El asesinato de un joven, es una bofetada en el rostro hipócrita de la sociedad.
Las escaleras del puente peatonal parecen interminables, el agotamiento nocturno y la impaciencia por llegar al hogar, prolonga aun más el hastío de la monotonía regular.
Las luces de los automóviles que cruzan velozmente por debajo de él, le hacen pensar en las luciérnagas que gustaba contemplar en su niñez, allá en el rancho donde su padre era literalmente explotado por el cacique local.
Ya ha bajado del puente y la noche comienza a parecer más densa, más fría, más inhóspita.
Da la vuelta por la calle polvorienta que hoy, parece estar poco menos que desierta. Aprieta el paso al tiempo que cubre su nariz y boca con un pañuelo, para evitar que el repentino ventarrón le provoque tragar el polvo que mañosamente se levanta frente a él.
Mira el reloj y cae en cuenta que han pasado tres horas desde que terminó la llamada telefónica con su pequeña hija. Han transcurrido dos horas desde que la maquína compresora de la fábrica tuvo la avería que provocó el enojo del patrón. Y se ha cumplido una hora desde que introdujo su tarjeta de salida en el checador. Ensimismado en los recuerdos recientes, continúa su andar.
Las lámparas de la unidad habitacional ya se divisan. El deseo de una taza de café caliente, le da la fuerza necesaria para recorrer con mayor vigor la calle que le separa de su hogar.
Empieza a buscar la llave de la reja, que los vecinos y él decidieron colocar hace un mes, debido a los múltiples saqueos que habían sufrido varios de ellos.
Ha logrado encontrar el llavero y se dispone a abrir el enrejado. De pronto, un grito lo hace voltear a su costado y queda paralizado al darse cuenta que quien lo emite, es un joven bañado en sangre que corre desenfrenadamente hacia él. Sin lograr entender lo que el muchacho dice, se da cuenta que de un automóvil descienden tres o cuatro siluetas que se mueven rápida y coordinadamente.
Los primeros disparos lo ensordecen. Los siguientes lo horrorizan. El cuerpo del joven está a sus pies. Las siluetas han abordado el vehículo y como auténticos espectros, desaparecen en el anonimato que les proporciona la oscuridad nocturna y el terregal de la calle sin pavimentar.
Ahora que lo mira de cerca, se da cuenta que la persona que agoniza entre sus brazos tal vez no rebasa los 15 años. Lo ha recostado entre sus brazos, acerca su oído a la boca del chiquillo para escuchar lo que entre borbotones de sangre intenta expresar.
“¿y mi mamá?”, “ya no me pegues papá” son las últimas dos frases que articula el niño antes de morir.
Después de esta noche nada volverá a ser igual. La impotencia, la rabia y el miedo se ha apoderado de su ser. Las lágrimas, la sangre, y la voz entrecortada de aquel jovencito, lo acompañará el resto de su vida. Las preguntas sin respuesta y la desesperación ante la incongruencia que conlleva la muerte de quien representa el futuro del país, estremecerán su entendimiento por siempre.
Hasta la próxima.
Autor: Rubén Salazar
rubsalazare@gmail.com
Twitter: @Ruben_Salazar
"Mientras la tierra siga girando, seguiré caminando. Mientras el sol siga alumbrando, seguiré observando. Mientras la luna siga naciendo, yo seguiré soñando"
Rubén Salazar
Desde los tiempos más tensos de la guerra fría, el mundo no vivía las horas de zozobra que hoy en día pulsan debido al terremoto en Japón y la guerra civil en Libia. La tragedia que desencadenó el terremoto de 9 grados en la escala de Richter, así como el subsecuente maremoto en las costas Japonesas han dejado mucho más que destrucción y muerte. Pues más allá de la sincera y apreciable solidaridad moral que todo ser humano siente por los habitantes de esa región del mundo, se percibe la preocupación de una catástrofe mundial, por los efectos contaminantes que podrían provocar los severos daños a su infraestructura nuclear. Añadido a esto, se encuentra la caída en los mercados bursátiles asiáticos, de los cuales, depende en forma importante la estabilidad económica internacional. En pocas palabras, el terrible movimiento telúrico ha cimbrado (y continúa haciéndolo), al mundo entero.
