Las campañas que circulan en las redes sociales llamando a la sociedad
a no asistir al festejo del grito de independencia, son por demás desatinadas.
De acuerdo a quienes patrocinan la no asistencia al zócalo capitalino,
el objetivo de ello sería mostrar el repudio al presidente Peña Nieto. Sin
embargo, habría que aclararles que las festividades son precisamente eso,
fiestas. No son celebraciones para el presidente pues el grito de independencia
es una alegoría que traspasa las ideologías políticas.
Ciertamente el país atraviesa una tremenda crisis de seguridad y
económica, la credibilidad en las instituciones está por los suelos, siendo
esto en gran medida por la incompetencia del gobierno actual. Pero es
justamente por ello que es indispensable recobrar la identidad mexicana,
sentirnos parte de un pueblo que a diario se rompe la madre para salir adelante,
y revalorar a los personajes históricos que dieron sus vidas por un ideal.
No es válido intentar engañar aludiendo una supuesta “rebeldía civil”,
la protesta en contra del actuar presidencial no está en omitir el festejo
independentista, ni tampoco está en la descalificación de quienes decidan
asistir al Zócalo a divertirse.
La protesta se gesta concibiéndose como parte de un colectivo llamado
México, reconociendo como fin el bien común, aquilatando el pasado y respetando
las diferencias de opinión. A partir de ahí, cualquier movimiento social es
imparable, sí, tal y como el que celebramos con el grito del día 15 de
septiembre.
El simbolismo del inicio de la lucha de independencia va mucho más
allá de quien ondea la bandera en el balcón de Palacio Nacional.
Festejemos, gritemos y cantemos, lo merecemos, nuestra historia lo
merece. No polaricemos aún más la sociedad con descalificaciones a partir de
campañas tendenciosas.
Autor: Rubén Salazar Espino
rubsalazare@gmail.com
Twitter: @Ruben_Salazar

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