lunes, 14 de septiembre de 2015

EL GRITO Y LA PROTESTA

Las campañas que circulan en las redes sociales llamando a la sociedad a no asistir al festejo del grito de independencia, son por demás desatinadas.

De acuerdo a quienes patrocinan la no asistencia al zócalo capitalino, el objetivo de ello sería mostrar el repudio al presidente Peña Nieto. Sin embargo, habría que aclararles que las festividades son precisamente eso, fiestas. No son celebraciones para el presidente pues el grito de independencia es una alegoría que traspasa las ideologías políticas.

Ciertamente el país atraviesa una tremenda crisis de seguridad y económica, la credibilidad en las instituciones está por los suelos, siendo esto en gran medida por la incompetencia del gobierno actual. Pero es justamente por ello que es indispensable recobrar la identidad mexicana, sentirnos parte de un pueblo que a diario se rompe la madre para salir adelante, y revalorar a los personajes históricos que dieron sus vidas por un ideal.

No es válido intentar engañar aludiendo una supuesta “rebeldía civil”, la protesta en contra del actuar presidencial no está en omitir el festejo independentista, ni tampoco está en la descalificación de quienes decidan asistir al Zócalo a divertirse.
La protesta se gesta concibiéndose como parte de un colectivo llamado México, reconociendo como fin el bien común, aquilatando el pasado y respetando las diferencias de opinión. A partir de ahí, cualquier movimiento social es imparable, sí, tal y como el que celebramos con el grito del día 15 de septiembre.

El simbolismo del inicio de la lucha de independencia va mucho más allá de quien ondea la bandera en el balcón de Palacio Nacional.

Festejemos, gritemos y cantemos, lo merecemos, nuestra historia lo merece. No polaricemos aún más la sociedad con descalificaciones a partir de campañas tendenciosas. 


Autor: Rubén Salazar Espino
rubsalazare@gmail.com
Twitter: @Ruben_Salazar

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