermoso y transitar por una autopista que pareciera de primer mundo.
Bien, pues todo lo anterior se contrapone totalmente con el mensaje que nos da de propia voz en el que nos asegura trabajará por el bienestar, el progreso, el turismo y la seguridad.
¿Por qué digo lo anterior? Pues simplemente porque todas esas imágenes nos muestran un México en paz, limpio, en donde los niños salen a jugar sin la menor preocupación, un México donde la gente baila sonriente, donde los destinos turísticos son envidiables y en el que contamos con vías de comunicación impecables.
Es decir, el México que vemos en los spots del candidato priista, ya cuenta con todo lo que él nos promete hacer. Una completa incongruencia ¿no lo cree?
Pero eso no es todo, los ademanes que nos muestra Peña Nieto en televisión son los de un político arcaico. La sonrisa forzada, el movimiento de manos para realzar ciertas frases, la forma de pararse ante la cámara y su mirada hacia el horizonte, me hacen verlo como un personaje creado a partir de una extraña mezcla de antiguos presidentes emanados del PRI.
Con la guayabera puesta me recuerda a Luis Echeverría, cuando habla pareciera que estamos ante Carlos Salinas, su forma de caminar es muy similar a Miguel de La Madrid y su mirada hacia “la nada” es casi idéntica a la de José López Portillo.
Ya por último, algo que sobresale en todos sus mensajes televisivos pero sobretodo en el que nos habla de su infancia, es el ego y la falsedad del priista. Entiendo que la intención es la de “humanizar” al candidato haciéndolo hablar de lo feliz que fue en su niñez al lado de su familia. Sin embargo, lo que distinguimos es más bien la presunción de bienes y la nula mención de carencias. No quiero con esto estigmatizar a quien no ha sufrido problemas económicos durante su vida (afortunados aquellos que no conocen las privaciones) es más, probablemente el señor Peña Nieto sí las sufrió aun cuando no las diga. Mi propósito es hacer notar que lo hace de esa manera, pues cuando vivió su etapa de niñez gobernaba en el país el partido político en el que él milita, por lo cual se ve impedido a decirnos que en esa época la nación estaba siendo saqueada de forma grosera y que las devaluaciones, la corrupción, la represión y el nepotismo era el pan de cada día y no el que le daba su abuelita acompañado de nata y que tanto le encantaba.
En conclusión, lo que nos refleja Enrique Peña Nieto a través de sus anuncios se puede englobar en las grandes incongruencias, la mentira y la soberbia de quien se siente ganador antes de que se deposite el primer voto en la casilla.
Todo un priista a la vieja usanza.
Hasta la próxima.
Autor: Rubén Salazar
rubsalazare@gmail.com
Twitter: @Ruben_Salazar
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