martes, 22 de enero de 2013

"EL PÍPILA DEL METRO"

A mi hermano César por sus inaplazables 7 lustros.

El vagón del metro luce prácticamente lleno, la gente busca acomodo en algún resquicio libre mientras el zumbido que anuncia el cierre de puertas resuena un poco más débil de lo acostumbrado. 
Al arribar a la siguiente estación el panorama es perturbador. Mientras el convoy empieza a disminuir la velocidad, se logran percibir las cabezas de numerosos grupos de personas que parecieran prepararse para enfrentar una batalla. 
Las puertas se han abierto y al más puro estilo de “al ataque mis valientes”, hombres, mujeres y niños lanzan la embestida para adentrarse al caótico mundo subterráneo al tiempo que se escuchan los clásicos gritos de ¡Hágase a un lado, que no ve que traigo a un niño!, ¡Deje bajar cabrón!, ¡Uta, no hay lugar! y hasta un ¡Me chingaron el celular! 
Apenas se empiezan a acomodar de forma casi milagrosa los recientes compañeros de viaje cuando nuevamente se escucha el sonido que advierte del inminente cierre de puertas. Es en ese momento en el que hace su aparición un joven de corta estatura que en sus espaldas lleva una pesada carga que hace recordar la leyenda de la piedra sostenida por “El Pípila” en la guerra independentista. Tal cual, logra ingresar y se abre paso de manera más que hábil utilizando como arma y escudo su espalda artificial. 

El metro inicia su avance y ante la sorpresa de los incontables pasajeros, del espinazo del “Pípila moderno” surge un estruendo que a más de uno los hace brincar del susto e inevitablemente pisar el callo del vecino. “Producciones tiburón presenta”, inicia diciendo la grabación e inmediatamente se oye un ritmo que por la saturación del volumen del aparato que carga “El Pípila” es imposible distinguir de que se trata. Sin embargo, para ayuda de los usuarios, el joven anuncia con voz chillante: ¡Por sólo 10 "varitos" lleve su disco con lo mejor de la música grupera! 
Por supuesto no puede faltar quien tararea la canción, o mejor aún, quien con ligeros movimientos de pierna pareciera querer abrir pista para lucir ante la honorable concurrencia sus mejores pasos de baile. 

El ruido emitido desde las bocinas andantes continúa y el arribo a la siguiente parada es apremiante. Es entonces que de entre la muchedumbre, se levanta un brazo al tiempo que el dueño de tal extremidad lanza una exclamación solicitando un ejemplar del disco en cuestión. 
Ante tal situación se percibe un problema nada fácil de resolver, y es que el potencial comprador se encuentra exactamente al otro lado del vagón de donde se encuentra el potencial vendedor. 
A pesar de lo intrincado que parece el camino para concretar la venta, “El Pípila” se lanza a la conquista de los 10 “varitos” arrasando con todo aquel que interfiera con su andar. Después de reventarle el codo a un señor, propinarle un bocinazo en la cabeza a una niña y doblar de un rodillazo a un anciano, el temerario mercader se encuentra en el lugar donde se solicitó su presencia. Para su sorpresa, en ese espacio del vagón nadie se hace responsable de haberle llamado por lo que de manera desesperada busca con la mirada al chistosito que le ha jugado tal broma, para ello, gira sobre su propio eje madreando con su ”piedra sonidera” a todo aquel que se encuentra a su alrededor. 

Las puertas se han abierto y el vendedor de discos abandona el convoy no sin antes recetar otro par de golpes “involuntarios” y una sonora mentada de madre a los pasajeros. El caos parece bajar de intensidad y las puertas comienzan a cerrarse cuando una regordeta señora sube lanzando burbujas y gritando ¡Lleve sus bombas de gel por sólo 10 varitos!... 


Autor: Rubén Salazar E.
rubsalazare@gmail.com
Twitter: @Ruben_Salazar

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