martes, 31 de diciembre de 2013

El cumpleaños 20 de “Marcos” y el EZLN

A Rubén López Becerril por la provocación para escribir este texto.

Este 1 de enero se cumplen 20 años del surgimiento del grupo guerrillero, Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN). 2 decenas años en los que México ha experimentado cambios políticos y sociales que no pueden desligarse de aquel acontecimiento que de cierta forma, representó una llamada de atención no solo para el gobierno sino también para la sociedad.

El levantamiento armado del EZLN en Chiapas durante las primeras horas del año de 1994, tomó por sorpresa a una sociedad que ni por error hubiera imaginado que un movimiento de esa índole pudiera darse en México. Si bien durante los años 70’s se conoció de grupos sediciosos en el sur del país, la realidad es que dichos sublevados no lograron alcanzar la difusión mediática que los podría haber favorecido en sus intenciones revolucionarias. En cambio, los zapatistas tuvieron una amplia cobertura de medios de comunicación nacionales y extranjeros desde el primer momento de su aparición.

Obviamente, el hecho de que la prensa diera cuenta de lo que ocurría en el sureste mexicano, influyó en el éxito inicial de quienes comandaban al grupo guerrillero. Es precisamente ahí, en los medios de comunicación, donde sobresalió la figura del “subcomandante Marcos”. Un hombre con el rostro cubierto con un pasamontañas, de piel blanca, de acento citadino y de discurso articulado que distaba mucho de parecerse al grueso de los integrantes del EZLN conformado en su mayoría por indígenas chiapanecos.

“Marcos” se mostraba como el vocero de la revuelta, envalentonado y hablando siempre a nombre de “ellos” (los indígenas), declaraba la guerra al gobierno federal y estatal, exigía la reivindicación de los pueblos autóctonos y criticaba el tratado de libre comercio firmado por México, Estados Unidos y Canadá, que precisamente ese día iniciaba.

El impacto social fue inmediato ¿Quién podía oponerse al respeto y valoración de los indígenas? ¿Quién se atrevería a negar que dichos mexicanos habían sido olvidados, menospreciados y condenados a la miseria? ¡Nadie!
Sin embargo, la simpatía duró muy poco.

Día a día, “El subcomandante Marcos” tomó mayor fuerza, aun cuando insistía en que por encima de él existía un comando indígena, la realidad es que para el mundo, “Marcos” era el dirigente. De pronto y para sorpresa de muchos, el encapuchado comenzó a enviar comunicados que parecían ser de un intelectual sesentero combinado con un escritor de fábulas.

La exposición mediática parecía encantarle, la adoración que le profesaban los eternos soñadores sobrevivientes de los años sesentas lo excitaba y su obstinación por parecer la reencarnación del “Che” Guevara lo entretenía. Poco a poco las demandas originales pasaron a un segundo plano, lo importante para “Marcos” ya no eran los problemas de los zapatistas chiapanecos. El tema principal de sus enormes epístolas era su imaginario escarabajo ”Durito”, después seguían las menciones a su vida en la selva, a su pipa y a su pasamontañas.
La soberbia y el ego lo distinguían, ahí es donde empezamos a conocer al verdadero “Marcos”. 

En un dos por tres, el EZLN y “Marcos” en particular, se convirtieron en un atractivo turístico. Cientos de extranjeros deseaban conocerle, tomarse una foto a su lado y comprar una playera con el rostro estampado del susodicho. La guerra en contra del gobierno se transformó súbitamente en una escaramuza de palabrería, los muertos en la refriega contra el ejército mexicano durante los primeros días de enero quedaron atrás y las proclamas de reconocimiento de derechos hacia los desposeídos se esfumaron como el humo de tabaco quemado salido de su ahora famosa pipa.

A 20 años podemos voltear a Chiapas y mirar que los pueblos siguen sufriendo del desprecio y el hambre. Muy poco se ganó, una o dos precarias escuelas, una o dos inútiles canchas de basquetbol, una o dos clínicas médicas mal equipadas.
4 lustros, 4 cambios de gobiernos federales, alternancia en el poder, la violencia actual del narco, crisis económicas y un sinfín de sucesos de toda índole ha presenciado el país mientras que el zapatismo moderno sigue adormilado con la verborrea de aquel que se comparaba con el “Che”.

Sí, el primero de enero de 1994 será recordado por el despertar de un pueblo oprimido, pero también por la posterior somnolencia provocada por un líder cuya arrogancia fue más poderosa que el sufrimiento de quienes por desesperación o esperanza lo siguieron en una lucha que el propio “Marcos” acabó. 


Autor: Rubén Salazar Espino
rubsalazare@gmail.com
Twitter: @Ruben_Salazar

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