Por su parte, el conflicto armado en Libia, se acerca cada día más a una conflagración en la que los países occidentales deberán de jugar un papel preponderante. El dictador Muamar el Gadafi, ha impactado con toda su fuerza militar a los insurrectos que exigen su salida del poder, el cual ostenta desde hace poco más de 40 años. Las violaciones a los derechos humanos, y el desprecio por las leyes internacionales, siguen siendo el pan de cada día en el país africano.
Independientemente de las causas tan disímbolas que han llevado a estos dos países a ser el centro de las miradas del mundo, es importante considerar que las repercusiones globales pueden tener una asociación verdaderamente peligrosa.
¿De qué forma se entrelazan la catástrofe Japonesa y las hostilidades en Libia? En primer lugar podríamos mencionar la crisis energética. Libia es uno de los principales productores de petróleo a nivel mundial, desde el inicio de las protestas en contra del régimen de Gadafi la escasez del energético se hizo presente y en consecuencia la elevación de su precio. De continuar el conflicto armado, y en su caso extenderse con una eventual intervención militar de naciones miembros de la OTAN, la problemática petrolera se acentuaría aun más.
En el caso de Japón, la fuerza de su explotación en lo referente a la energía nuclear, lo ha llevado a posicionarse como el tercer país del rating mundial en esa materia. Sin embargo, a raíz de los problemas suscitados en sus plantas de producción atómica, la capacidad de generación energética para su consumo interno ha disminuido de forma significativa. A su vez, una gran parte de países que cuentan con industria nuclear, han decidido revisar el costo beneficio de la misma y en algunos casos, tendrán que buscar procedimientos alternativos para cumplir con las necesidades de producción y demanda.
En segundo término, podemos referirnos a la parte financiera que indudablemente va ligada a la energética. Japón es la tercera potencia económica a nivel mundial, soporte y punta de lanza de la riqueza asiática y uno de los principales países productores de tecnología.
Libia, miembro prominente de Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP) y primer país africano en cuanto a producto interno bruto se refiere.
Las repercusiones que puede tener la debacle económica en ambos casos podría derrumbar (ya empieza a suceder) los mercados internacionales y en consecuencia una nueva crisis económica con secuelas de pronostico reservado.
También debemos destacar los daños ecológicos que se empiezan a originar por las fugas radioactivas en el país asiático al igual que la amenaza de Gadafi de incendiar pozos petroleros en caso de que se presente una intervención extranjera en Libia. Lo cual, provocaría perjuicios incalculables en el medio ambiente.
Por todo lo anterior, no es gratuito que los gobiernos y medios de comunicación de todo el orbe se mantengan en alerta máxima dando seguimiento puntual a lo que ocurre segundo a segundo en estas dos naciones.
No cabe duda que la humanidad se encuentra en uno de los momentos más complicados de su historia. Y lo que sobrevenga, seguramente hará cambiar el orden mundial una vez más.
Hasta la próxima.
Autor: Rubén Salazar
rubsalazare@gmail.com
@Ruben_Salazar
En la conmemoración de los atentados terroristas en Madrid España.Una mañana como cualquier otra, los sonidos de la ciudad despertando lentamente, el aroma del café árabe acompañando la mirada un tanto indiferente, a los carteles con las fotos de los candidatos a la presidencia, que sobresalen colgando de los postes del alumbrado público, que a su vez han dejado de iluminar para dar paso al astro rey que asoma tímidamente cubriéndose por momentos de nubes grisáceas, como si fingiera no estar ahí, como si no quisiera mirar. En la radio, el noticiario matutino sugiere las vías alternas para evitar el tráfico provocado por la volcadura de un camión repartidor de leche, el locutor amenaza con una mesa de análisis con mira a las elecciones del domingo y da la hora recomendando apresurar el paso con voz pausada, lenta como si con esto pudiera detener el tiempo, como si las manecillas del reloj lucharan por no llegar a la hora señalada ya por el destino implacable. Son las 7:30 a. m.
