
A: Guadalupe Suarez por todo su apoyo. ¡Mucho éxito!
La elección presidencial se siente cada vez más cercana. Y es que a poco menos de un año de su realización, los “destapes” de los precandidatos son parte de las notas principales en los medios de comunicación.
Al mismo tiempo, los analistas hacen predicciones revolviéndose entre decenas de encuestas y probables escenarios.
Por su parte, los partidos políticos se encuentran en plena planeación de estrategias y muy pronto entrarán en la etapa de deliberación interna para elegir a quien los represente.
Pero más allá de todos ellos, se encuentra el ciudadano. Sin duda alguna el actor más importante, pues en sus manos estará la decisión de otorgar a quien considere, la responsabilidad de dirigir al país durante 6 años. Y es ahí donde nos encontramos con una situación que considero sumamente preocupante. El deterioro en la imagen que tienen los partidos políticos (que en la mayoría de los casos ha sido ganada a pulso) así como la casi nula interacción con la sociedad por parte de los mismos, pueden provocar un enorme abstencionismo que conlleve una sensación de falta de representatividad gubernamental legítima.
Para darnos cuenta que las cosas no andan nada bien, sólo basta echar un vistazo al interior de los tres principales contendientes a la elección del 2012.
En el Partido Acción Nacional (PAN), podemos distinguir la ruptura del lazo que los unía con la sociedad y que en su momento, los llevo a ganar la presidencia de la republica en dos ocasiones.
Desafortunadamente para Acción Nacional, pareciera que con la llegada de Felipe Calderón a los pinos, se acabaron los liderazgos al interior del partido.
Muy atrás parecen haber quedado los tiempos en que figuras como Luis H. Álvarez, Clouthier, Fernández de Cevallos, Castillo Peraza, Fox y el propio presidente Calderón lograron hacer que el partido se posicionara en las preferencias de un amplio sector social, que vio en el proyecto panista la mejor opción para encabezar la alternancia en el país.
Al día de hoy, pareciera que toda la apuesta del panismo se encuentra en la imagen del presidente de la republica, lo cual sin duda refleja la falta de un personaje con el liderazgo y personalidad que tiene dentro del partido Felipe Calderón.
Al PAN le urge retomar la sensibilidad, le es imperante abrir foros de participación ciudadana, modernizar la estrategia de comunicación y sobre todo, una reestructura en sus cuadros.
En el Partido de la Revolución Democrática (PRD) la problemática es a mi parecer aun más compleja.
El caudillismo, las pugnas internas, la falta de una ideología única y la intolerancia de algunos de sus integrantes, han propiciado que gran parte del electorado vea al partido como un organismo sin pies ni cabeza.
Al igual que el PAN, no se distingue una dirigencia fuerte ni un personaje con el peso especifico que debe tener quien aspira a ser presidente de la republica.
Personalidades como Cuauhtémoc Cárdenas, Heberto Castillo, Ifigenia Martínez, Muñoz Ledo, Pablo Gómez y tantos otros que iniciaron un proyecto que en su momento fue exitoso, han quedado relegados en el mejor de los casos y despreciados en el peor de ellos.
La inconsistencia y la nula autocritica al interior, han dado al traste con lo que en 2006 el PRD consiguió en la figura de López Obrador.
Paradójicamente, así como hace cinco años Andrés Manuel fue la pieza clave para conseguir el voto de más de 14 millones de mexicanos, de esa misma forma ha sido el principal responsable de la abrupta caída en las preferencias de los mismos.
El panorama no es muy esperanzador, pues la intransigencia del grupo que encabeza Obrador no parece estar dispuesto a ceder en sus intereses.
A pesar de todo lo anterior y gracias a que aun cuenta con integrantes comprometidos con el propósito para el que fue fundado, el PRD tiene en sus manos la oportunidad de retomar el proyecto de izquierda que inició en 1988 con el nombre de Frente Democrático Nacional.
Por último tenemos al Partido Revolucionario Institucional (PRI), probablemente de los tres sea el partido que menos ha cambiado. Sigue teniendo una estructura completamente antidemocrática, sus bases son totalmente gremiales (sindicatos, organizaciones obreras y campesinas) su ideología continúa siendo la que enarbolaron desde su fundación en 1946 y que se cimienta en el populismo, la hegemonía partidista y en un sistema de presidencialismo omnipotente.
Vienen construyendo desde hace seis años la figura de quien seguramente será su candidato. Más al estilo de un cantante de “música pop” que al de un político, los priístas ven en Peña Nieto la reencarnación del absolutismo tricolor en México.
Siguen siendo reacios al cambio y a la modernización del sistema democrático, por lo que no se ve por donde pudiera abrirse una rendija para darle cabida a un compromiso social.
Por el bien de todos, esperemos que en estos pocos meses que restan para concluir el año, los partidos políticos lleven a cabo una reflexión sobre lo que verdaderamente necesita México.
Pues de no hacerlo, el país se nos puede ir de las manos.
Hasta la próxima…
Autor: Rubén Salazar
rubsalazare@gmail.com
Twitter: @Ruben_Salazar
PURA PENDEJADA AUNQUE TE CAGES LO MEJOR ES AMLO 2012 AMLO 2012 AMLO 2012 AMLO2012 AMLO 2012 AMLO 2012
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