jueves, 18 de octubre de 2012

RECORDÁNDOTE



En recuerdo de la maravillosa mujer que fue mi mamá:

Tu sola presencia lograba ahuyentar los monstruos emanados de mi mente infantil cuando la fiebre provocada por algún virus me tumbaba en cama.

Tus manos tomando las mías eran suficientes para orientarme y sostenerme en cualquier camino por más sinuoso y difícil de andar que este fuera.

Tu incomparable mirada tenía la virtud de darme claridad en la oscuridad más densa y de endulzar las agrias épocas que la vida nos hace probar.

Tu desvelo por esperar mí llegada en aquellos tiempos de juergas juveniles los valoré por el simple hecho de saber que al cruzar la puerta tú estarías ahí.

Tu incondicional complicidad ante la rebeldía propia de quien ha sido educado para cuestionar y combatir, logró crear sólidos pilares para edificar un monumento de confianza.

Tu pertinaz enseñanza diaria para implantar la unión de quienes provenimos de tu sangre facilitó la convivencia entre disímbolos pensamientos.

Tu consejo estimuló la serenidad ante los inclementes ventarrones que el destino origina y disipó el polvo que amenazaba con cegarme en medio de los desiertos.

Tu colosal fortaleza hizo tangible la frase: “luchar contra la  adversidad”, teniendo como resultado una merecida y aplastante victoria a tu favor.

Tus lágrimas, tus sonrisas, tus regaños, tus aplausos, tus orgullos, todo lo tuyo se caracterizó por ser invaluable, entrañable y autentico.

Hoy debo confesarte que te he soñado e imaginado a mi lado, que te he sentido y que te extraño. Pero estoy seguro que en todo momento ahí estás, extendiendo tu mano y mirándome con el enorme amor que siempre me profesaste, guiándome por los caminos y alejando con un beso en mi frente a los engendros que pretendan aterrorizarme.

¡Hasta siempre mamá!

 

Autor:Rubén Salazar Espino

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