jueves, 5 de junio de 2014

ABC, 5 AÑOS

En México somos muy dados a quejarnos por la corrupción. Que si el político gana miles de pesos por dormir en su curul, que si el presidente municipal se roba hasta las sillas de la oficina que ocupa, que si el policía acepta dadivas a cambio de no infraccionar, etc.
Y así podemos enumerar cientos de situaciones corruptas que acontecen diariamente en el país, sin que las lamentaciones tengan algún efecto para erradicar dichas prácticas.

Sin embargo, cuando esa corrupción provoca muertes, muertes de niños, muertes de inocentes, las quejas se transmutan en rabia, en impotencia y por supuesto en una enorme tristeza.

Hoy, hace 5 años, 49 pequeños murieron y más de 70 resultaron con lesiones graves en el incendio de la guardería ABC de Hermosillo, Sonora. Sus incipientes vidas se apagaron de tajo precisamente por esa corrupción de la que nos quejamos y de la que en no pocas ocasiones somos partícipes.

¿Cómo explicar a una madre de familia que su bebé murió por la incapacidad, la indolencia y los intereses de gente sin escrúpulos?
No hay forma, simplemente no alcanzarían las palabras para explicarle que a su hijo lo asesinó la corrupción y que esa misma podredumbre no permite castigar ejemplarmente a todos y cada uno de quienes en menor o mayor grado, encendieron la guardería con el fuego que surge del  desprecio hacia sus conciudadanos.

Empresarios que solo buscan enriquecerse a toda costa, gobernantes cuyo poder los embriaga al punto de menospreciar la vida de quienes los eligieron, servidores públicos incapaces de dar el extra en sus labores y sectores de la sociedad civil que prefieren voltear hacia otro lado para no mirar la desgracia ajena. Todos son culpables de homicidio, sí, del asesinato de los inocentes que tuvieron la desgracia de haber nacido dentro de un sistema podrido, impune y despreciable.

Hoy se cumplen 5 años de aquel funesto día, y como en aquel entonces declarara el indigno gobernador de Sonora, Eduardo Bours, todos los culpables (incluyéndolo a él) siguen “durmiendo como bebés”.


Autor: Rubén Salazar Espino
rubsalazare@gmail.com
Twitter: @Ruben_Salazar

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