El murmullo se hace más fuerte al penetrar los andenes de la estación de tren, abarrotada por cientos de mujeres que esperan ya el final de la jornada laboral aun no iniciada, para abrazar a sus hijos que han tenido que dejar en casa y llevar algunas pesetas con el firme propósito de conseguir un mejor estilo de vida. Hombres maduros, cansados, como automatizados, apenas si se atreven a leer la sección deportiva del diario que presenta una exclusiva con el goleador del Madrid, Raúl González, “el orgullo español” encabeza la entrevista. La vitalidad innata de los jóvenes se hace presente a la hora de acceder a los vagones, pues a pesar de los anárquicos tumultos lo hacen con una mochila a la espalda, mochilas que guardan las horas de desvelo intentando resolver los problemas matemáticos, el ensayo de la historia de la segunda guerra mundial, o el libro "El evangelio según Jesucristo” de José Saramago, lectura presente en las ultimas dos semanas para aprobar la clase de literatura, sin embargo no todas contienen libros y cuadernos armas de la inteligencia, de los sueños y de las metas por alcanzar, pues 13 de ellas guardan muerte, sangre, terror y llanto.
Son ya las 07:39 y uno de los trenes ha detenido su marcha en la estación de Atocha, la más grande de la ciudad al tiempo que otro de ellos esta por llegar a la misma. El sol, se ha cobijado con una gran nube al sentir el frió que le ha provocado el paso de los jinetes del Apocalipsis en su camino hacia Madrid. Los pajarillos, que acostumbran posarse en el techo de la estación, han volado sin rumbo como si el viento les previniera de la llegada ya inevitable de la muerte.
Han explotado 12 bombas en total, en 3 estaciones distintas, han explotado 12 bombas de odio, de incomprensión, de intolerancia, de brutalidad, 12 bombas que acabaron con el derecho a soñar, con la virtud de mirar sin rencor, con el deleite de amar y con la tranquilidad de existir en paz. El color de la sangre, el olor de la pólvora y el sabor de las cenizas terminaron no solo con la vida de aproximadamente 200 personas sino que también extinguieron la llama de la esperanza y la razón.
Nunca más el mundo volverá a mirarse igual, el nuevo orden mundial ha fallado, el gigante despertó con su vomito a los demonios y estos no dormirán hasta saciar su sed de sangre y venganza.
…Y ojala, el sol no deje de brillar.
Autor: Rubén Salazar
rubsalazare@gmail.com
@Ruben_Salazar
MILENIO DIARIO
Autonomía relativa
13 De Febrero De 2011
Amantes del exceso, es fácil encontrar entre sus fieles el caldo espeso del rencor. Es un club de elogios mutuos. En las apologías que han hecho de la periodista abunda la desmesura, que va desde el mensaje incendiario hasta la cursilería más ridícula.
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“El rumor es la precaución que toman los hechos antes de convertirse en verdad”, sentencia el coronel Carlos Eugenio Moori Koenig, en la novela Santa Evita de Tomás Eloy. La fuerza de los rumores ha cobrado mucha mayor repercusión con la revolución de las comunicaciones y las redes sociales. ¿Necesita el rumor contener un hecho, una prueba? No, simplemente que quien quiera creerlo lo haga y lo multiplique de acuerdo con sus posibilidades.
Comento lo anterior porque es claro que Carmen Aristegui sirvió de caja de repetición a los rumores que corrieron a cargo de Fernández Noroña y sus hordas. ¿Merecía que la corrieran? Eso lo sabrán los señores Vargas, que ya la han corrido dos veces, pero Carmen, por supuesto, se siente muy contenta. Ha encontrado nuevamente el rol de víctima. Orgullosa de su falsa herejía, se asume como la encarnación de la libertad y la personificación del periodismo. ¿A qué hora se convirtió Aristegui en Lady Noroña? No lo sabemos —y quizá nunca lo sabremos porque ella no acepta preguntas, solamente exige respuestas— pero es claro que pertenece a un grupo político que quiere, nada más y nada menos, que la Presidencia de la República. Tienen candidatos. Hacen emplazamientos, movilizan gente, cuentan con una eficiente red de insultos que pone contra la pared a quien no está acostumbrado a esas persecuciones.
Ha sido, sin duda, una periodista destacada, pero está lejos de ser lo que dicen sus aduladores. Amantes del exceso, es fácil encontrar entre sus fieles el caldo espeso del rencor. Es un club de elogios mutuos. En las apologías que han hecho de la periodista abunda la desmesura, que va desde el mensaje incendiario hasta la cursilería más ridícula. Pero también, y eso es innegable, son personas inteligentes, preparadas y decididas a que se haga lo que consideran justo, bueno y pertinente. Todo lo demás es lodo, corrupción, componenda oscura, negociación tramposa. Exigen la libertad de actuar y de pensar que le niegan a los demás. En cualquier momento se erigen en Comité de Salud Pública y deciden quién es limpio y puro y quién está manchado por ese fango que es ser distinto de ellos. Ya afilan su guillotina para 2012, por eso necesitan el micrófono, para anunciar a los condenados.
