jueves, 25 de agosto de 2011

UN RECUERDO PARA PACO


Algún día nos volveremos a encontrar. Por lo pronto, buen viaje amigo mío.


Era imposible no advertir que la enfermedad había vulnerado notablemente su físico. Sin embargo, sus pasos lentos guardaban el recuerdo del baile en Avándaro al ritmo de "down the road", interpretada por la garganta de Alex Lora y sus Three Souls in my Mind.
Sus manos se expresaban por medio de un raro lenguaje mímico que hacían recordar a David Bowie o Iggy Pop en alguna conversación setentera.
Su voz seguía siendo fuerte y acompasada, las palabras le fluían de tal manera que era prácticamente imposible no interesarse en el relato de aquel campamento en la sierra de Oaxaca, o en la crónica del concierto de los Rolling Stones.
Sus ojos reflejaban el regocijo de quien ha logrado mirar lo mejor del ser humano, irradiaban el orgullo que en su momento le produjo descubrir por primera vez a su pequeña, la misma pequeña que al paso de los años, se convertiría en su motivación para continuar adelante en “the long and winding road”, tal y como él acostumbraba llamar a su vida inspirado en el título de una canción de los Beatles.

Acostumbrado a transgredir la adversidad, no sólo aprendió a convivir con sus demonios, sino que además, consiguió sentarlos a su alrededor. Ambientado con los acordes de “back in black” de AC/DC y al calor de una botella de vodka, logró convencerlos de dormir hasta que él lo considerara necesario.
Y es que su rebeldía ante el infortunio era prácticamente crónica. Alguna vez y mientras escuchábamos “Hush” de Deep Purple, confesó la alegría que le causaba despertar por la mañana mientras imaginaba que durante la noche anterior, la muerte había estado emborrachándose en algún bar de Tijuana. Inmediatamente después de la confesión, soltamos una gran carcajada que me dejó ver nuevamente al coleccionista de comics, mascaras y películas de superhéroes. Gracias a esa risa pude contemplar una vez más a ese niño que tan sigilosamente guardaba en su interior.

Paradójicamente y aun cuando tenía todos los motivos para desarrollar una intensa amargura, siempre estaba dispuesto a escuchar, opinar y aconsejar. Siempre tuvo tiempo para los amigos que como él mismo reconocía, eran pocos pero muy queridos. La disposición y capacidad para debatir sobre cualquier tema le complacía, siempre anteponiendo la humildad y el respeto como valores intocables en su acontecer diario.

Para conocerle sólo bastaba con echar un vistazo a las paredes de su casa. Decenas de pinturas, fotografías y detalles acumulados a lo largo del tiempo. Objetos decorativos que cobraban vida propia al ser representantes de algún momento significativo en su historia.

Infortunadamente, una noche la muerte decidió mantenerse sobria y por la mañana recordó que tenía que realizar un trabajo que había evadido desde hace mucho tiempo (Posiblemente para evitar hacerlo, es que “la parca” se emborrachaba todas las noches en algún bar maloliente del centro de Tijuana)
En ese amanecer, sonaron con más fuerza las vocales de Jagger y Joplin, las guitarras de Hendrix, Young y Blackmore, la batería de Bonham y el piano de McCartney.
Esa misma mañana, sus demonios internos despertaron por un momento sólo para volver a dormir por siempre.
En esa alborada, el guerrero partió mientras que a la distancia se distinguía el rasgueo de una guitarra acompañada de la melancólica voz de B. B. King.

A partir de ese momento, su leyenda inició el camino que recorrerá los senderos del destino. Tal y como lo hacen las eternas piedras rodantes.


Hasta la próxima.


Autor: Rubén Salazar
rubsalazare@gmail.com
Twitter: @Ruben_Salazar

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