Los criminales ya dieron un paso más en su escalada de terror. Y ¿el estado? Y ¿la sociedad? ¿Hasta cuándo daremos un paso adelante?
Después del brutal asesinato de 53 personas en el incendio provocado dentro de un casino en la ciudad de Monterrey. Se impone la reflexión sobre el quehacer de una sociedad que ha venido observando de manera por demás indiferente, la escalada de violencia que día a día se genera en el país.
Esta más que comprobada la falta de compromiso por parte de “la clase política”. Sabemos también, de las complicidades de las corporaciones policiacas con el crimen organizado y de la inoperancia del poder judicial. Lo único que no hemos sabido reconocer, es la responsabilidad que como ciudadanos tenemos ante lo que ocurre en México.
Es verdad que en el diseño de la estructura del sistema político mexicano, hay espacios mínimos para la participación social. Pero también debemos reconocer, que no hemos sabido demandar o crear la apertura de canales de comunicación, ni de foros de expresión en donde se haga escuchar nuestra voz. En lo general, nos damos por bien servidos cuando se nos toma en cuenta para sufragar y nos hacemos a la idea de que el hacerlo, es nuestra única responsabilidad para con el país.
Por otra parte, experimentamos una creciente falta de valores grupales lo cual nos ha llevado a convertirnos en seres sumamente individualistas. Dicho individualismo se ha proyectado de manera dramática en la parte más importante que tiene una sociedad, la familia.
Si bien es cierto que dentro de nuestra historia tenemos múltiples ejemplos de protagonismos exacerbados, de traiciones, de personalidades egocéntricas y envidias al por mayor. No obstante todo eso, existía un blindaje muy grueso que no permitía que lo anterior penetrara el nucleó familiar.
Hoy en día podemos darnos cuenta que una importante cifra de victimas y victimarios de la violencia criminal, son jóvenes. Muchachas y muchachos que tristemente han crecido dentro de familias disfuncionales, sin valores y que han sido literalmente empujados a la calle sin el menor respaldo. Muy atrás parecen haber quedado los tiempos en donde nos vanagloriábamos de “la gran familia mexicana”.
Como sociedad nos hemos conformado con los contenidos que nos ofrecen los medios de comunicación masivos. Durante muchos años contribuimos a la generación de “subculturas”, les otorgamos títulos de “líderes de opinión” a los lectores de noticias, dándoles con ello la posesión de la verdad absoluta y consumimos sin empacho cualquier campaña de “pseudo-entretenimiento”.
Ya ni que decir de la comunicación social emanada desde los gobiernos. En su gran mayoría siguen utilizando la demagogia en sus mensajes al más puro estilo del PRI en los años 70´s. En gran medida es por ello, que las estrategias de comunicación han sido totalmente rebasadas por el impacto que tienen los actos del crimen organizado. Sin embargo, no podemos exculparnos en esta problemática, pues el arraigo histórico que tenemos hacia el morbo y la nota roja, nos ha llevado a priorizar el interés por el caos por encima del orden.
Definitivamente debemos aceptar nuestro compromiso para con el país. Tenemos la obligación de voltear a nuestro alrededor y reconocer que lo que vemos, es en gran parte lo que hemos construido.
Debemos dejar de esperar que los gobernantes solucionen la problemática de inseguridad, pues más allá de las buenas intenciones que algunos de ellos tienen, es evidente que no han sabido cumplir con sus tareas.
Distingamos y señalemos a los asesinos, a los violadores, a los ladrones, a los secuestradores y a los envenenadores de jóvenes. Al mismo tiempo, congratulemos a los soldados y policías, que se encuentran en la línea de fuego arriesgando su vida como verdaderos patriotas.
Trabajemos junto a ellos y desde nuestras trincheras, recobremos nuestras calles, nuestras ciudades, nuestro país.
No se trata de tomar un arma ni de violentar el ya de por si maltrecho entorno, esa no es nuestra función como sociedad. Se trata simplemente de comprometernos a ser mejores mexicanos.
Admitamos que nos hemos equivocado, que nuestra indiferencia ha provocado impunidad. Que sólo unidos podemos confrontar a quienes nos han robado la paz.
Es hora de quitarnos las vendas y cadenas. Es hora de actuar.
Hasta la próxima.
Autor: Rubén Salazar
rubsalazare@gmail.com
Twitter: @Ruben_Salazar
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