Quien quiera saber cómo funciona la industria del chantaje político en México, que lea el texto que leyó Carmen el miércoles pasado. Atrás de una correcta prosa, se esconde la amenaza, el señalamiento flamígero, el linchamiento público. Seguramente hecho a varias manos (se asoma la sombra de ese amo y señor de la traición que es Javier Corral), contiene frases efectistas, planteamientos desmedidos, burdas acusaciones y uno de los puntos favoritos de cualquier radical: el ultimátum.
Seguramente todos ellos aplaudirán el documental Presunto culpable, que se presentará en estos días. Y claro, se trata de un estupendo y demoledor trabajo en el que se expone el calvario que pasó Antonio Zúñiga ante la justicia mexicana para demostrar su inocencia. Nada más que ese mismo grupo, del que Carmen es una figura central, le niega a sus adversarios la posibilidad de la inocencia. Como las autoridades que le exigen en el documental a Toño demostrar que no es culpable, Carmen y sus prosélitos exigen pruebas al acusado y no al acusador. Qué paradoja.
Autor: Juan Ignacio Zavala
Twitter: juanizavala
juanignacio.zavala@milenio.com
Es indudable que el país se encuentra en un momento crucial, difícil, pero también de oportunidad. Sin embargo, la tolvanera que genera el rumor, el trascendido y la mentira; provoca que se oculten los temas de interés nacional y gracias a ello, las necesidades sociales quedan en un mísero segundo plano.
El debate nacional de hoy se centra en temas tan “importantes” como el propuesto por el diputado Fernández Noroña, quien asegura (sin probarlo) vía una manta expuesta en la tribuna de la cámara baja, que el presidente Calderón padece la enfermedad del alcoholismo.
Esto ha provocado todo tipo de reacciones en los medios de comunicación que han ocupado importantes espacios para editorializar sobre tal cuestión. Los usuarios de las redes sociales no se han quedado atrás y de igual forma, han expresado cualquier cantidad de opiniones al respecto. Induciendo a que sea uno de los temas principales en twitter y facebook.
Otro “gran tema”, es el de la periodista Carmen Aristegui, quien fuera despedida de la empresa de comunicación en donde laboraba, por no excusarse públicamente después de haber dado como buena la información que el diputado Noroña expandió.
Ahora y como lo han intentado en otras tantas ocasiones, los paladines de la libertad de expresión pretenden convertir a la periodista en mártir, perseguida política, heroína y hasta santa patrona de los “sin voz” como decía su compadre “el subcomandante Marcos”.
Por todo lo anterior, he llegado a la conclusión de que para una buena parte de la clase política, medios de comunicación y sociedad. No urge legislar en materia de seguridad y de educación. Así como en el ramo laboral, energético y económico.
No urge explorar alternativas políticas que logren llevar a los partidos a una verdadera representatividad popular.
No urge voltear hacía los más desprotegidos, niños explotados, migrantes violentados en sus más elementales derechos y campesinos indefensos ante cacicazgos.
No urge implementar métodos de aprendizaje de calidad en las escuelas.
No urge limpiar las corporaciones policiacas.
No urge exigir al poder judicial a ejecutar su función de manera pronta y expedita.
No, todo eso no importa.
Por supuesto que tampoco importan los 25 niños, entre ellos un recién nacido, que deambulaban de madrugada por las calles de Nuevo Laredo, Tamaulipas y cuyos padres, podrían haber sido secuestrados por alguna banda del crimen organizado.
No importa que la delincuencia organizada siga matando y envenado a niños y jóvenes.
No importa conocer a fondo la recién descubierta corrupción en Pemex.
No importa encontrar opciones laborales para los desempleados.
No, todo eso “vale madres”
Lo verdaderamente urgente, es saber si Felipe Calderón bebe mucho ron, vodka o tequila. Lo significativo es pararse en plena sesión legislativa e injuriar a quien venga en gana. Lo realmente importante es desgarrarse las vestiduras en pro de una comunicadora, que da como buena información sin sustento. Eso si que es urgente e importante.
Todo lo demás, puede esperar.
Hasta la próxima.
Autor: Rubén Salazar
rubsalazare@gmail.com
Twitter @Ruben_Salazar